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Ritondo & Santilli: dos tipos audaces siempre cerca del poder

Esta semana, en su editorial radial, la periodista Nancy Pazos, exesposa de Diego Santilli, hizo un sugestivo comentario: “Soy analista política y voy a analizar la vida de la persona con la cual, alguna vez, compartí la cama. Ahora, sepan que primero soy madre. ¿Queda claro? Entonces, el debate se da en el terreno de la política. Que los otros (periodistas) vayan a investigar lo que quieran. Conmigo, no cuenten”.
Elípticamente –y no tanto–, Pazos se refería a las eventuales investigaciones sobre la integridad económica de su exmarido, cuestionada por el propio Milei en un tuit incendiario durante la campaña de 2023, en el que, entre otras maravillas, decía: “No hay nadie que no diga que es un corrupto”.
Pero llamativamente Pazos no salió en defensa del buen honor de Santilli, como podría esperarse. En cambio, justificó su silencio, amparada en el hecho obvio de que Santilli, que fue postulado como reemplazante de José Luis Espert, es el padre de sus hijos. A buen entendedor, pocas palabras.
Pero si exploramos con mayor profundidad aquel tuit de 2023, cuando Santilli se presentaba como un larretista de la primera hora y Milei decía lo que decía sobre él, contiene muchas claves. Por ejemplo, cuando en el mismo texto sostiene: “El tipo que dice abiertamente que vive de ‘sus negocios’ (SIC) y recibe sonrisas, no preguntas”. Y continuaba: “Este es el que los medios nos quieren vender como la alternativa para la provincia de Buenos Aires”.
Pero pasó el tiempo y “el Colorado” –el sobrenombre que le asigna la política– se ganó la confianza de “el Jefe”, la hermana del Presidente. Carismático, entrador, siempre intuitivo para saber por dónde entrar, acertó nuevamente con el password correcto hacia Las Fuerzas del Cielo. Como dicen algunos dirigentes que conocen bien de cerca su larga trayectoria: se metió dentro del universo libertario con el calculado discurso de un vendedor de autos usados.
Ni Milei ni Santiago Caputo lo querían al frente de la lista de diputados. “¿Cómo hago para que la gente crea que Santilli es Milei?”, deducía, con razón, el joven asesor presidencial. Cabe aclarar que “Santi” perdió influencia al lado del Presidente.
Con la baja de José Luis Espert, ahora la campaña libertaria efectivamente va a tener que hacerle creer a la gente que el Colorado es Milei. Una operación que parece, si no imposible, muy difícil. Sobre todo cuando el economista al que reemplazaría el Colorado se las daba de duro con los delincuentes, para los que pedía “cárcel o bala”, cuando en paralelo mantenía relaciones non sanctas con el acusaso de narco Fred Machado. La incoherencia en el máximo nivel.
Pero Santilli no está solo en la aventura del poder. Como Batman y Robin, comparte cartel con el inefable Cristian Ritondo, jefe de la bancada de diputados de Pro. Los amigos, que comparten generación, devinieron inseparables compañeros de peripecias desde los albores de la década del noventa. Y fueron, obviamente, los primeros en traicionar a Macri cuando la estrella de Milei estalló, fulgurante.
Santilli y Ritondo: los más menemistas en los noventa, los más macristas en los 2000. Los más mileístas desde el triunfo del libertario. Y, como frutilla de esta alocada carrera, Santilli mimetizado con Larreta cuando compitió en la interna por la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Cuando perdió poder, Larreta, ingenuo o despistado, confesó públicamente: “De pronto, mi teléfono dejó de sonar. Pensé que estaba roto”. El primero que lo dejó de llamar fue Santilli.
Santilli y Ritondo. Buenos muchachos, blindados y bendecidos durante décadas por “los privilegios de la casta”. Y, más que nada, viejos navegantes de su opacidad.
Mezclado entre la gente que pugnaba el último martes por ingresar al Movistar Arena, donde Milei estaba por presentar su libro y protagonizar un bochornoso espectáculo, Ritondo pontificó ante un cronista: “Cuando uno no termina de explicar bien, perjudica al conjunto”. La frase iba dirigida hacia Espert, pero bien podría aplicársela para él mismo.
