Columna LN
Javier Milei, los secretos del hombre del momento
Inútil, basura, te vas a morir de hambre. Esas fueron las palabras paternas con las que creció.
El hombre del momento parece un niño atrapado en el cuerpo de un adulto. Un adulto-niño emocionalmente inestable, caprichoso, que espeja el enojo y el pesimismo de gran parte de la sociedad argentina con la clase política. O “la casta”: una dirigencia que, en menos de una década, ha empujado a la pobreza a dos millones de hogares de clase media y que se muestra incapaz de detener la acelerada descomposición de lo que fue la Argentina: como Kirchner en el post-2001, Javier Milei, más que un líder, como lo definió Domingo Cavallo, parece un síntoma.
El hombre del momento vive solo y muy pocos entran a su casa. Durante la pandemia, sus cinco mastines ingleses perdieron el hábito de manada y uno de ellos, Lucas, reacciona mal frente a los extraños. En plena peste, se mudó del Abasto a una casa alquilada en Valle Claro –un barrio privado, en Benavídez– con sus cinco “hijitos”, del tamaño de ponis: cada uno pesa casi 100 kilos y los tiene distribuidos en dos ambientes del chalet de dos plantas, con equipos de aire acondicionado frío-calor.
En una casa anterior llegó a instalar un montacargas en el jardín para que subieran a dormir con él. Se turnaban. El Pater familias es Conan, el guerrero bárbaro, en honor al personaje de Arnold Schwarzenegger. Su descendencia fue bautizada con nombres de referentes de las tres familias del liberalismo: Murray, por Murray Rothbard, el inventor del anarcocapitalismo; Milton; Robert, y Lucas. En su personal top five de economistas criollos figuran tres con los que tiene amistad: Guillermo Calvo, Carlos Rodríguez y Alberto Benegas Lynch (h.).
Se autopercibe más calmado. ¿Obra de una terapia? “No, de los ‘chicos’”. Cuando llegaba de pelear con alguien en algún canal encontraba a los mastines trenzados en trifulcas peligrosas. “Ahora que dejé de pelear están superamigables”. El archivo lo desmiente. “Te podría aplastar aún en silla de ruedas”, le dedicó a Larreta. “Zurda de mierda”, a Myriam Bregman. “Inútil y pelele”, a Guzmán. “Mentirosa y amoral”, a Vidal. “Nunca laburó, tiene el Cuil invicto”, a Carrió. ¿No es un contrasentido que un defensor a ultranza de la libertad agreda a quienes no piensan como él? Se demora en la respuesta, como si recién se hubiera percatado del oxímoron. Ensaya una explicación: lo de Larreta es “violencia defensiva”. Según Milei, el jefe porteño usa los recursos del Estado para perseguirlo. “Se inmiscuye en mi historia clínica”. ¿Cómo? “Una de las amenazas que recibo es: o accedo a correrme de la política o cuenta qué psicofármacos tomo. Y yo solo tomo Somit (un inductor del sueño), que es un caramelito. (Larreta) juega muy sucio porque va contra tu vida personal”.
Una de sus heladeras conserva varios packs de Mango Loco, una bebida energizante. Se supone que la toma para activare, al despertar. “No, la tomo para dormir, porque primero me levanta, pero después me baja”. Sobre la mesa del living destaca un ensayo, La muerte de la muerte, un libro que plantea la hipótesis de la inmortalidad física. En la biblioteca, apilados, los cinco tomos de la Torá, cuya parashá discute semanalmente con un rabino para adquirir fortaleza espiritual. Siempre lleva en el bolsillo de su traje un papel desgastado en el que se lee: “el jefe”. Acaso un recordatorio de la existencia de Dios. Tuvo una educación católica (fue al colegio cardenal Copello), pero está circuncidado.
En su infancia y adolescencia sufrió violencia física y psicológica. Más adelante, también abuso económico. Según relatan en su entorno, su padre, Norberto, que fue colectivero, se apoderó de un dinero que su hijo tenía para comprarse una propiedad. En aquella trifulca, que lo tuvo distanciado de sus padres varios años, su madre, Alicia, trabó alianza con el marido. La leal siempre fue Karina, su hermana menor, su principal apoyo en la vida. Tenía apenas 11 años cuando recibió la primera paliza fuerte. Fue en la mesa familiar, cuando se opuso a la Guerra de las Malvinas.
