Columna LN
Sandra Pettovello. La soledad de una Ministra parada sobre un nido de víboras
12 de junio de 2024

PARA LA NACION
Ocurrió en 1993, durante un frío anochecer de agosto, durante la primera presidencia de Carlos Menem. El menemismo ya estaba atravesado por el lodazal de la corrupción, cuando Gustavo Beliz, entonces su ministro del Interior, decidió renunciar. Al final del día convocó a una sorpresiva conferencia de prensa y, para argumentar el portazo, dejó una frase que haría historia: “Estoy parado sobre un nido de víboras”. Treinta y un años más tarde, en una Argentina completamente diferente, a la ministra Sandra Pettovello aquella frase le calzaría justo.
En su caso las “víboras” no serían solo internas –estas son las más poderosas, sin duda–, sino también externas. Al margen de su idoneidad para la gestión –aún falta conocer muchos datos sobre el escándalo de los alimentos, que tocó el corazón del Gobierno–, es claro que Pettovello tocó intereses poderosos con sus denuncias. Peces gordos de la política, como los hermanos De la Torre, Pablo y Joaquín, que se mantienen extrañamente callados ante las graves denuncias por la opacidad en las contrataciones de personal externo para Capital Humano, a través de la OEI.
De la Torre era la mano derecha de Pettovello, ¿algún superior lo obligó a contratar personal externo a través de este organismo internacional, tal como él mismo desliza entre los íntimos? Es la pregunta del millón. Los hermanos De la Torre manejan resortes claves en el populoso conurbano.
La lista de enemigos externos de la ministra es infinita. Proveedores de alimentos que se hicieron millonarios con manejos turbios, sectores de la jerarquía eclesiástica, piqueteros, organizaciones sociales, empresarios corridos de los negocios. Para la cultura corporativa de la vieja política, Pettovello cometió el peor de los pecados: rompió la omertà al denunciar a un funcionario de su propio riñón.
Nada es gratis. Esta semana trataron de ingresar a su casa para amedrentarla. No fue la única. También ingresaron al palier y le rompieron la cerradura a otra de las abogadas de su equipo, Natalia Rey. A la misteriosa Leila Gianni, mano derecha de Pettovello, la llamaron fingiendo el secuestro de uno de sus cinco hijos. El abogado Ariel Romano, segundo de Gianni, también fue amenazado. Todo junto en la última semana. House of Cards, un poroto.
Esta semana, Milei volvió a defender a su ministra en el foro económico ExpoEfi, en la Rural. “El Ministerio de Capital Humano esta torpedeado por un conjunto de delincuentes, que son los que están moviendo la agenda. Y es claro que, cuando vos corrés a los delincuentes, los delincuentes van a patalear. La pregunta es, entonces: ¿de qué lado están? ¿Del lado de la ministra Pettovello, que se está peleando con todos los chorros, o del lado de los chorros? A veces, la Argentina es un país muy raro”, chicaneó. Queda claro que Pettovello es una mujer molesta para diversos factores de poder.
A la ministra de Capital Humano le salió una defensora creíble y prestigiosa, que no forma parte del Gobierno. Otra mujer, Paula Olivetto, quien junto con Lilita Carrió, cosecha una larga y sólida trayectoria de denuncias contra la matriz mafiosa que contamina transversalmente a la Argentina política. Esta semana ofreció una entrevista radial, rica por sus múltiples sentidos.
“¿Cómo no sentir empatía con Pettovello? –expuso Olivetto–. Es una mujer que está peleando contra un sistema muy corrupto. Eso, independiente de su gestión. Es decir, independientemente de si ella tiene o no la formación necesaria para el cargo que ocupa. Todo aparenta que es mujer muy honesta, muy valiente y que está peleando con los que se hicieron muy ricos en la Argentina jorobando a los pobres. La podredumbre es transversal y no es solo de la política, sino también de la Justicia y de los servicios de inteligencia”.
Sigue la diputada por la Coalición Cívica, una fuerza que, por lo demás, tiene fuertes diferencias con el mundo libertario: “Empatizo con ella porque parte de lo que le están haciendo también me lo hicieron a mí: hostigarte por televisión, amenazarte, inventar cosas, convertirte en un demonio y sentirte muy sola”.
Olivetto vaticinó que Pettovello debe estar “infiltrada por todos lados”. Advirtió que le preocupa la seguridad de los que denuncian. “No puede ser que amenacen a una ministra de la Nación y que todo el mundo esté indiferente”.
