Columna LN
¿Es Milei un populista de derecha?
La calificación se ha convertido en un insulto y el término populismo -de un signo o de otro- ha perdido su sentido en la Argentina
8 de mayo de 2024

De tan gelatinoso y vapuleado, el término populismo –de izquierda o de derecha– ha perdido su sentido en la Argentina. Ya no es un sistema político. No es un modo disfuncional de concebir la economía. Tampoco un sistema de creencias culturales. No se trata de un gran debate dentro de la ciencia política, como en verdad sucede. El término populismo se convirtió en un insulto.
Populismo es una palabra en disputa dentro de la academia, pero, además, en la Argentina se usa –igual que la categoría de “neoliberal”– como un arma arrojadiza dentro de la batalla cultural. Como decía, con elegancia, el gran Guillermo O’Donnell: corremos el riesgo de llamar populismo a todo lo que no nos gusta. Y si no le puedo poner populismo, le pongo “neopopulismo”. O neoliberalismo.
La mecha la encendió ahora el economista alemán Philipp Bagus, referente de la escuela austríaca, la incubadora intelectual de Javier Milei, cuando calificó al presidente argentino como un “populista de derecha”, pero no en el sentido que le dan los analistas locales, sino como un atributo positivo.
Un populista de derecha, afirma Bagus, es aquel que defiende los intereses de la población por sobre los de la casta. Y se encargó, además, de explicar muy bien que, al hablar de populismo, está haciendo referencia a un sistema que defiende los intereses de la población en contra del establishment. “Están los intereses de los argentinos de bien y los de la casta”, detalló el alemán, en apoyo al sendero económico elegido por Milei.
Y es ahí donde entramos en el berenjenal del debate. Una primera aproximación: las formas que asume el populismo en América Latina, como bien lo describe el italiano Loris Zanatta, son muy diferentes del modo en que el mismo sistema se despliega en Europa. Como sucede con las comidas, la cultura de un país le adosa condimentos autóctonos, que le otorgan características específicas. Lo que está haciendo Milei en términos económicos sobre la Argentina corporativa modelada por casi 80 años de peronismo no se parece a Trump, ni a Bolsonaro, ni a Giorgia Meloni. Mucho menos a Marine Le Pen.
Cristóbal Rovira es un reconocido politólogo chileno que, en sus trabajos, se pregunta: ¿el populismo es una amenaza o un correctivo para la democracia? El chileno afirma que esa respuesta depende del contexto político. Como se ve, las clasificaciones no son ni tan automáticas ni tan sencillas. Las categorías políticas no pueden diagnosticarse como sucede con el DSM de la psiquiatría porque, como propone Rovira, el contexto y la historia de un país lo condicionan todo.
Chile, por caso, es un país donde jamás prendió el populismo. Lo mismo podríamos decir de Uruguay. Así, quienes en su momento trazaban un paralelismo entre Michelle Bachelet y Cristina Kirchner le erraban feo. Allí donde del otro lado de la Cordillera había una lideresa de centroizquierda –una socialdemócrata– aquí había una reina populista. Dos mundos completamente diferentes.
Rovira explica que democracia es liberalismo y representación: el liberalismo defiende los derechos de las minorías y la representación defiende el poder de la mayoría. Cuando la democracia se oligarquiza, es decir que se pone mucho liberalismo y poca representación, entonces el populismo la democratiza nuevamente. La oligarquización de la democracia es lo que denunciaron Podemos en España y Milei en la Argentina: la casta. Ocurre cuando los políticos de los diferentes partidos impiden el ingreso de nuevos actores y la emergencia de políticas públicas alternativas. Para bien o para mal, Milei no solo introduce una nueva narrativa política, alternativa a la “casta”, sino que populariza conceptos económicos de la escuela austríaca, que no formaban parte del lenguaje de nuestros economistas de cabecera. A eso se refiere Bagus cuando habla positivamente de populismo, en el caso de Milei.