Inútil, basura, te vas a morir de hambre. Esas fueron las palabras paternas con las que creció. A las emboscadas que armaba su papá para que fracasara, él les respondió con un 9.43 de promedio. Salvando las distancias, una biografía familiar con mucho en común con la de Mauricio y Franco Macri, pero, también, con la de Cristina, que, igual que Milei, se crio con un padre colectivero al que dejaba de hablarle después de cada pelea.
Reconciliado con Norberto y Alicia durante la pandemia, hoy prefiere no hablar públicamente de aquel pasado. Es doloroso. No tuvo hijos. “Pensar que alguien pueda vivir lo que yo padecí me llevó a no tenerlos”. Milei hace juego con los argentinos. Hace tanto que padecemos violencia, sobre todo económica, que acabamos por naturalizarla. Una naturalización que nos vuelve peligrosamente permeables al discurso del odio.
Si hasta hace muy poco nos escandalizaba un 30% de pobreza consolidada, hoy lidiamos con un 40; si una inflación del 25 o 30% nos resultaba “manejable”, este año podría tocarnos una cercana al 80%. Pasamos de 200.000 planes sociales, en 2015, a más de 1,2 millones. Patentamos una nueva categoría sociológica: 3 de cada 10 trabajadores son pobres. Por esa herida entra el discurso de Milei, que ha devenido un depósito de frustraciones y no para de crecer en las encuestas. Los principales sondeos lo dan disputando un eventual ballottage en 2023. The Washington Post y The Economist le acaban de dedicar artículos donde lo plantean como hipotético futuro presidente.
Lo novedoso (o no) es que Cristina pretende entrar por el mismo cuerpo del dolor que su supuesto antagonista ideológico: mañana, en Chaco, disertará sobre un título con expectativa pochoclera: “La insatisfacción democrática”. Ambos disputan el voto pobre del conurbano, el de los “hijos” de Cristina. Pero también pesca entre los “hijos” de Macri. La realidad es que el huracán libertario, igual que sus mastines, acecha a todos y todas, aunque le pega un especial tarascón al voto duro de Pro. ¿Podría fragmentar a la coalición opositora? Nadie puede descartarlo.
En un país exitosamente colonizado por la narrativa populista, hasta los halcones de Pro parecen moderados al lado del líder libertario. La sugerencia de cerrar el Ministerio de Educación o de disolver el Banco Central hace aparecer razonable la privatización de Aerolíneas Argentinas o la aplicación de políticas económicas de shock, como anticipó Larreta ante el círculo rojo en el Llao Llao.
El economista que admira a Margaret Thatcher produce una gran novedad en la política argentina. Disputa con el trotskismo la bandera de la rebeldía, poniéndose al hombro una batalla cultural inédita: ahora la utopía ya no es monopolio exclusivo de la izquierda; también la derecha comparte la franquicia.
Tal como sucedía con el reality show de Trump, el activo del hombre del momento es que “produce conversación”, como diría Durán Barba: la dolarización, la casta, el sorteo de su dieta. A propósito, ¿de qué vive, si sortea su dieta? Oficialmente, de sus conferencias, que también vende en el exterior por diez mil dólares.
El libertario se niega a debatir con “la casta”. La última semana Martín Tetaz lo desafió al ring con el argumento de que sus ideas más extremas no funcionarían en la vida real. Milei no lo duda: “Si soy presidente, el precio de los antidiarreicos subirá porque todos los políticos van a estar cagados”.
Por Laura Di Marco para lanacion.com
Columna LN
Una nueva relación con la Justicia, el triunfo definitivo de Karina
Ahora las cosas están más que claras. Milei laudó finalmente a favor de su hermana Karina, que logró imponer como nuevo ministro de Justicia a Juan Bautista Mahiques, pero sobre todo a su segundo, Santiago Viola: un portal directo a la designación de jueces y a un cambio radical en relación con la Justicia, que hasta ahora manejaba Santiago Caputo. Al joven Caputo le sacaron a su principal alfil: Sebastián Amerio. Jaque mate de Karina. Golpe mortal para “Santi”. Múltiples significados.
Lo más curioso es que detrás de este cambio fundamental en el juego del poder mileísta y por encima de la designación de un exponente de la familia judicial, como son los Mahiques (padre e hijos), se esconde un puñado de nombres, hilos y conexiones que revelan al verdadero poder permanente de la Argentina. Operadores que, sea quien fuere el poder político de turno, siempre influyen en las decisiones sensibles. Se habla poco de esto. Como decía un relevante dirigente del peronismo observando estos cambios: Milei es una tierra virgen para el “entrismo”. Es decir, para que ese poder permanente penetre en los lugares claves.
