Seguinos

Sin categoría

Laura Di Marco: “El extraño experimento de un Menem sin plata”

Publicado

el

El editorial de Laura Di Marco en La trama del poder, por LN+

2 de diciembre de 2023 20:48

Ir a notas de Laura Di Marco

Laura Di Marco

PARA LA NACION

Faltan 8 días para que asuma el nuevo presidente que, según su propia definición es un “menemista” aggionardo. Yo no soy un gorila, le dijo Milei a Alberto Fernández, cuando lo visitó en Olivos. “Soy un menemista. Menemista libertario”, podríamos decir. Pero es un menemista raro.

Lejos de la pizza y el champagne, los gastos ostentosos y el despilfarro de los noventa, este nuevo Menem no tiene plata. Ya hay remeras con el nuevo mantra de la era mileísta. Pasamos de “no fue magia” al “no hay plata”.

"No hay plata", las remeras de los seguidores de Milei
“No hay plata”, las remeras de los seguidores de Milei

El presidente electo se cansó de decirlo en entrevistas esta semana, como cuando les pidió a los gobernadores que corten los gastos superfluos para pagar el aguinaldo:

La pregunta que todos nos hacemos es: ¿qué va a pasar en la calle? ¿Cómo la van a controlar cuando la motosierra empiece a funcionar? El 19 y 20 de diciembre los Belliboni de la vida preparan la primera marcha contra el presidente electo, a menos de 10 días de asumir.

Sin embargo, te quiero mostrarte algo muy novedoso y muy importante que pasó hoy. Es una que le hace Nicolás Balinotti en LA NACION, Facundo Moyano, hijo de Hugo y secretario del gremio de los peajes.

Pero Moyano junior va más allá. Se mostró abierto a una reforma laboral, a privatizar las empresas públicas. Criticó la pasividad de la CGT durante el gobierno de Alberto Fernández y habló de un recambio generacional en el peronismo.

Esto es realmente una novedad porque, como sabes, históricamente el sindicalismo peronista siempre quiso comerse a los gobiernos no peronistas y, en la mayoría de los casos, lo logró.

¿Será que Milei, al definirse como menemista, no despierta tanta resistencia en el peronismo, como despertaba Macri? ¿Será por eso que el Papa lo llamó a Milei cuando ganó, le prometió que iba a rezar por él, y a Macri solo le dedicó caras de desprecio? Preguntas.

Dos nuevas definiciones muy importantes en el gabinete de Milei de las últimas horas: la sorpresa de Martín Menem, un libertario puro, para presidir de la Cámara de Diputados. Es sobrino de Carlos Menem e hijo de Eduardo.

La confirmación de Martín Menem como el futuro presidente de la Cámara de Diputados de la Nación
La confirmación de Martín Menem como el futuro presidente de la Cámara de Diputados de la Nación

Con esta designación se salda, entonces, la pelea entre Cristian Ritondo, que venía apadrinado por Mauricio Macri y que le prometía un piso mínimo de 90 diputados de Juntos por el Cambio y Florencio Randazzo, apalancado por Guillermo Francos y el cordobés Juan Schiaretti, con buenos contactos con legisladores y gobernadores del peronismo.

Pero, ¿es una buena idea Martín Menem para presidir Diputados? Te digo quién está contenta con un libertario puro al frente de la Cámara: Cristina Kirchner, es lo que ella quería. ¿Por qué? Porque los libertarios no tienen experiencia, tampoco votos, lo que le deja espacio a ella para soñar con que los viejos lobos de mar del peronismo -manteniendo el bloque unido- van a seguir manejando una Cámara clave. La maldad y la astucia, en el mal sentido, es parte de su kit de supervivencia.

Y otra sorpresa: otro libertario puro propuesto para presidir el Senado, puesto clave porque es el tercero en la línea sucesoria. Es Francisco Paoltroni, un empresario agropecuario formoseño que se metió en política en el sultanato de Gildo Insfrán y desplazó a la UCR como principal fuerza opositora.

En las últimas 48 horas estalló el divorcio del año y no es en la farándula. Es en la política y bien cerquita de Milei. La pelea entre Patricia Bullrich y Mauricio Macri. ¿Será definitiva? ¿Y por qué nos interesa? Por la gobernabilidad de Milei.