A fines del año pasado, Ritondo fue denunciado en la Justicia Federal por enriquecimiento ilícito, ante la sospecha de que su esposa, Romina Aldana Diago, aparecía relacionada con sociedades offshore, dueñas de inmuebles en Miami. La investigación sobre el matrimonio fue publicada por el ElDiarioAr y el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP). La denuncia fue realizada por el abogado Luján Jeremías Rodríguez, cercano a Juntos por el Cambio.
Jeremías Rodríguez sostuvo en su cuenta de X: “Hay políticos que, además de corruptos, son cínicos”. Y agregó, lapidario: “Se muestran de una manera y hacen totalmente lo contrario. Durante mi participación en Juntos por el Cambio he visto hacer negociados a Ritondo y su gente con intendentes kirchneristas de todo tipo”.
El texto cerraba con una frase que no dejaba espacio para la duda. “Ojalá el PRO se lo saque de encima y tenga un renacer con gente nueva y honesta”. Mucho para explicar.
El fantasma de la narcopolítica recorre “la casta”, hoy paradójicamente metida hasta el cuello en el universo mileísta.
En agosto de 2020, Elisa Carrió denunció un supuesto sistema de impunidad en San Isidro, que involucraba a los entonces fiscales Julio Novo y Claudio Scapolan. “Lilita” señaló en ese entonces a Ritondo como supuesto “encubridor”. Más tarde, Scapolan fue destituido y Novo renunció. ¿La razón? Sus vínculos con el narco. Poco después de la explosiva denuncia de Carrió se sumó la de la jueza federal Sandra Arroyo Salgado, quien denunció en televisión que la apartaron de la causa en la que investigaba a Scapolan. Y también señaló al actual jefe de la bancada de Pro. Todo quedó en la nebulosa y Ritondo nunca dio explicaciones creíbles sobre aquel entramado.
Si hace tres meses a Milei no le entraba una bala, ahora parecen entrarle todas. Algo se rompió entre la sociedad y él. Como sucede en la vida, cuando algo empieza a ir mal, la catarata de maldiciones se precipita. La invulnerabilidad presidencial comenzó a corroerse con el affaire Spagnuolo. Pero el telón de fondo es una economía lastimada, en la que las clases media baja y baja (que se habían encandilado con el león) apenas llegan al día 12 del mes, tal como revelan los focus groups de Guillermo Oliveto, al frente de la consultora W.
Lucas Romero, director de Synopsis, acerca una idea interesante, que ratifica el enojo de gran parte de la sociedad con un outsider que, como demostró en el acto del Movistar Arena, parece haber perdido la conexión con la realidad.
Synopsis elaboró un sondeo inquietante: el 58% rechaza la figura presidencial, mientras que apenas un 36% la aprueba. La taba comienza a darse vuelta y entra a jugar el sesgo de confirmación.
¿Cómo funcionaría este sesgo de confirmación? El director de Synopsis explica que, cuando una parte de la sociedad empieza a experimentar sentimientos negativos hacia el gobierno de turno –como sucedía, por caso, hacia el final del gobierno de Alberto Fernández–, busca confirmar esa creencia. En una palabra, si antes no rendían las malas noticias sobre Milei, hoy los enojados buscan regocijarse con lo que previamente ya creen o sospechan: las miserias de Milei.
Pero ¿qué pasaría si, en este contexto, LLA hiciera una elección mediocre o, aún peor, la perdiera? La Argentina coquetearía con el precipicio, como tantas veces.
Claro que habría que ver cuánto pesa en este ajedrez el salvataje del amigo americano. No hay dudas de que a Milei le juega a favor. Mientras su gobierno tiembla, el Presidente se disfraza de rockstar. Como diría Lali Espósito: tu mayor fantasía es, algún día, ser yo.
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Influencers y charlatanes: la moda de “divorciarse” de los padres

De la desinformación en las redes a un acto antivacunas realizado, nada menos que en un anexo del Congreso de la Nación, organizado por una diputada nacional: Marilú Quiroz (Pro), que utilizó ese espacio institucional para demostrar, sin ningún sustento científico, los supuestos daños de la vacuna contra el Covid. Pero el delirio llegó al paroxismo cuando, en su alegato, Quiroz llevó a un hombre que afirmó sufrir “magnetización” como efecto de la vacuna que había recibido durante la pandemia.
Luego se supo que el supuesto imantado había estado en el programa de Mariana Fabbiani, mucho antes de la pandemia, haciendo el mismo sketch circense. Un show en el que los imanes venían a él como atractores irresistibles. La comunidad médica reaccionó con dureza frente al acto en el Congreso. Lo calificó de “circense” y “vergonzoso”, sobre todo para un país que enfrenta rebrotes de enfermedades prevenibles, por la baja en la tasa de vacunación.