La Argentina política tiene una fuerte tradición, en la historia reciente, de dirigentes políticas que denuncian a las mafias, empezando por la propia Carrió. En ese contexto le preguntaron a Olivetto por la cultura machista de la sociedad argentina, incluso por parte de algunos medios de comunicación, que les hacen bullying a las mujeres denunciantes estigmatizándolas como “locas”, “emocionalmente inestables”, “gordas”, “desquiciadas”, “prostitutas”, “histéricas”. No solo les ocurrió a las políticas sino también a las esposas de los sospechosos de corrupción. Hay que preguntarle a Laura Muñoz, testigo clave en el caso Boudou. Su exmarido, Alejandro Vandenbroele, la quiso hacer pasar por “loca” desde el minuto cero, frente a sus denuncias.
Hay machismo y falta de valentía, dice Olivetto. “Si sos mujer y denunciás es más difícil porque tu familia te pregunta: ¿vale la pena? Yo también me pregunto si valió la pena, porque el sistema te gana siempre. Y ahí entran a jugar los servicios de inteligencia, que te hacen operaciones y te convierten en un monstruo”.
Los servicios de inteligencia siempre en el centro de la escena política. ¿Y quién los maneja hoy?
Cuando Nicolás Posse cayó en desgracia, luego de pelearse con Santiago Caputo, el control de la AFI recayó precisamente en el asesor estrella del Presidente. Un consultor que acumula cada vez más poder, con una particularidad: Milei lo ubicó por encima de todos los ministros, aunque sin firma ni responsabilidad.
Caputo ubicó como interventor de la AFI a Sergio Neiffert, un ignoto personaje, sin experiencia en el mundo del espionaje, que le responde directamente y que estaría ligado a él por lazos familiares. Sin embargo, en las líneas más técnicas de la inteligencia, sí están los que saben. En los últimos días se incorporó a la Secretaría de Estrategia Nacional a José Luis Vila, un exalfonsinista ligado al legendario Enrique “Coti” Nosiglia. ¿Hay negocios en el entorno presidencial que Pettovello arruinó? Sería interesante averiguarlo.
Las tensiones entre Pettovello y Caputo van en aumento. Para colmo de males, ahora entró otro jugador en las internas palaciegas: Guillermo Francos. No son pocos los que auguran que también habrá chisporroteos entre el nuevo jefe de Gabinete y el “Peaky Blinders” mileísta, como lo llaman a Caputo. Dos funcionarios relevantes del Gobierno aseguran que Caputo, quien jamás soñó con manejar tanto poder en tan poco tiempo, quiso imponerle funcionarios propios a Pettovello, pero ella los rechazó.
El asesor estrella de Milei no da entrevistas públicas, pero en Casa Rosada trabó vínculo con algunos periodistas acreditados. No los elige al azar. Sus interlocutores predilectos son aquellos que a él le parecen más vulnerables a sus operaciones políticas. No significa que lo sean: es como él los percibe. Los periodistas militantes K, por ejemplo, son sus interlocutores preferidos. Por esos canales, dicen en la Rosada, diseña sus tejemanejes.
Es verdad que Pettovello pensó en dejar el Gobierno porque, como relata Olivetto, no es fácil aguantar semejante presión y la mafia te gana siempre. ¿Ganará también esta vez? Es verdad, también, que Milei salió a bancar infinidad de veces a su amiga, aunque Caputo parece estar por encima en el esquema mental presidencial. La hermana Karina es aliadísima del asesor estrella, aunque en este caso puntual también salió a ponderar a Pettovello. La moneda está en el aire.
Columna LN
La herida que no sana: el uso político del golpe del 76
La noche más oscura no empezó con el golpe del 76, sino mucho antes. Esta fue una frase, una idea repetida hasta el cansancio, que circuló por las redes sociales, alimentada probablemente por la batalla cultural que llevó a Javier Milei al poder. La idea de la memoria completa. En una palabra, hacer visibles a los muertos que el peronismo quiso esconder, por el accionar tenebroso de la Triple A, y a los de la guerrilla, romantizados por el kirchnerismo.
Ese razonamiento, una bandera que, sobre todo, enarboló Victoria Villarruel en su propia batalla cultural, es real y se puede medir. Entre 1973 y 1976, Montoneros, el ERP y otros grupos terroristas asesinaron a 1094 personas, secuestraron a 756 y detonaron 4380 bombas. Un cuadro aterrador que explica el 76, pero que de ningún modo lo justifica. Habría que subrayarlo mil veces: explica, no justifica. Ninguna atrocidad previa puede justificar al terrorismo de Estado: una idea que parece orbitar, sin decirla del todo, al mundo cultural mileísta.