Incluso Zanatta, un pensador de sensibilidad liberal, afirma que “un poco de populismo está bien”. ¿Por qué? Lo explica: “Siempre hay una tensión entre la representación y el liberalismo. Demasiado pueblo es populismo, pero si la soberanía del pueblo no cuenta nada, se transforma en tecnocracia”. La narrativa de Milei apunta a devolverles el poder a “los argentinos de bien”.
Con el kirchnerismo, nosotros conocimos el lado más oscuro del populismo: un autoritarismo con poca representación y casi nulos controles institucionales. Como dice Andrés Malamud de un modo más simple: un poco de populismo rompe los privilegios; el problema es cuando se le va la mano y rompe la democracia.
Por lo que se deja ver en apenas cuatro meses de gobierno, Milei parece, más bien, un liberal en lo económico y un líder con rasgos populistas en el plano político y cultural. ¿De derecha o de izquierda? Tal vez en la Argentina, justamente por su contexto, derecha o izquierda no expliquen demasiado. En cambio, si hablamos de gobiernos peronistas o no peronistas, todos comprendemos bien de qué se trata.
Columna LN
La herida que no sana: el uso político del golpe del 76
La noche más oscura no empezó con el golpe del 76, sino mucho antes. Esta fue una frase, una idea repetida hasta el cansancio, que circuló por las redes sociales, alimentada probablemente por la batalla cultural que llevó a Javier Milei al poder. La idea de la memoria completa. En una palabra, hacer visibles a los muertos que el peronismo quiso esconder, por el accionar tenebroso de la Triple A, y a los de la guerrilla, romantizados por el kirchnerismo.
Ese razonamiento, una bandera que, sobre todo, enarboló Victoria Villarruel en su propia batalla cultural, es real y se puede medir. Entre 1973 y 1976, Montoneros, el ERP y otros grupos terroristas asesinaron a 1094 personas, secuestraron a 756 y detonaron 4380 bombas. Un cuadro aterrador que explica el 76, pero que de ningún modo lo justifica. Habría que subrayarlo mil veces: explica, no justifica. Ninguna atrocidad previa puede justificar al terrorismo de Estado: una idea que parece orbitar, sin decirla del todo, al mundo cultural mileísta.
Un párrafo aparte para la herida económica que le asestó el accionar guerrillero a la Argentina. En los 70, teníamos un 6% de pobreza, un país integrado, una escuela pública que era ejemplo en América Latina y una clase media pujante que, si se ajustaba un poco el cinturón, podía comprar el primer auto en un año. A partir del 76, ese país se rompió.
Para tener una idea de lo que hemos perdido, digamos que la imponente Dubái, la Miami opulenta de Medio Oriente, hoy asediada por la guerra, fue construida en apenas 30 años. Los mismos años en los que nosotros nos dedicamos a destruir a un país que hoy tiene la mitad de su gente sobreviviendo en la pobreza. Las guerrillas, y luego la dictadura, fueron criminales en todos los sentidos imaginables. Mirada así, la Argentina duele.
Tiempo atrás, Fernando Vaca Narvaja, uno de los popes de la cúpula montonera, fue consultado por esta contradicción en una entrevista muy complaciente. ¿Iniciar una guerrilla en un país con un 6% de pobreza y pujante? Lejos de arrepentirse, Vaca Narvaja no solo la canchereó, sino que se vanaglorió de los asesinatos. No queríamos la democracia burguesa, sino la revolución socialista, afirmó entonces. El modelo era Cuba, una dictadura que ya lleva 67 años, con presos políticos, cercenamiento de la prensa, expulsión de la disidencia y que hoy vive una emergencia humanitaria.
No es una novedad hacer política con la historia. Volvió a suceder con La Cámpora y Cristina Kirchner el último 24 de marzo. La consigna de los hijos políticos de la expresidenta condenada –grandecitos, ya, bordeando los 50– fue “Cristina libre”. El kirchnerismo, como fuerza política psicopática, se ha dedicado siempre a confundir y a enfrentar a unos con otros. Un truco desgastado, pero vigente.
Mayra Mendoza, alter ego de la jefa, llegó a decir que la expresidenta había sido “secuestrada y torturada” por la Justicia, aludiendo a su condena. En una palabra, comparó el encierro domiciliario con la picana. Más que un fenómeno político, La Cámpora es y ha sido un fenómeno psiquiátrico.