Pero digamos todo: la “moda” antivacunas arrancó en las redes y está fuertemente arraigada en algunos sectores de la sociedad. Es común escuchar que, cuando alguien se enferma gravemente o fallece –sobre todo, si es joven– se lo atribuya, sin ninguna evidencia seria, a supuestas consecuencias de las vacunas contra un virus que mató a millones de personas en el mundo.
Pero si bien esta corriente que arrancó en las redes sociales y se popularizó es la más famosa, hay otras más subterráneas, podríamos decir que de nicho, aunque igualmente tóxicas. Se trata del “consejo”, o incluso la militancia, de algunos influencers, con miles de seguidores adolescentes o adultos jóvenes, que impulsan el “contacto cero” con los padres.
Esta moda “progresista” empezó a pergeñarse durante el encierro y se disparó una vez pasada la cuarentena: son muchos los terapeutas familiares que atienden estos casos, donde los hijos “bloquean” sin dar explicaciones –esto es lo más devastador– y los padres quedan destrozados por esa piña en la cara, que no entienden
Una “militancia” dañina que generó innumerables bloqueos en redes y WhatsApp de los hijos hacia los padres porque “la sangre no obliga”.
Es cierto que esa separación puede ser saludable, e incluso necesaria, en casos graves de abusos (sexuales, por ejemplo) o maltratos ultrajantes, pero el punto crucial es que estos consejeros espirituales no discriminan entre casos graves, muy graves y otros, probablemente la mayoría, que solo requieren un trabajo terapéutico serio de sanación y reparación de los lazos familiares.
Más aún, el “contacto cero” con los padres puede suceder, por caso, por una discusión menor, la grieta política, un malentendido o la imposición de límites. O por nada. Simplemente el distanciamiento se produce sin una charla previa, una explicación o un motivo visible.
La famosa locutora Marita Monteleone dio su testimonio en este sentido: explicó que su hija, una conocida periodista, la tenía bloqueada en el WhatsApp desde hacía un año y que ella ignoraba el motivo. Los casos se multiplican en las consultas de los terapeutas familiares. Un conocido periodista deportivo no ve a su hija, de 27 años, desde hace 14 meses. “Me rompió el corazón”, confiesa. Y sigue: cuando le pidió ayuda por un problema de salud, la chica simplemente respondió: “Te pasa por haberte ido de joda a España”.
Una contadora, conferencista en finanzas, transita la misma dolorosa situación. Hace dos años que su única hija la tiene bloqueada en todas las redes. ¿Por qué? No lo sabe. Simplemente un día quiso dejarle un mensaje y vio el WhasApp sin su foto. Mudo. Igual que el periodista deportivo, cuando tuvo un pico de presión, llamó por teléfono a su hija para que la acompañara a una guardia. La respuesta fue: “Tan mal no debes estar porque me estás llamando”.
Los militantes del “contacto cero” parental son muchos. Uno de ellos, que se presenta como terapeuta, admite en su Instagram, con miles de seguidores: “Sé que el contacto cero suena muy cruel y es muy impopular, cuando se lo aplica a los padres: si sos hijo o hija, decidís que vas a tomarte un descanso por tiempo indefinido. No es fácil para un hijo decidir que no querés a tus padres en tu vida. Y si sos hijo –porque yo estuve en tu lugar–, no seas cruel. Decí claramente: ‘Esto no es para mí, te agradezco, pero voy a tomar distancia’”. Su consejo es que, de este modo, uno viaja más liviano.
¿Viaja más liviano? ¿Cuál es el experimento, el aval científico, el paper que desemboca en esta conclusión? ¿Hay algún experimento serio sobre el tema?
Lo que sí tiene evidencia científica –o al menos la suficiente cantidad de casos registrados– es lo contrario. Es decir, las consecuencias que provoca en jóvenes adultos y, mucho más, en adolescentes la ruptura emocional con los padres: ansiedad, depresión, dificultad en establecer vínculos a futuro, sentimientos de culpa, vergüenza, sentimientos de abandono e, incluso, enfermedades crónicas, como veremos más adelante.