Un párrafo aparte para la herida económica que le asestó el accionar guerrillero a la Argentina. En los 70, teníamos un 6% de pobreza, un país integrado, una escuela pública que era ejemplo en América Latina y una clase media pujante que, si se ajustaba un poco el cinturón, podía comprar el primer auto en un año. A partir del 76, ese país se rompió.
Para tener una idea de lo que hemos perdido, digamos que la imponente Dubái, la Miami opulenta de Medio Oriente, hoy asediada por la guerra, fue construida en apenas 30 años. Los mismos años en los que nosotros nos dedicamos a destruir a un país que hoy tiene la mitad de su gente sobreviviendo en la pobreza. Las guerrillas, y luego la dictadura, fueron criminales en todos los sentidos imaginables. Mirada así, la Argentina duele.
Tiempo atrás, Fernando Vaca Narvaja, uno de los popes de la cúpula montonera, fue consultado por esta contradicción en una entrevista muy complaciente. ¿Iniciar una guerrilla en un país con un 6% de pobreza y pujante? Lejos de arrepentirse, Vaca Narvaja no solo la canchereó, sino que se vanaglorió de los asesinatos. No queríamos la democracia burguesa, sino la revolución socialista, afirmó entonces. El modelo era Cuba, una dictadura que ya lleva 67 años, con presos políticos, cercenamiento de la prensa, expulsión de la disidencia y que hoy vive una emergencia humanitaria.
No es una novedad hacer política con la historia. Volvió a suceder con La Cámpora y Cristina Kirchner el último 24 de marzo. La consigna de los hijos políticos de la expresidenta condenada –grandecitos, ya, bordeando los 50– fue “Cristina libre”. El kirchnerismo, como fuerza política psicopática, se ha dedicado siempre a confundir y a enfrentar a unos con otros. Un truco desgastado, pero vigente.
Mayra Mendoza, alter ego de la jefa, llegó a decir que la expresidenta había sido “secuestrada y torturada” por la Justicia, aludiendo a su condena. En una palabra, comparó el encierro domiciliario con la picana. Más que un fenómeno político, La Cámpora es y ha sido un fenómeno psiquiátrico.
El último 24 de marzo, un grupo de intelectuales y artistas kirchneristas comparó a Milei con la dictadura, lo mismo que habían hecho con Macri. Hablamos de intelectuales argentinos que, se supone, deberían dedicarse a reflexionar sobre el país. A ser profundos, a ir más allá de la hiperideologización. Milei ganó las últimas elecciones con el 40% de los votos.
Incluso, a pesar de los escándalos y la malaria económica, está mejor ponderado que Macri y Cristina en el mismo período. ¿Deberíamos llamar fascistas al 40% de los argentinos que lo votaron? Y, más aún, ¿por qué lo votaron? A pesar de todas las hipótesis, esa respuesta sigue siendo un misterio. Pero un misterio que vale la pena explorar seriamente, antes de hacer comparaciones forzadas y banales en las que ya nadie cree.
Las palabras tampoco son inocentes y forman parte de la batalla cultural. Con mucha lucidez, María Eugenia Estenssoro escribió una nota conmovedora sobre Ignacio Montoya Carlotto, el nieto recuperado de la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo. Nada menos.
En la pared de estudio donde trabaja, Ignacio colocó las fotos de sus dos abuelas, Estela Carlotto y Hortensia Ardura. Y la de sus padres del corazón, una pareja de peones de campo, ajena a los avatares de aquellos años, y a quienes él llama “mis viejos”. Otros los siguen llamando “apropiadores”.
Cuando la Argentina pueda integrar todas sus partes, en lugar de dividirlas, tal vez entonces puedan empezar a sanar tantas heridas. Heridas que, a 50 años del golpe, aún no tienen sosiego.
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Una nueva relación con la Justicia, el triunfo definitivo de Karina
Ahora las cosas están más que claras. Milei laudó finalmente a favor de su hermana Karina, que logró imponer como nuevo ministro de Justicia a Juan Bautista Mahiques, pero sobre todo a su segundo, Santiago Viola: un portal directo a la designación de jueces y a un cambio radical en relación con la Justicia, que hasta ahora manejaba Santiago Caputo. Al joven Caputo le sacaron a su principal alfil: Sebastián Amerio. Jaque mate de Karina. Golpe mortal para “Santi”. Múltiples significados.