El último 24 de marzo, un grupo de intelectuales y artistas kirchneristas comparó a Milei con la dictadura, lo mismo que habían hecho con Macri. Hablamos de intelectuales argentinos que, se supone, deberían dedicarse a reflexionar sobre el país. A ser profundos, a ir más allá de la hiperideologización. Milei ganó las últimas elecciones con el 40% de los votos.
Incluso, a pesar de los escándalos y la malaria económica, está mejor ponderado que Macri y Cristina en el mismo período. ¿Deberíamos llamar fascistas al 40% de los argentinos que lo votaron? Y, más aún, ¿por qué lo votaron? A pesar de todas las hipótesis, esa respuesta sigue siendo un misterio. Pero un misterio que vale la pena explorar seriamente, antes de hacer comparaciones forzadas y banales en las que ya nadie cree.
Las palabras tampoco son inocentes y forman parte de la batalla cultural. Con mucha lucidez, María Eugenia Estenssoro escribió una nota conmovedora sobre Ignacio Montoya Carlotto, el nieto recuperado de la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo. Nada menos.
En la pared de estudio donde trabaja, Ignacio colocó las fotos de sus dos abuelas, Estela Carlotto y Hortensia Ardura. Y la de sus padres del corazón, una pareja de peones de campo, ajena a los avatares de aquellos años, y a quienes él llama “mis viejos”. Otros los siguen llamando “apropiadores”.
Cuando la Argentina pueda integrar todas sus partes, en lugar de dividirlas, tal vez entonces puedan empezar a sanar tantas heridas. Heridas que, a 50 años del golpe, aún no tienen sosiego.
Columna LN
Una nueva relación con la Justicia, el triunfo definitivo de Karina
Ahora las cosas están más que claras. Milei laudó finalmente a favor de su hermana Karina, que logró imponer como nuevo ministro de Justicia a Juan Bautista Mahiques, pero sobre todo a su segundo, Santiago Viola: un portal directo a la designación de jueces y a un cambio radical en relación con la Justicia, que hasta ahora manejaba Santiago Caputo. Al joven Caputo le sacaron a su principal alfil: Sebastián Amerio. Jaque mate de Karina. Golpe mortal para “Santi”. Múltiples significados.
Lo más curioso es que detrás de este cambio fundamental en el juego del poder mileísta y por encima de la designación de un exponente de la familia judicial, como son los Mahiques (padre e hijos), se esconde un puñado de nombres, hilos y conexiones que revelan al verdadero poder permanente de la Argentina. Operadores que, sea quien fuere el poder político de turno, siempre influyen en las decisiones sensibles. Se habla poco de esto. Como decía un relevante dirigente del peronismo observando estos cambios: Milei es una tierra virgen para el “entrismo”. Es decir, para que ese poder permanente penetre en los lugares claves.
Como escribía Michel Foucault: el poder es el efecto de conjunto de unas posiciones estratégicas. A eso se dedica el racimo de nombres del poder permanente. Y la Justicia es un coto siempre codiciado por estos jugadores, que pelean en la superficie, pero se reparten los negocios en el backstage de la escena.
Detrás de la designación del nuevo ministro está Daniel Angelici, el jugador todoterreno que vascula entre los bingos y la Justicia. Radical, juega en tándem, sin embargo, con Juan Manuel Olmos, el hombre fuerte del peronismo en la ciudad: entre ambos manejan todo o casi todo en un territorio cuyo presupuesto para 2026 es de 10.000 millones de dólares. También desde ese lugar se entiende el interés de Karina por impulsar a su “pollo” Manuel Adorni como jefe porteño, en detrimento de Patricia Bullrich, que aspira al mismo lugar. Entre Karina y Patricia asoma una puja sorda, celos políticos que aún no salieron del todo a la superficie, pero que prometen escalar.
Desde que se liberó de Macri, Patricia parece más desacartonada, suelta, sólida. Empoderada. Habla y se mueve con perfil presidenciable. Un protagonismo que a Karina le empieza a molestar.