"Entran y salen"
“Entran y salen”

Se supone que tanto Macri, como Bullrich, confirmada como ministra de Seguridad de Milei, eran el ala “halcón” de Juntos por el Cambio que garantizaban una especie de co-gobierno con Milei. ¿Y ahora?

Macri publicó una carta, llena de mensajes cifrados, para felicitar a Luis “Toto” Caputo y a Patricia Bullrich como ministros de Milei. Subrayó que se incorporan “a título personal” al gobierno libertario.

Otra que tampoco debería hacer predicciones:

Esta semana circuló mucho una palabrita económica que el propio Milei tiró: “estanflación”, la pregunta del millón: ¿cómo va a hacer Milei para hacer el ajuste fiscal, los famosos cinco puntos del PBI, que proclama?

Mejor dicho: ¿cómo va a hacer para ajustar los gastos de la político y no los tuyos o los de tu familia? Ese es uno de los misterios de su plan.

Una de las medidas que propone es cortar la intermediación de los gerentes de la pobreza. En una palabra, la que se llevan los Belliboni de la vida porque cuando Milei habla de eliminar intermediarios, está hablando del ajuste de la política y significa, como me lo contaba José Luis Espert en una entrevista, a un achicamiento de medio punto del PBI. Estás a 8 de días de la asunción de un Menem libertario y sin plata. Nueva etapa, algunos entran, otros se van.

Laura Di Marco

Seguir leyendo
Clic para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Sin categoría

Los 70, la década que no deja de sangrar

Publicado

el

  • 27 de marzo de 2025

PARA LA NACION

Laura Di Marco

Marcha por la la Memoria, la Verdad y la Justicia. A 49 años del golpe militar de 1976. Av. de Mayo
Marcha por la la Memoria, la Verdad y la Justicia. A 49 años del golpe militar de 1976. Av. de MayoNicolas Suarez

El 24 de marzo, Día de la Memoria, Agustín Laje, uno de los intelectuales de cabecera de Javier Milei, se atrevió a mucho en el video que difundió. El mileísmo busca dar la batalla cultural a fondo sobre una década, con identidad cultural y política propia, que aún sigue sangrando. Una buena parte de la sociedad resonó con la narrativa de Laje, que, en el fondo del asunto, reivindica a las víctimas de las organizaciones terroristas. Víctimas invisibilizadas e, incluso, despreciadas por los organismos de derechos humanos.

La de Laje es una narrativa que se erige claramente con pretensiones de abrir un nuevo camino jurídico en la Argentina: que los crímenes del ERP y Montoneros sean considerados de lesa humanidad y, por lo tanto, imprescriptibles. Después de su discurso del 24 de marzo, lo que se leía en la mitad del universo digital: “Laje tiene razón”. Mientras, otra mitad, lo repudiaba. Así de intrincados son los 70.

Para que la Justicia argentina configure como crímenes de lesa humanidad los asesinatos perpetrados por las organizaciones terroristas –configuración a la que, hasta ahora, se ha negado– debe haber un componente estatal. Así lo dictamina el Estatuto de Roma, que dio origen a la Corte Penal Internacional y que fue avalado por el parlamento argentino. Ese Estatuto define los crímenes de lesa humanidad como ataques de bandas armadas contra la sociedad civil, que actúan bajo un plan sistemático, pero amparadas por el Estado. Y aquí entramos en el berenjenal jurídico. ¿Acaso ERP y Montoneros no tenían un plan sistemático? Pero ¿tenían un Estado detrás?

La principal razón por la que siguen sangrando los 70 es el indulto a las cúpulas de las organizaciones terroristas otorgado por el gobierno de Carlos Menem, paradójicamente el ídolo de Javier Milei. Y el nudo aquí es que, sin justicia real, jamás habrá un cierre sano para los 70.

Sin embargo, hay una innovación en el discurso del gobierno de Milei y es que parece haber encontrado no un Estado detrás del ERP y Montoneros, sino dos: Cuba y la Unión Soviética, fogoneando y financiando una guerrilla que pretendía socavar la democracia e imponer una dictadura del proletariado. El constitucionalista Daniel Sabsay comparte esa visión. Y la médica cirujana Hilda Molina, quien conoció profundamente el pensamiento de Fidel Castro, también lo ratifica: La Habana, sostenida por la entonces Unión Soviética, fue el laboratorio económico e ideológico de todas las guerrillas latinoamericanas. Entonces, ¿eran grupos particulares o había un Estado detrás? Este es solo uno de los embrollos jurídicos por los cuales siguen doliendo los 70.