Como escribía Michel Foucault: el poder es el efecto de conjunto de unas posiciones estratégicas. A eso se dedica el racimo de nombres del poder permanente. Y la Justicia es un coto siempre codiciado por estos jugadores, que pelean en la superficie, pero se reparten los negocios en el backstage de la escena.
Detrás de la designación del nuevo ministro está Daniel Angelici, el jugador todoterreno que vascula entre los bingos y la Justicia. Radical, juega en tándem, sin embargo, con Juan Manuel Olmos, el hombre fuerte del peronismo en la ciudad: entre ambos manejan todo o casi todo en un territorio cuyo presupuesto para 2026 es de 10.000 millones de dólares. También desde ese lugar se entiende el interés de Karina por impulsar a su “pollo” Manuel Adorni como jefe porteño, en detrimento de Patricia Bullrich, que aspira al mismo lugar. Entre Karina y Patricia asoma una puja sorda, celos políticos que aún no salieron del todo a la superficie, pero que prometen escalar.
Desde que se liberó de Macri, Patricia parece más desacartonada, suelta, sólida. Empoderada. Habla y se mueve con perfil presidenciable. Un protagonismo que a Karina le empieza a molestar.
En el momento que haya que definir la sucesión en la ciudad, no hay ninguna duda de que el poder permanente se va a volcar en favor de Adorni. Patricia es percibida como una outsider en el mundo mileísta, y menos manejable. Algo parecido a lo que sucedía con Gabriela Michetti cuando aspiraba al sillón porteño y Macri terminó apoyando a Rodríguez Larreta.
Lo cierto es que Angelici logró llegar a Karina, por esto del “entrismo” del que hablábamos renglones arriba. ¿Cómo lo hizo? A través de un matrimonio muy potente al lado de la hermana del Presidente: la referente porteña de LLA Pilar Ramírez y su esposo, Darío Wasserman, un importante desarrollador inmobiliario de la ciudad.
El cumpleaños del Tano Angelici –que nació en un barrio pobre del sur de la ciudad, pero que siempre soñó con ser rico y lo logró– siempre es imponente. Ostentoso en todos los sentidos, como aquellos que la remaron bien de abajo, con buenas o malas artes, y que finalmente llegaron. Él lo siente así. En ese festejo suele reunirse el poder permanente. En el último brindis estaban todos, incluido el matrimonio Wasserman. De ellos a Karina, hay un solo paso. Pilar viene de una larga militancia en el peronismo y, luego, en el kirchnerismo, por esto de estar siempre al lado de los que definen.
Pareciera que Jorge Macri no tuviera nada que ver con este juego, pero sí. Fue el jefe porteño quien le presentó a Mauricio al Tano, que devino su operador en las sombras en el mundo judicial.
Vamos ahora al segundo de Juan Bautista Mahiques, tal vez el más importante: Santiago Viola. Abogado penalista de estrecha confianza de Karina, el viceministro será la puerta de entrada hacia la nominación de jueces nacionales y federales. Un resorte, el judicial, que Milei aún no ha llegado a conquistar.
Viola tiene antecedentes controversiales: defendió a los hijos de Lázaro Báez en expedientes por lavado de dinero que fueron emblema de la corrupción kirchnerista y fue defensor de Norma Berta Radice, hermana de un represor, en una causa vinculada a maniobras de apropiación de bienes de desaparecidos de la ex-ESMA.
En declaraciones recientes, Bullrich destacó como un valor de la gestión de su jefe outsider que no le haya interesado tener operadores judiciales para influir en la Justicia. Pero ayer todo eso cambió. Game over.
Columna LN
Las aventuras de “Pichichi”, el hombre del poder permanente
Era el verano de 1997 y habían pasado, apenas, unos días desde el asesinato de José Luis Cabezas, a manos de sicarios que respondían a Alfredo Yabrán. Carlos Menem llamó a una conferencia de prensa. En aquel momento, los presidentes aún hacían esas rarezas. Los periodistas convocados, todos, pensamos naturalmente que hablaría de un crimen que, en democracia, recordaba a los momentos más oscuros de la dictadura.
Menem arrancó anunciando que tenía preparada una sorpresa. Los periodistas convocados allí pensamos que aportaría información relevante sobre el asesinato que atravesaba a la Argentina. Pero no. Menem había llamado a la prensa para anunciar, de un modo rimbombante, que la lista de los diputados nacionales para la ciudad de Buenos Aires sería encabezada por una estrella del deporte. Mantuvo el misterio unos minutos hasta que, por fin, lo reveló: la estrella deportiva era nada menos que Daniel Scioli.