Lo más curioso es que detrás de este cambio fundamental en el juego del poder mileísta y por encima de la designación de un exponente de la familia judicial, como son los Mahiques (padre e hijos), se esconde un puñado de nombres, hilos y conexiones que revelan al verdadero poder permanente de la Argentina. Operadores que, sea quien fuere el poder político de turno, siempre influyen en las decisiones sensibles. Se habla poco de esto. Como decía un relevante dirigente del peronismo observando estos cambios: Milei es una tierra virgen para el “entrismo”. Es decir, para que ese poder permanente penetre en los lugares claves.
Como escribía Michel Foucault: el poder es el efecto de conjunto de unas posiciones estratégicas. A eso se dedica el racimo de nombres del poder permanente. Y la Justicia es un coto siempre codiciado por estos jugadores, que pelean en la superficie, pero se reparten los negocios en el backstage de la escena.
Detrás de la designación del nuevo ministro está Daniel Angelici, el jugador todoterreno que vascula entre los bingos y la Justicia. Radical, juega en tándem, sin embargo, con Juan Manuel Olmos, el hombre fuerte del peronismo en la ciudad: entre ambos manejan todo o casi todo en un territorio cuyo presupuesto para 2026 es de 10.000 millones de dólares. También desde ese lugar se entiende el interés de Karina por impulsar a su “pollo” Manuel Adorni como jefe porteño, en detrimento de Patricia Bullrich, que aspira al mismo lugar. Entre Karina y Patricia asoma una puja sorda, celos políticos que aún no salieron del todo a la superficie, pero que prometen escalar.
Desde que se liberó de Macri, Patricia parece más desacartonada, suelta, sólida. Empoderada. Habla y se mueve con perfil presidenciable. Un protagonismo que a Karina le empieza a molestar.
En el momento que haya que definir la sucesión en la ciudad, no hay ninguna duda de que el poder permanente se va a volcar en favor de Adorni. Patricia es percibida como una outsider en el mundo mileísta, y menos manejable. Algo parecido a lo que sucedía con Gabriela Michetti cuando aspiraba al sillón porteño y Macri terminó apoyando a Rodríguez Larreta.
Lo cierto es que Angelici logró llegar a Karina, por esto del “entrismo” del que hablábamos renglones arriba. ¿Cómo lo hizo? A través de un matrimonio muy potente al lado de la hermana del Presidente: la referente porteña de LLA Pilar Ramírez y su esposo, Darío Wasserman, un importante desarrollador inmobiliario de la ciudad.
El cumpleaños del Tano Angelici –que nació en un barrio pobre del sur de la ciudad, pero que siempre soñó con ser rico y lo logró– siempre es imponente. Ostentoso en todos los sentidos, como aquellos que la remaron bien de abajo, con buenas o malas artes, y que finalmente llegaron. Él lo siente así. En ese festejo suele reunirse el poder permanente. En el último brindis estaban todos, incluido el matrimonio Wasserman. De ellos a Karina, hay un solo paso. Pilar viene de una larga militancia en el peronismo y, luego, en el kirchnerismo, por esto de estar siempre al lado de los que definen.
Pareciera que Jorge Macri no tuviera nada que ver con este juego, pero sí. Fue el jefe porteño quien le presentó a Mauricio al Tano, que devino su operador en las sombras en el mundo judicial.
Vamos ahora al segundo de Juan Bautista Mahiques, tal vez el más importante: Santiago Viola. Abogado penalista de estrecha confianza de Karina, el viceministro será la puerta de entrada hacia la nominación de jueces nacionales y federales. Un resorte, el judicial, que Milei aún no ha llegado a conquistar.
Viola tiene antecedentes controversiales: defendió a los hijos de Lázaro Báez en expedientes por lavado de dinero que fueron emblema de la corrupción kirchnerista y fue defensor de Norma Berta Radice, hermana de un represor, en una causa vinculada a maniobras de apropiación de bienes de desaparecidos de la ex-ESMA.
En declaraciones recientes, Bullrich destacó como un valor de la gestión de su jefe outsider que no le haya interesado tener operadores judiciales para influir en la Justicia. Pero ayer todo eso cambió. Game over.
Columna LN
Las aventuras de “Pichichi”, el hombre del poder permanente
Era el verano de 1997 y habían pasado, apenas, unos días desde el asesinato de José Luis Cabezas, a manos de sicarios que respondían a Alfredo Yabrán. Carlos Menem llamó a una conferencia de prensa. En aquel momento, los presidentes aún hacían esas rarezas. Los periodistas convocados, todos, pensamos naturalmente que hablaría de un crimen que, en democracia, recordaba a los momentos más oscuros de la dictadura.