Lo de incluir la parte estatal detrás del plan sistemático de la guerrilla –que era tomar el Estado por las armas e imponer el socialismo por la fuerza– es un atajo jurídico por el que hace años viene luchando la vicepresidenta Victoria Villarruel. Más aún: esa lucha fue la que la construyó como figura política. En la semana de la memoria, el oficialismo –a través de Vialidad Nacional– se atrevió a mucho más: derribó en Santa Cruz el monumento de una “vaca sagrada” de la izquierda nacional: Osvaldo Bayer, autor de La Patagonia rebelde.

Pero en paralelo al video de Laje, la marcha por el Día de la Memoria, que recuerda la instauración de la dictadura más sangrienta de la historia del siglo XX, y que incluyó no solo desapariciones de personas, sino robo de bebés y torturas a niños de 10 u 11 años que los militares no podían sustraer, fue más multitudinaria que nunca.

La última marcha también tuvo sus innovaciones: asistieron muchos jóvenes, nuevas generaciones y lució más “deskirchnerizada” que nunca. Por años el kirchnerismo se había apropiado de la fecha icónica generando un rechazo visceral en esa parte de la sociedad que cada vez tomaba mayor distancia de un populismo de izquierda, que se iba volviendo cada vez más autoritario, radicalizado y violento.

¿Habrá recuperado su esencia el 24 de marzo? ¿Se habrá liberado de sus apropiadores? Pero ¿cuál sería su esencia?

Para el reconocido historiador y periodista Marcelo Larraquy, autor de best sellers de investigación sobre la violencia política en los 70, es el 24 de marzo, y no el 10 de diciembre de 1983, la fecha fundacional que da inicio al consenso democrático que se fue construyendo durante las siguientes décadas. Proceso que culmina con la asunción de Raúl Alfonsín. Es el horror de la dictadura, cree Larraquy, lo que pone en valor a la democracia como sistema en la Argentina. Valores democráticos que no estaban tan claros, ni eran tan defendidos durante el siglo XX, plagado de golpes militares. Larraquy acaba de publicar Gordon (Sudamericana), una novela de ficción que reconstruye la historia de Aníbal Gordon, un delincuente común que se convirtió en un oscuro personaje de las bandas parapoliciales de la época.

En el laberinto de aquellos años de sacralización de los “fierros” hay muchas razones que explican la dificultad en su proceso de cicatrización. Pongamos algunas: que Mario Firmenich vuelva a agitar con sus videos y siga libre, cuando mandó a la muerte a una generación entera de jóvenes. Que Luis Mattini, nombre de guerra del líder del ERP, no haya pagado por sus múltiples crímenes, entre ellos el de María Cristina Viola, de tres años. Que algunos verdugos del capitán Viola, asesinado en democracia y sin ninguna participación en el terrorismo de Estado –vale recordar–, hayan sido premiados con una indemnización, mientras las verdaderas víctimas eran invisibilizadas. Un punto a destacar en esta historia: ser hijo de desaparecidos, durante el kirchnerismo, significaba tener sangre azul, mientras las otras víctimas debían ser corridas debajo de la alfombra para, supuestamente, no “opacar” el horror de la dictadura.

Ahora que la taba se dio vuelta, la existencia de esos muertos invisibilizados, no reconocidos, no llorados por quienes deberían velar por los derechos humanos de todos se vuelve más evidente. Claro que una cosa es la memoria completa y otra muy distinta es desconocer la existencia del terrorismo de Estado. Digamos todo: hay una línea en el Gobierno que pretende imponer este último objetivo en su batalla cultural.

Entre 1973 y 1976 hubo unos 1000 desaparecidos a manos de la Triple A, una organización que operaba al amparo del gobierno democrático de Perón. Son desapariciones muy incómodas para el peronismo. Entre 1973 y 1976 la guerrilla asesinó a 778 personas. El exfiscal del Juicio a las Juntas Luis Moreno Ocampo registra que, desde el asesinato de Aramburu en adelante, el terrorismo se cobró 782 vidas.

No solo hay muertos incómodos sino preguntas incómodas.

¿Acaso la violencia política que precedió el 76 no explica, en parte, lo que sucedió después?