El ocho veces campeón mundial había decidido incorporarse al PJ, en esa mezcla de farándula y política que el menemismo convirtió en su marca de identidad. Así empezó “Pichichi” su carrera en el poder, siempre con fe y con esperanza, pero sobre todo con una capacidad increíble para “panquequear” sin parpadear. Y sin consecuencias visibles. Todavía. “Pichichi” es un apodo que se ganó en el mundo del deporte.
Después de Menem, que lo inventó como político, pasó sin escalas a un sesgo ideológico completamente contrario: Néstor, Cristina, Alberto. Y, en otra pirueta sin argumentación ideológica, recaló como funcionario de Milei.
Raro en “Pichichi”, que siempre –hay que decirlo– estuvo presente con su rostro de amianto en todas las tragedias. Sin embargo, esta vez y mientras ardía la Patagonia, Scioli, que es secretario de Ambiente, estaba de fiesta en Mar del Plata para asistir, entre otros eventos, al show de Milei y Fátima Florez. Como destacó ayer en X el dirigente de la Coalición Cívica Maximiliano Ferraro: “230.000 hectáreas de patrimonio natural en llamas. Once veces la ciudad de Buenos Aires. Flora, fauna, biodiversidad, suelos y ecosistemas arrasados. ¿Y el Presidente?”, se preguntaba esta semana uno de los “lilitos”, denunciantes de la mansión de Pilar, que se le atribuye al enigmático Pablo Toviggino y que es investigada por lavado de dinero. ¿Y Scioli?
Scioli enfrentó este lunes las cámaras de LN+ en un episodio tan insólito que se convirtió en meme. Sucedió cuando esta cronista le consultó su opinión sobre el escándalo del AFAgate. Entonces, “Pichichi” dibujó una respuesta confusa alegando que él ya había fijado su posición. Pero ¿cuál es esa posición?, repreguntamos. Scioli volvió a sarasear. Pero ¿qué piensa de Chiqui Tapia, en concreto? Fue ahí cuando tiró el micrófono y huyó de la nota con un escueto: “Perdón, me tengo que ir a comer”. Algunos usuarios de las redes compararon el momento con el “me quiero ir” del exministro Lorenzino.
Scioli y Tapia tienen una larga relación que nació en el futsal y terminó de consolidarse en la Copa América de 2021, cuando el exmotonauta era embajador en Brasil. Detalle no menor: a cargo del futsal en la AFA estuvo Luciano Pantano (atenti aquí con el apellido), el monotributista que figura como uno de los dueños formales de la mansión de Pilar que, se supone, sería del tesorero de la AFA.
Más aún, algunos dirigentes de clubes que, por ahora, solo hablan off the record afirman que Scioli sería uno de los tripulantes de los helicópteros de Gustavo Carmona que viajaban regularmente a la casa de Villa Rosa para participar de fiestas y eventos. Decenas de vuelos cuyos pasajeros nunca fueron registrados, pero entre los que figurarían jueces y políticos de primer nivel. La mansión tiene un casino que, parece, era muy atractivo para la elite del poder.
El juez Aguinsky, al que le quitaron la causa de la mansión de Pilar para dársela a otro magistrado cercano a Sergio Massa, llegó a indagar a los pilotos de aquellos helicópteros, pero se topó con una amnesia temporal de los indagados. Uno afirmó que “no recordaba” a ningún pasajero. Otro dijo que no llevó a ningún pasajero porque los vuelos solo eran de “entrenamiento”.
La caja de Pandora que desató una copa de cotillón inventada por Tapia parece no tener fin, por más que los dueños del fútbol “aprieten” a periodistas y a jueces para quitarles causas. Como escribía García Márquez: en algún lugar, siempre, hay alguien que sabe la verdad. ¿“Pichichi” la sabrá?
Columna LN
Irán y Venezuela. El silencio infame del progresismo
Cuando Mauricio Macri recién arrancaba su carrera política y competía para ser candidato a diputado era auscultado por las encuestas y los grupos focales. Allí, sorpresivamente, la gente lo ubicaba como “progresista”. La confusión era lógica: para el ciudadano de a pie, “progresismo” es sinónimo de progreso.