Menem arrancó anunciando que tenía preparada una sorpresa. Los periodistas convocados allí pensamos que aportaría información relevante sobre el asesinato que atravesaba a la Argentina. Pero no. Menem había llamado a la prensa para anunciar, de un modo rimbombante, que la lista de los diputados nacionales para la ciudad de Buenos Aires sería encabezada por una estrella del deporte. Mantuvo el misterio unos minutos hasta que, por fin, lo reveló: la estrella deportiva era nada menos que Daniel Scioli.
El ocho veces campeón mundial había decidido incorporarse al PJ, en esa mezcla de farándula y política que el menemismo convirtió en su marca de identidad. Así empezó “Pichichi” su carrera en el poder, siempre con fe y con esperanza, pero sobre todo con una capacidad increíble para “panquequear” sin parpadear. Y sin consecuencias visibles. Todavía. “Pichichi” es un apodo que se ganó en el mundo del deporte.
Después de Menem, que lo inventó como político, pasó sin escalas a un sesgo ideológico completamente contrario: Néstor, Cristina, Alberto. Y, en otra pirueta sin argumentación ideológica, recaló como funcionario de Milei.
Raro en “Pichichi”, que siempre –hay que decirlo– estuvo presente con su rostro de amianto en todas las tragedias. Sin embargo, esta vez y mientras ardía la Patagonia, Scioli, que es secretario de Ambiente, estaba de fiesta en Mar del Plata para asistir, entre otros eventos, al show de Milei y Fátima Florez. Como destacó ayer en X el dirigente de la Coalición Cívica Maximiliano Ferraro: “230.000 hectáreas de patrimonio natural en llamas. Once veces la ciudad de Buenos Aires. Flora, fauna, biodiversidad, suelos y ecosistemas arrasados. ¿Y el Presidente?”, se preguntaba esta semana uno de los “lilitos”, denunciantes de la mansión de Pilar, que se le atribuye al enigmático Pablo Toviggino y que es investigada por lavado de dinero. ¿Y Scioli?
Scioli enfrentó este lunes las cámaras de LN+ en un episodio tan insólito que se convirtió en meme. Sucedió cuando esta cronista le consultó su opinión sobre el escándalo del AFAgate. Entonces, “Pichichi” dibujó una respuesta confusa alegando que él ya había fijado su posición. Pero ¿cuál es esa posición?, repreguntamos. Scioli volvió a sarasear. Pero ¿qué piensa de Chiqui Tapia, en concreto? Fue ahí cuando tiró el micrófono y huyó de la nota con un escueto: “Perdón, me tengo que ir a comer”. Algunos usuarios de las redes compararon el momento con el “me quiero ir” del exministro Lorenzino.
Scioli y Tapia tienen una larga relación que nació en el futsal y terminó de consolidarse en la Copa América de 2021, cuando el exmotonauta era embajador en Brasil. Detalle no menor: a cargo del futsal en la AFA estuvo Luciano Pantano (atenti aquí con el apellido), el monotributista que figura como uno de los dueños formales de la mansión de Pilar que, se supone, sería del tesorero de la AFA.
Más aún, algunos dirigentes de clubes que, por ahora, solo hablan off the record afirman que Scioli sería uno de los tripulantes de los helicópteros de Gustavo Carmona que viajaban regularmente a la casa de Villa Rosa para participar de fiestas y eventos. Decenas de vuelos cuyos pasajeros nunca fueron registrados, pero entre los que figurarían jueces y políticos de primer nivel. La mansión tiene un casino que, parece, era muy atractivo para la elite del poder.
El juez Aguinsky, al que le quitaron la causa de la mansión de Pilar para dársela a otro magistrado cercano a Sergio Massa, llegó a indagar a los pilotos de aquellos helicópteros, pero se topó con una amnesia temporal de los indagados. Uno afirmó que “no recordaba” a ningún pasajero. Otro dijo que no llevó a ningún pasajero porque los vuelos solo eran de “entrenamiento”.
La caja de Pandora que desató una copa de cotillón inventada por Tapia parece no tener fin, por más que los dueños del fútbol “aprieten” a periodistas y a jueces para quitarles causas. Como escribía García Márquez: en algún lugar, siempre, hay alguien que sabe la verdad. ¿“Pichichi” la sabrá?
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