¿Hubo una guerra revolucionaria o no? Con la democracia recién recuperada los ex-ERP y los Montoneros, que regresaban a la Argentina se reivindicaban como “combatientes” de una guerra que habían perdido, no como víctimas.

¿Por qué el dolor del hijo de Arturo Larrabure (un ingeniero al frente de la Fábrica Militar de Explosivos de Villa María, asesinado por ERP en democracia) o el de María Fernanda Viola vale menos que el de los familiares de los desaparecidos? El dolor no es de derecha ni de izquierda.

Tal vez llegó el momento de reconocer a las otras víctimas, las que no han tenido “sangre azul”. Esos muertos que el peronismo y los organismos de derechos humanos no solo se niegan a reconocer sino, también, a llorar.

Por Laura Di Marco

Seguir leyendo

Sin categoría

Entrevista con el biólogo Bruce Lipton

Publicado

el

¿Y si te dijeran que sos mucho más poderoso/a de lo que pensás y que podés moldear, en gran medida, tu biología cambiando tu sistema de creencias?

A contramano de lo que la vieja ciencia creía -que estamos absolutamente determinados por nuestros genes-, el biólogo Bruce Lipton, afirma y prueba que nuestros genes pueden ser transformados por nuestras percepciones.

Nombrado una de las 100 mentes más brillantes, lo entrevisto en exclusiva este viernes 22 de noviembre, a las 17hs, en vivo y en diferido en mi canal de Youtube.

Te dejo el link para que puedas entrar:

https://youtube.com/live/TDJeAy2sH5Y?feature=share

Seguir leyendo

Sin categoría

Cristina está matando al peronismo

Publicado

el

  • 23 de octubre de 2024
Ir a notas de Laura Di Marco

Laura Di Marco

PARA LA NACIÓN

Cristina estalló con una desafortunada frase presidencial: “Me encantaría meterle el último clavo al cajón del kirchnerismo, con Cristina adentro”. Ella actuó como ella: se victimizó y lo interpretó de un modo literal. “¿Así que ahora también me querés matar?”, sobreactuó por X. Una enorme actriz dramática, sin dudas. Lo paradójico es que, más allá de las metáforas poco felices, quien realmente está matando al peronismo –que incluye, desde luego, al kirchnerismo– es ella.

Cristina siempre tuvo una relación problemática con el padre del movimiento, que incluyó insultos a su figura (en privado, obviamente) y desprecio a sus leales, como muy bien solía relatar el fallecido y respetado Antonio Cafiero en sus imperdibles diálogos con su entonces compañera de bancada en el Senado. Fue el propio Cafiero quien acuñó aquella frase icónica sobre el 17 de octubre: “El peronismo necesita conmemorar el Día de la Lealtad porque es un movimiento lleno de traidores”. Son los actuales “Judas” y “Poncio Pilatos” de adentro, que tan bien supo detectar Cristina. De allí, su furia.

La clave del asunto es que, para revivir al peronismo, hay que traicionar al padre o a la madre política. Así fue siempre en la historia del movimiento, después de la muerte del líder, cuyo liderazgo era indiscutido. La reinvención va de la mano de un necesario recambio generacional y la construcción de una nueva narrativa que conecte con el ahora, pero, sobre todo, con el futuro.

Esa alma contingente, como diría el sociólogo Juan Carlos Torre, que mantenía joven al peronismo porque podía leer correctamente cada momento político, parece haber desaparecido. Cristina quiere capturar a los jóvenes, pero construye una oferta con José Mayans y Ricardo Pignanelli, mientras sus ojos en la nuca le hacen ver a Milei como un revival de Martínez de Hoz.

El mecanismo de reproducción del movimiento sigue una receta muy precisa: surge un líder novedoso, como Menem o los Kirchner, en su momento. Ese líder se presenta como “lo nuevo”, aunque su base sea la misma de siempre. En su narrativa de reconstrucción, el nuevo líder afirma que ahora sí estamos ante el auténtico peronismo, que él o ella pondrán en marcha al país, y que quien sea que haya estado antes traicionó al pueblo. Con este truco, por caso, nació la encarnación K: de un matrimonio que fue muy menemista en los 90, pero que debió abjurar del ideario de esa década para componer una nueva canción, en palabras del “Poncio Pilatos” bonaerense. Bajo este procedimiento, Eduardo Duhalde pasó de ser padrino de los Kirchner a “jefe de la mafia”.

