“Eso la pone en dificultades, porque es una fuerza política muy joven, con pocos gobernadores y diputados. El año se resume con el comienzo de esa crisis con la opinión pública. Lo que se le va a LLA queda en una especie de zona de transición, sin un intérprete en el sistema político”, explicó el analista político.
El desgaste del vínculo entre Javier Milei y la sociedad, las dificultades económicas y las denuncias sobre las prácticas de la dirigencia ponen en tensión la principal fortaleza de La Libertad Avanza. En ese escenario, Patricia Bullrich construye un perfil propio y busca conectar con los sectores desencantados.
La Libertad Avanza atraviesa una etapa de creciente tensión con la opinión pública, marcada por el deterioro de su vínculo con la sociedad, según el análisis de Federico Zapata. La fuerza que llevó a Javier Milei al poder sobre la base de su capacidad para interpretar el malestar social enfrenta ahora dificultades para sostener ese respaldo, en un contexto en el que todavía no cuenta con una estructura territorial y legislativa consolidada.
El diagnóstico plantea un escenario político dividido en tres grandes sectores: un núcleo de entre el 30% y el 35% que se mantiene identificado con el oficialismo, una base peronista de magnitud similar y un amplio segmento de entre el 35% y el 40% de la población que permanece en una zona de indefinición política. Ese electorado, sostiene el entrevistado, todavía no encuentra una representación capaz de canalizar su descontento.
La incertidumbre también alcanza al sistema electoral. Una eventual suspensión de las PASO podría modificar las estrategias de las distintas fuerzas y abrir un escenario de mayor fragmentación, con dificultades para construir candidaturas unificadas.
En medio de ese panorama, Patricia Bullrich aparece como una dirigente que intenta diferenciarse del núcleo de conducción de La Libertad Avanza sin abandonar el espacio oficialista. El entrevistado compara su estrategia con la de Carlos Menem durante la renovación peronista: apropiarse de las demandas de la sociedad y, al mismo tiempo, marcar distancia de los dirigentes que representan al propio espacio.
El desgaste del Gobierno respondería a dos factores principales. El primero es la distancia entre la estabilización macroeconómica y la situación cotidiana de la población: la mejora de las variables económicas, según el entrevistado, todavía no se traduce de manera suficiente en el bolsillo de los ciudadanos. El segundo factor es el cuestionamiento a la promesa de renovación política que acompañó el ascenso de Milei. La denuncia contra la llamada “casta” y el compromiso de transformar las prácticas de la dirigencia constituyeron elementos centrales de su identidad. Sin embargo, los cuestionamientos a funcionarios y sus comportamientos públicos reabren el debate sobre la continuidad de esas prácticas.
El análisis también señala que la pérdida de confianza no afecta exclusivamente a Milei, sino que alcanza al conjunto del sistema político.