Otro de los militantes digitales que va en este sentido propone, incluso, que “la sangre no obliga” a darles una mano a los padres cuando llegan a viejos. Lo que sí obliga es el Código Civil. A partir de 2025 la jurisprudencia argentina ha perfilado con más precisión los requisitos para que esa omisión de asistencia derive en responsabilidad civil o incluso penal. Cuando le recordaron este importante punto en los comentarios, el influencer bajó el posteo.
El denominador común de estos discursos, emitidos por supuestas figuras de autoridad que, incluso, dan consejos sobre salud, pareja, maternidad o alimentación es que no hay ninguna acreditación que los avale.
Las redes son maravillosas y tóxicas, según cómo se usen. Pero no es lo mismo Gabriel Rolón que @JulianCaminante (su nick en Instagram), un señor muy divertido que se presenta como “caminante de la vida” y que se dedica a dar consejos de pareja. Lo curioso: tiene 214.000 seguidores que lo leen como si fuera Nietzsche.
Claro que hay otro costado saludable del unparenting (desparentar o vivir sin padres, en su traducción al español) y es el que relató Silvia Pérez, en una entrevista reciente. La exvedette se animó a contar la relación tóxica que mantenía con su hija y que se fue sanando, tomando una saludable distancia, que viene con la adultez de los hijos y que muchos padres no registran. Pero estos linderos sanos aterrizan en un escenario muy diferente al “contacto cero”.
La exvedette confesó que no podía cortar el cordón umbilical y que la llamaba todo el tiempo, incluso para saber si había llegado bien, a pesar de que su hija ya había cumplido los 40. Y es ese pegoteo el que puede vivirse, desde el lado de los hijos, como saturación, invasión emocional o presión. Pero ese avasallamiento, según el consenso probado de los terapeutas familiares, se sana con límites, no con cortes.
En una conferencia reciente, el doctor Bruce Hoffman, especializado en enfermedades crónicas complejas, explicó que la principal pregunta que les hace a sus pacientes, además de sus síntomas, es sobre la relación con sus padres. ¿Por qué? Porque somos ambos. Y cuando rechazamos a alguno de ellos, también rechazamos a una parte nuestra. Y ese rechazo enferma. Hoffman es claro: el odio a los padres genera un desequilibro en la transferencia epigenética y todo tipo de problemas en la vida.
Aquí la clave parece ser el discernimiento entre charlatanes y discursos con evidencia científica. Y en tiempos de redes sociales, esa diferenciación no es tan fácil como parece.
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La soledad de Cristina Kirchner, la mujer del balcón

No es fácil comunicarse con Cristina Kirchner por teléfono o WhatsApp. Excepto su círculo más privado, nadie puede llamarla directamente. Un golpe para su narcisismo político y su afán de centralidad. Un intendente intentó contactarla hace poco y lo derivaron a un agente del Servicio Penitenciario, que volvió a comunicarse con él horas más tarde y, en lenguaje policial, le informó que la expresidenta ya estaba habilitada para dialogar. Recién entonces pudo hablar con ella. Y le quedó la duda de si la conversación era escuchada o no.
“Fue muy fuerte, recién entonces entendí su situación”, confiesa el mismo jefe comunal que, junto con otros, está en una movida silenciosa para desbancar a Máximo Kirchner, cuyo mandato al frente del PJ bonaerense vence el 18 de diciembre. Máximo es uno de los pocos que no necesitan intermediarios para cobijarse bajo el ala de su madre. Va en busca de protección política frente a quienes lo quieren carnear, que no son pocos.
La droga de un narcisista es la idolatría. Y Cristina la necesita como el aire, sobre todo ahora en su prisión doméstica, que no es un castigo menor. Por eso ama el balcón de San José 1111, devenido su propio y solitario teatro. Y lo ama aun a costa de hacer el ridículo, como cuando bailó después de la feroz derrota del peronismo en octubre.
O como cuando, días atrás, salió a saludar a nadie. Abrió la ventana para recibir la adrenalina de sus feligreses y solo había diez. Fue triste, aun para los que no la quieren. Esa bulimia por seguir siendo el centro le impide habilitar una interna del PJ, que es lo único que podría revitalizarlo.
Por otro lado, si hubiera elección interna, como propuso esta semana el presidente del PJ porteño, Juan Manuel Olmo, ¿quién se atrevería a enfrentarla, aunque sea por medio de un delfín?