Del mismo modo fracasó el intento de Alberto Fernández que, al no poder desprenderse de su madrina, jamás pudo lograr una encarnación novedosa, más allá de sus propias y enormes falencias políticas y personales.

En una palabra, es la sobrevida política de Cristina la que está trabando ese vivificante mecanismo de reproducción. Un mecanismo que es la gema del know how de nuestra The Crown. Luego de la derrota de 1983, el peronismo se reinventó mediante una interna y, de ese modo, logró hegemonizar los años que siguieron.

Como afirma el politólogo jesuita Rodrigo Zarazaga: la fragmentación de los partidos políticos afecta a todos los espacios, pero daña más al peronismo. ¿Por qué? Porque el movimiento creado por Perón le habla a un colectivo. Su “clientela”, por llamarla así, es un pueblo y un conjunto de trabajadores formales que hoy ya no existen. La columna vertebral está quebrada entre formales, informales y jóvenes a quienes no les interesa ser sindicalizados, ni mantener el mismo trabajo para toda la vida. Zarazaga, que lleva adelante profundas investigaciones en el conurbano, afirma, además, que cambió la identidad y la intensidad del peronismo en los barrios vulnerables. Pero sobre todo cambiaron las creencias y los valores de los más pobres. Hay nuevos modos en la pobreza, que los viejos popes peronistas no vieron venir. Aunque uno increíblemente sí “la está viendo”. Fue el periodista militante K Roberto Navarro.

“¿Ustedes vieron los actos de Milei? –se preguntó, días atrás–. Está lleno de gente humilde. ¡Milei se llevó a los pobres!”, gritó eureka, en plena epifanía. Fue en un editorial de su programa en el que, sin titubear, utilizó la palabra “llevar” para referirse a los pobres confirmando el viejo paradigma del peronismo: los ciudadanos menos favorecidos son de su propiedad. Y más aún: son fácilmente acarreables por migajas e incapacitados para elegir líderes nuevos.

El sueño oculto de Cristina, ya en la viudez y con la epopeya del 54% en las presidenciales de 2011, era ponerles una lápida a los “viejos carcamales” del PJ (así los llamaba ella) y construir, a través del kirchnerismo, una formación política superadora.

“Ustedes (los periodistas), que la critican tanto, algún día le van a tener que agradecer. Cristina va a correr del mapa a esta manga de impresentables”, afirmaba entonces un avezado operador radical K –que algunos sindicaban, incluso, como uno de los testaferros de Néstor Kirchner– en Cristina Fernández, la verdadera historia, la biografía no autorizada de la expresidenta. Pero la historia, caprichosa, fue completamente al revés. Despojada de otros poderes, Cristina se vio obligada a aliarse con los “impresentables” para pelear por lo que le queda: un sello con el que hoy se identifica apenas el 20% de la sociedad, según el consultor Juan Mayol (Opinaia) o, como máximo, el 30, como revelan las mediciones de Facundo Nejamkis, director de Opina Argentina.

Esta semana, Nejamkis presentó números sorprendentes sobre la interna peronista del 17 de noviembre. Ante la pregunta ¿con quién se siente más identificado?, realizada dentro del universo peronista, el 47% se inclinó por Kicillof y el 39%, por Cristina. ¿Y si el ex hijo político de Cristina le ganara la interna? Eso sí que sería matar a la madre, en términos metafóricos. Lo cierto es que, detrás del gobernador bonaerense, se alinean los que están hartos del látigo, el bullying político, el ninguneo y el sometimiento. Como se quejaba esa semana “el Cuervo” Larroque, examigo del alma de Máximo Kirchner y ahora ministro bonaerense: “No puede ser todo por la vía de la imposición”. Estamos asistiendo a un mix de The Crown y House of Cards.

Claro que Kicillof no es, precisamente, lo que podría llamarse un líder novedoso. Quería componer una nueva canción, pero terminó cantando la marcha peronista en el acto del 17 de octubre. Justo él que se formó en una agrupación estudiantil de izquierda (TNT) que detestaba al peronismo. La cara visible de su contienda es nada menos que Ricardo Quintela, que no es precisamente Churchill. Tampoco un líder disruptivo. Gobierna una provincia en llamas, donde 1 de cada 9 riojanos es empleado público, a quienes les paga con chachos. Detrás de Kicillof también se encolumna el tan poderoso como impresentable intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, investigado por presunto abuso sexual. No pareciera una escudería muy marketinera hacia afuera, pero sí podría serlo hacia dentro del PJ, a la hora de animársele a ella.