En el momento que haya que definir la sucesión en la ciudad, no hay ninguna duda de que el poder permanente se va a volcar en favor de Adorni. Patricia es percibida como una outsider en el mundo mileísta, y menos manejable. Algo parecido a lo que sucedía con Gabriela Michetti cuando aspiraba al sillón porteño y Macri terminó apoyando a Rodríguez Larreta.
Lo cierto es que Angelici logró llegar a Karina, por esto del “entrismo” del que hablábamos renglones arriba. ¿Cómo lo hizo? A través de un matrimonio muy potente al lado de la hermana del Presidente: la referente porteña de LLA Pilar Ramírez y su esposo, Darío Wasserman, un importante desarrollador inmobiliario de la ciudad.
El cumpleaños del Tano Angelici –que nació en un barrio pobre del sur de la ciudad, pero que siempre soñó con ser rico y lo logró– siempre es imponente. Ostentoso en todos los sentidos, como aquellos que la remaron bien de abajo, con buenas o malas artes, y que finalmente llegaron. Él lo siente así. En ese festejo suele reunirse el poder permanente. En el último brindis estaban todos, incluido el matrimonio Wasserman. De ellos a Karina, hay un solo paso. Pilar viene de una larga militancia en el peronismo y, luego, en el kirchnerismo, por esto de estar siempre al lado de los que definen.
Pareciera que Jorge Macri no tuviera nada que ver con este juego, pero sí. Fue el jefe porteño quien le presentó a Mauricio al Tano, que devino su operador en las sombras en el mundo judicial.
Vamos ahora al segundo de Juan Bautista Mahiques, tal vez el más importante: Santiago Viola. Abogado penalista de estrecha confianza de Karina, el viceministro será la puerta de entrada hacia la nominación de jueces nacionales y federales. Un resorte, el judicial, que Milei aún no ha llegado a conquistar.
Viola tiene antecedentes controversiales: defendió a los hijos de Lázaro Báez en expedientes por lavado de dinero que fueron emblema de la corrupción kirchnerista y fue defensor de Norma Berta Radice, hermana de un represor, en una causa vinculada a maniobras de apropiación de bienes de desaparecidos de la ex-ESMA.
En declaraciones recientes, Bullrich destacó como un valor de la gestión de su jefe outsider que no le haya interesado tener operadores judiciales para influir en la Justicia. Pero ayer todo eso cambió. Game over.
Columna LN
Las aventuras de “Pichichi”, el hombre del poder permanente
Era el verano de 1997 y habían pasado, apenas, unos días desde el asesinato de José Luis Cabezas, a manos de sicarios que respondían a Alfredo Yabrán. Carlos Menem llamó a una conferencia de prensa. En aquel momento, los presidentes aún hacían esas rarezas. Los periodistas convocados, todos, pensamos naturalmente que hablaría de un crimen que, en democracia, recordaba a los momentos más oscuros de la dictadura.
Menem arrancó anunciando que tenía preparada una sorpresa. Los periodistas convocados allí pensamos que aportaría información relevante sobre el asesinato que atravesaba a la Argentina. Pero no. Menem había llamado a la prensa para anunciar, de un modo rimbombante, que la lista de los diputados nacionales para la ciudad de Buenos Aires sería encabezada por una estrella del deporte. Mantuvo el misterio unos minutos hasta que, por fin, lo reveló: la estrella deportiva era nada menos que Daniel Scioli.
El ocho veces campeón mundial había decidido incorporarse al PJ, en esa mezcla de farándula y política que el menemismo convirtió en su marca de identidad. Así empezó “Pichichi” su carrera en el poder, siempre con fe y con esperanza, pero sobre todo con una capacidad increíble para “panquequear” sin parpadear. Y sin consecuencias visibles. Todavía. “Pichichi” es un apodo que se ganó en el mundo del deporte.
Después de Menem, que lo inventó como político, pasó sin escalas a un sesgo ideológico completamente contrario: Néstor, Cristina, Alberto. Y, en otra pirueta sin argumentación ideológica, recaló como funcionario de Milei.