Perón, el padre, ya había muerto en la década del 80 cuando el peronismo logró reinventarse impulsando la primera y única interna de su historia, la de Menem vs. Cafiero. Una elección vivificante que lo sacó del shock room. En este caso, sin embargo, la madre política está viva. Y, lo más complejo, su grey pide “unidad del espacio”. Así lo revelan los grupos focales de la consultora Escenarios, liderada por Federico Zapata.
“La loca del balcón nos está hundiendo”, se queja sin eufemismos una diputada kirchnerista que, en otro tiempo, solía ser su ventrílocua. La frase es compartida por los mismos intendentes bonaerenses que le aconsejaron a Axel Kicillof desdoblar las elecciones bonaerenses para, inmediatamente después, romper con ella. Pero Axel no lo hizo. Y no solo por miedo o por falta de pericia política, sino también porque sabe que, entre los votantes de su espacio, dogmáticamente ideologizado, rinde la unidad, aunque tengan que tragarse a Máximo Kirchner. El PJ está atrapado en un dilema sin resolución.
Son unos 40 o 50 jefes comunales que quieren enfrentar al hijo de Cristina en una interna bonaerense. Los “machos del off” que también hablan de “la loca del balcón”, pero que, a la hora de las definiciones, no se animan a enfrentar a su heredero, aunque podrían ganarle. Ellos hacen otras cuentas. El kirchnerismo devino un partido del AMBA, con un 25 o un 30% de adhesiones. El PJ federal se transformó en una serie de partidos provinciales fragmentados que negocian, por separado, con el gobierno nacional. En una palabra, la mujer del balcón sigue liderando a la primera minoría opositora, aun presa, sola e inhabilitada. Es cine.
El punto es que, para muchos, esa zona de confort los aloja porque, bajo sus polleras, consiguen cargos sin esfuerzo. Axel tiene mejor imagen que su madre política –su honestidad es un activo–, pero si rompiera con ella perdería entre un 18 o 20% de las simpatías perokirchneristas. El “chiquito”, como le dice su jefa, está atrapado. Cristina lo define así: “Este muchacho es un técnico sin habilidades políticas, rodeado por sus excompañeros de facultad”. La idea de desdoblar la elección, por caso, nunca podría haber salido de él. Fue un consejo de los viejos lobos de mar, los intendentes.
Al peronismo siempre le rindió una narrativa de reconstrucción nacional. El subtexto es así: sea quien fuere que haya estado antes, traicionó al pueblo y arruinó a la Argentina. El problema es que antes estuvo la mujer del balcón, con su fallido delfín.
No hay adulto argentino que no haya vivido con la marca del peronismo sobre su cabeza. Como decía Juan Carlos Torre, antes del triunfo de Milei en 2023: el peronismo es como el aire que se respira en la Argentina. Pero ahora ese aire está contaminado. Viciado.
Ni Cristina, ni su impulsivo hijo biológico, ni su ahora enemigo hijo político, ni los jefes territoriales tienen un candidato competitivo para 2027 en el nivel nacional. Mucho menos en la provincia de Buenos Aires, la madre de todas las batallas. Para empeorar el panorama, Diego Santilli es taquillero y tiene con qué. Más: ya ganó la provincia en 2021. Los intendentes del PJ azuzan las red flags. Uno de ellos editorializa el complejo panorama en una sola frase: “Tenemos un problema, Houston”.
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Marianne Williamson: “El amor y el perdón lo cambian todo”
Autora de Volver al amor, la activista norteamericana, una de las voces más influyentes de la transformación personal, muestra una nueva forma de pensar para superar el miedo y la hostilidad.

Tal vez no sea la única vía, pero son muchos los líderes mundiales en superación personal que han tenido que pasar por varios infiernos personales antes de llegar al salto cuántico de la espiritualidad. Espiritualidad no como religión –vale aclarar– sino como un camino para la sanación del cuerpo y la mente. Tal es el caso de Marianne Williamsom, autora de best sellers, conferencista, activista norteamericana y una de las voces más influyentes de la transformación personal, quien por primera vez visitará la Argentina en los próximos días para dar un workshop y una conferencia.
“Marianne, tenés que ir al sur”, la convenció el biólogo celular Bruce Lipton, después de haber visitado Buenos Aires y Uruguay en 2024. Si Lipton es la celebridad que une la ciencia y espiritualidad, Williamsom se hizo famosa por su best seller internacional Volver al amor: reflexiones basadas en los principios de Un curso de milagros, una psicoterapia espiritual que vendió tres millones de ejemplares y que fue publicada en 1992. El libro, que apunta a la espiritualidad aplicada a la vida cotidiana, enamoró a la presentadora Oprah Winfrey.