Pero aquí hablamos del progresismo de Palermo rúcula. Los hippies con OSDE. Ese arco político –o parte de él, para ser justos– que va del kirchnerismo a la izquierda y que abarca a grupos de artistas, escritores e intelectuales. La típica grieta argenta ha pegado un salto cuántico hacia la geopolítica, con la extracción de Maduro en Venezuela y la masacre que ahora mismo se está desatando en Irán, como respuesta a las manifestaciones contra la tiranía teocrática.
El martes por la noche, la comunidad venezolana en la Argentina organizó un acto frente a la ESMA, símbolo del terror de la dictadura argentina, para equiparar nuestros desaparecidos con los suyos. Más aún: el número de desaparecidos y presos políticos sigue creciendo en Venezuela porque, con esta apertura, la sociedad se atreve más a hablar, a denunciar, a manifestar.
Pero prestigiosos escritores “progres”, famosos artistas y organismos de derechos humanos, como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, permanecen mudos. El silencio nunca es neutro frente a una dictadura. Es complicidad con el régimen. Es una respuesta política. Si mirar para el costado te hacía cómplice durante la dictadura de Videla, lo mismo vale para la dictadura venezolana en la que, además, hay tres compatriotas desaparecidos. Ayer excarcelaron al rehén argentino-israelí Yacoov Harari, que estuvo 450 días secuestrado por la tiranía chavista. Pero los progres no celebraron. Mudos.
El Helicoide es la réplica de la ESMA, a ver si se entera Palermo rúcula. Los mismos que se llenaron la boca, como pastores de la moralidad, señalando la complicidad de parte de nuestra sociedad, cuando miró para el costado mientras desaparecían argentinos.
En el caso de muchos intelectuales, sorprende (o no) la disociación entre sus ideas, sus emociones y sobre su humanidad para quienes dicen amar a la humanidad. Pareciera que su propia narrativa del mundo –porque, al fin y al cabo, es una narrativa– es más importante que el sufrimiento de los seres humanos cuando las violaciones de los derechos humanos suceden en países que ellos defienden.
Ni qué hablar de la distorsión de la realidad. En medio de la tensión geopolítica en Medio Oriente, la periodista K Marcela Feudale atribuyó los incendios en la Patagonia a dos israelíes. Fue desmentida al instante.
Louis Pierre Althusser era un filósofo marxista francés, venerado por gran parte del mundo intelectual, que asesinó a su mujer. Pero ese “detalle” no lo saca del podio de vaca sagrada para los corazones marxistas. Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir firmaban solicitadas en favor de tener sexo con menores de 16 años (hoy lo llamamos abuso), mientras denunciaban las bajezas del capitalismo burgués.
Lo máximo que ha dicho la galaxia progre sobre Venezuela es que la intervención de Estados Unidos viola el derecho internacional. Por supuesto, el argumento es válido. Lo irónico es que ese mismo universo solo alza ahora su voz, mientras los venezolanos pidieron ayuda internacional durante 27 años y nadie hizo nada. Como se pregunta, con mucho sentido común, Elisa Trotta, la exembajadora de Venezuela: ¿se supone que deberíamos morir con Maduro porque su captura viola el derecho internacional?
La extracción de Maduro en Venezuela pegó su coletazo en su aliado histórico, Irán. Fogoneada por las generaciones más jóvenes y las mujeres, la presión contra la teocracia islámica que comanda su líder supremo, Ali Khamenei, es la más fuerte en años.
Como afirma María Eugenia Sidoti en la revista Sophia, en una conmovedora crónica sobre la lucha de las mujeres iraníes: detenidas, violadas y asesinadas en nombre de su dios, en Irán las mujeres vuelven a estar en el centro de una lucha que no eligieron. Sus cuerpos –históricamente regulados, vigilados, castigados, vulnerados– fueron convertidos en un territorio político. Pero el feminismo K permanece mudo. Cómplice.
Parece que hay abusos buenos y abusos malos, según los ojos que lo miren. Julio Iglesias afronta denuncias judicializadas por supuestos maltratos y agresiones sexuales. Ayer, Isabel Díaz Ayuso salió a defenderlo, sin que la Justicia haya dicho ni una palabra aún. Pero las investigaciones periodísticas son consistentes y un prestigioso canal español promete un especial sobre el tema, con testimonios de famosas que comprometerían a la estrella española. Aquí, la periodista Marcela Tauro también denunció conductas impropias, que padeció en primera persona, por parte del cantante.
En este innegable cambio de época, las caretas de muchos intocables empiezan a caer.
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