Raro en “Pichichi”, que siempre –hay que decirlo– estuvo presente con su rostro de amianto en todas las tragedias. Sin embargo, esta vez y mientras ardía la Patagonia, Scioli, que es secretario de Ambiente, estaba de fiesta en Mar del Plata para asistir, entre otros eventos, al show de Milei y Fátima Florez. Como destacó ayer en X el dirigente de la Coalición Cívica Maximiliano Ferraro: “230.000 hectáreas de patrimonio natural en llamas. Once veces la ciudad de Buenos Aires. Flora, fauna, biodiversidad, suelos y ecosistemas arrasados. ¿Y el Presidente?”, se preguntaba esta semana uno de los “lilitos”, denunciantes de la mansión de Pilar, que se le atribuye al enigmático Pablo Toviggino y que es investigada por lavado de dinero. ¿Y Scioli?
Scioli enfrentó este lunes las cámaras de LN+ en un episodio tan insólito que se convirtió en meme. Sucedió cuando esta cronista le consultó su opinión sobre el escándalo del AFAgate. Entonces, “Pichichi” dibujó una respuesta confusa alegando que él ya había fijado su posición. Pero ¿cuál es esa posición?, repreguntamos. Scioli volvió a sarasear. Pero ¿qué piensa de Chiqui Tapia, en concreto? Fue ahí cuando tiró el micrófono y huyó de la nota con un escueto: “Perdón, me tengo que ir a comer”. Algunos usuarios de las redes compararon el momento con el “me quiero ir” del exministro Lorenzino.
Scioli y Tapia tienen una larga relación que nació en el futsal y terminó de consolidarse en la Copa América de 2021, cuando el exmotonauta era embajador en Brasil. Detalle no menor: a cargo del futsal en la AFA estuvo Luciano Pantano (atenti aquí con el apellido), el monotributista que figura como uno de los dueños formales de la mansión de Pilar que, se supone, sería del tesorero de la AFA.
Más aún, algunos dirigentes de clubes que, por ahora, solo hablan off the record afirman que Scioli sería uno de los tripulantes de los helicópteros de Gustavo Carmona que viajaban regularmente a la casa de Villa Rosa para participar de fiestas y eventos. Decenas de vuelos cuyos pasajeros nunca fueron registrados, pero entre los que figurarían jueces y políticos de primer nivel. La mansión tiene un casino que, parece, era muy atractivo para la elite del poder.
El juez Aguinsky, al que le quitaron la causa de la mansión de Pilar para dársela a otro magistrado cercano a Sergio Massa, llegó a indagar a los pilotos de aquellos helicópteros, pero se topó con una amnesia temporal de los indagados. Uno afirmó que “no recordaba” a ningún pasajero. Otro dijo que no llevó a ningún pasajero porque los vuelos solo eran de “entrenamiento”.
La caja de Pandora que desató una copa de cotillón inventada por Tapia parece no tener fin, por más que los dueños del fútbol “aprieten” a periodistas y a jueces para quitarles causas. Como escribía García Márquez: en algún lugar, siempre, hay alguien que sabe la verdad. ¿“Pichichi” la sabrá?
-
Autores invitados3 años atrásLa increíble vida de Laura Di Marco: de la tragedia de la infancia que la marcó para siempre a formar pareja con un oyente
-
La trama del poder12 meses atrásElecciones en Buenos Aires: La batalla por la sucesión y el destino de las fuerzas políticas
-
Más noticias4 años atrásLaura Di Marco, sobre Javier Milei: “Tiene puntos de contacto con las biografías de Macri y Cristina”
-
La trama del poder3 años atrásLaura Di Marco: “Qué caro nos sale el peronismo”
-
Columna LN4 años atrásJavier Milei, los secretos del hombre del momento
-
La trama del poder3 años atrásMaría Belén Ludueña habló de su relación con Jorge Macri y la diferencia de edad
-
De ida y vuelta3 años atrásAlberto Ortiz: El geólogo que vaticina el fin del planeta en 80 años (si no hacemos nada)
-
Columna LN3 años atrásKirchner vs Kirchner. Una relación tormentosa que terminó en condena