Marianne, que en su juventud transitó una profunda depresión, abrevando entre el abuso de drogas, alcohol y amores fallidos, un día se topó con Un curso, el complejo texto Helen Schucman y ese encuentro misterioso dio vuelta su vida como un guante y se la salvó.
Pero fue Oprah, en su show de entrevistas, quien la lanzó al estrellato y la convirtió en su consejera espiritual. Desde entonces, ha escrito 13 libros más, incluyendo cuatro best sellers número uno de The New York Times. De la transformación personal, en su última etapa saltó al activismo político. En 2020 se postuló como candidata presidencial en los Estados Unidos. Su lema: un poder que incluya al corazón.
La psicoterapia espiritual que propone Williamsom es un abordaje de sanación personal que resume la filosofía del cristianismo, el budismo, la psicología y la de los 12 pasos para la recuperación de las adicciones a sustancias y a personas.
–¿Por qué escribiste Volver al amor?
–Las ideas de Un curso de milagros habían transformado profundamente mi vida y quise compartirlas. Llevaba años hablando sobre ellas cuando alguien me sugirió que escribiera un libro. Todo se desarrolló de una manera casi mística… Conocí a un agente, que me presentó a alguien que me ayudó con la propuesta, luego conocí a un editor y así sucesivamente. El gran impulso llegó cuando Oprah leyó el libro y ayudó a compartirlo con el mundo.
–¿Qué tipo de comentarios te comparten tus lectores sobre este libro icónico?
–Cualquiera que aplique los principios del Curso los encuentra transformadores. El mundo está lleno de miedo y hostilidad en estos días, y muchas personas viven con ansiedad. Hay una sensación de falta de propósito en todas partes. El Curso es un entrenamiento psicológico de una nueva forma de pensar, reemplazando el miedo por el amor de una manera que transforma milagrosamente nuestras vidas.
–¿Cómo y de qué manera Un curso de milagros sanó tu vida?
–Antes de leer el Curso, tenía la sensación de que no sabía quién era ni qué debía hacer con mi vida. El Curso dice que todos estamos aquí por un propósito: ayudar a sanar el mundo. Me enseñó que el amor y el perdón lo cambian todo, y que mientras haga de eso mi enfoque y preocupación en cualquier situación, los milagros ocurren naturalmente. Nada volvió a ser igual una vez que vi eso.
–¿Por qué nos saboteamos a nosotros mismos? En Volver al amor hablás a menudo del odio hacia uno mismo. ¿Podrías explicar cómo sucede y cómo puede sanarse?
–El mundo está dominado por un sistema de pensamiento basado en el miedo. Ese sistema nos entrena para culpar en lugar de perdonar, temer en lugar de amar, atacar y defendernos en lugar de abrazar. Nos han enseñado que eso es natural, cuando en realidad es profundamente antinatural. Podemos liberar ese tipo de pensamiento y aceptar otra manera de ver el mundo. Podemos entrenar nuestros músculos actitudinales del mismo modo en que entrenamos los músculos físicos. De lo contrario, la gravedad psicológica y emocional del miedo, la ira y la negatividad nos aplasta y destruye nuestra paz mental.
–El Curso de milagros afirma que “todo pensamiento crea forma en algún nivel”. ¿Significa eso que los pensamientos producen realidad? Y si es así, ¿cómo describirías ese mecanismo?
–La Ley de Causa y Efecto es el bloque fundamental de la conciencia. Tantos pensamientos negativos llenan nuestras mentes a diario: críticas hacia nosotros mismos o hacia otros, victimización, catastrofismo… lugares mentales a los que vamos sin darnos cuenta del daño que nos hacemos. Una vez que comprendés que cada pensamiento crea forma en algún nivel, empezás a asumir la responsabilidad de tus pensamientos de una manera completamente nueva. Los pensamientos de ataque y defensa son un ataque contra ti mismo, y siempre podés elegir de nuevo. Podemos disciplinarnos para pensar pensamientos de amor, perdón, gratitud y bendición. La mente es como un músculo: puede reentrenarse.
–¿Por qué el mundo parece ir en contra de lo que proponés en Volver al amor, mientras que los medios tradicionales suelen menospreciar lo que llaman “literatura de autoayuda”?
–El ego basado en el miedo no es solo individual; se acumula entre nosotros como una energía colectiva que domina el mundo. Hay tanto sufrimiento innecesario en el planeta y, sin embargo, las principales estructuras de poder son institucionalmente resistentes a darle una oportunidad al amor a gran escala. Por eso existen la guerra, la degradación ambiental y toda clase de sufrimiento evitable. Y esto no puede continuar. El miedo nos ha llevado a un punto donde nuestros patrones de comportamiento colectivos son literalmente inadaptados para la supervivencia a largo plazo de la especie. Por eso el ego colectivo necesita atacar, burlarse o ridiculizar a cualquiera que diga que el amor –y no el miedo– debe ser la base de la sociedad. Pero nuestro espíritu colectivo está cambiando eso. De eso se trata el viaje espiritual.
–En Volver al amor afirmás que “usualmente se necesita una cierta cantidad de desesperación antes de estar listos para rendirnos al Universo”. ¿Por qué es así? ¿Y qué significa realmente “rendirse al Universo”?
–Un Curso de Milagros dice que tenemos dos caminos: aprender mediante la sabiduría o mediante el dolor. ¿Quién de nosotros no puede señalar situaciones donde, si solo hubiéramos sido más amables, más comprensivos o más responsables, habríamos evitado un desastre personal o profesional? Después de vivir suficientes experiencias así, comenzás a considerar la posibilidad de que haya otra manera. Es entonces cuando renunciás a la idea de que la mente racional es la única parte del cerebro que sabe algo. Los científicos ya no creen que el cerebro sea el único centro de inteligencia del cuerpo; ahora saben que existe una conexión entre el cerebro y el corazón, y que juntos forman el centro de inteligencia del cuerpo. Esto aplica tanto a nuestras vidas individuales como a la civilización en su conjunto.
–¿Por qué nos cuesta tanto soltar? ¿Cómo puede aplicarse Un Curso de Milagros cuando alguien ha sido víctima de un abuso sexual o psicológico grave? ¿Cómo puede uno perdonar a alguien que, por ejemplo, violó a su hijo? ¿No crees que hay situaciones imperdonables?
–Todos somos humanos y procesar el dolor del mundo puede ser una tarea gigantesca. No invalidamos nuestro sufrimiento al reconocer nuestra capacidad de trascenderlo. El perdón, desde una perspectiva metafísica, significa que no existe una herida que Dios no pueda sanar. He conocido personas que han vivido las peores atrocidades imaginables y, aunque por supuesto sufrieron, con el tiempo convirtieron su vida en un testimonio del poder del amor. Su sufrimiento les dio una visión de rayos X para reconocer el sufrimiento ajeno, y al haber experimentado su propio corazón roto, se transformaron en agentes de sanación en la vida de otros.
–¿Cuál es la diferencia entre religión y espiritualidad?
–La religión puede estar llena de dogmas y doctrinas con las que la gente ya apenas se identifica. Suele separarnos más que unirnos. En cambio, la espiritualidad es el camino del corazón. Señala los temas espirituales universales presentes en todas las grandes tradiciones religiosas del mundo. Es la sanación de la mente y la apertura del corazón.
–¿Creés que el paradigma del amor triunfará sobre el del miedo? ¿Confiás en que el mundo será más compasivo, amoroso y empático dentro de cien años?
–Creo que es la única opción viable para la supervivencia de la especie. Algunos dicen que es ingenuo pensar que podemos convertirnos en una especie que haga del amor su principio fundamental; yo digo que lo ingenuo es creer que sobreviviremos otros cien años si no lo intentamos al menos.
–En tu libro afirmás que la negatividad, en tu experiencia, fue más dañina que el alcohol o el tabaco. ¿Por qué? ¿Y cómo puede entrenarse el cerebro para salir de ese circuito tóxico?
–La adicción puede ser a una sustancia, pero también puede ser a otras cosas… al trabajo, al sexo, a lo que sea. Y detrás de todas ellas se esconde una adicción a una forma enfermiza de pensar. Alcohólicos Anónimos, por ejemplo, es un programa espiritual en el que la rendición ante un Poder Superior es la clave de la sobriedad. Sí, podemos reentrenar nuestra mente. Requiere trabajo, del mismo modo en que necesitamos ejercitarnos físicamente si queremos fortalecer el cuerpo. Pero si lo hacemos, funciona.
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