Lo cierto es que difícilmente se rearme el sistema político tal como lo conocimos. Como afirma el ensayista Giuliano Da Empoli, el exitoso autor de Los ingenieros del caos (libro que explica a los Milei y los Trump de la vida): nada volverá a ser como antes. No significa que lo actual sea bueno: significa que estamos ante un cambio de escenario que parece haber llegado para quedarse. El que no se reinvente corre peligro de muerte. Vale para todos, pero sobre todo para el peronismo.

Cristina estalló con una desafortunada frase presidencial: “Me encantaría meterle el último clavo al cajón del kirchnerismo, con Cristina adentro”. Ella actuó como ella: se victimizó y lo interpretó de un modo literal. “¿Así que ahora también me querés matar?”, sobreactuó por X. Una enorme actriz dramática, sin dudas. Lo paradójico es que, más allá de las metáforas poco felices, quien realmente está matando al peronismo –que incluye, desde luego, al kirchnerismo– es ella.

Cristina siempre tuvo una relación problemática con el padre del movimiento, que incluyó insultos a su figura (en privado, obviamente) y desprecio a sus leales, como muy bien solía relatar el fallecido y respetado Antonio Cafiero en sus imperdibles diálogos con su entonces compañera de bancada en el Senado. Fue el propio Cafiero quien acuñó aquella frase icónica sobre el 17 de octubre: “El peronismo necesita conmemorar el Día de la Lealtad porque es un movimiento lleno de traidores”. Son los actuales “Judas” y “Poncio Pilatos” de adentro, que tan bien supo detectar Cristina. De allí, su furia.

La clave del asunto es que, para revivir al peronismo, hay que traicionar al padre o a la madre política. Así fue siempre en la historia del movimiento, después de la muerte del líder, cuyo liderazgo era indiscutido. La reinvención va de la mano de un necesario recambio generacional y la construcción de una nueva narrativa que conecte con el ahora, pero, sobre todo, con el futuro.

Esa alma contingente, como diría el sociólogo Juan Carlos Torre, que mantenía joven al peronismo porque podía leer correctamente cada momento político, parece haber desaparecido. Cristina quiere capturar a los jóvenes, pero construye una oferta con José Mayans y Ricardo Pignanelli, mientras sus ojos en la nuca le hacen ver a Milei como un revival de Martínez de Hoz.

El mecanismo de reproducción del movimiento sigue una receta muy precisa: surge un líder novedoso, como Menem o los Kirchner, en su momento. Ese líder se presenta como “lo nuevo”, aunque su base sea la misma de siempre. En su narrativa de reconstrucción, el nuevo líder afirma que ahora sí estamos ante el auténtico peronismo, que él o ella pondrán en marcha al país, y que quien sea que haya estado antes traicionó al pueblo. Con este truco, por caso, nació la encarnación K: de un matrimonio que fue muy menemista en los 90, pero que debió abjurar del ideario de esa década para componer una nueva canción, en palabras del “Poncio Pilatos” bonaerense. Bajo este procedimiento, Eduardo Duhalde pasó de ser padrino de los Kirchner a “jefe de la mafia”.

Del mismo modo fracasó el intento de Alberto Fernández que, al no poder desprenderse de su madrina, jamás pudo lograr una encarnación novedosa, más allá de sus propias y enormes falencias políticas y personales.

En una palabra, es la sobrevida política de Cristina la que está trabando ese vivificante mecanismo de reproducción. Un mecanismo que es la gema del know how de nuestra The Crown. Luego de la derrota de 1983, el peronismo se reinventó mediante una interna y, de ese modo, logró hegemonizar los años que siguieron.

Como afirma el politólogo jesuita Rodrigo Zarazaga: la fragmentación de los partidos políticos afecta a todos los espacios, pero daña más al peronismo. ¿Por qué? Porque el movimiento creado por Perón le habla a un colectivo. Su “clientela”, por llamarla así, es un pueblo y un conjunto de trabajadores formales que hoy ya no existen. La columna vertebral está quebrada entre formales, informales y jóvenes a quienes no les interesa ser sindicalizados, ni mantener el mismo trabajo para toda la vida. Zarazaga, que lleva adelante profundas investigaciones en el conurbano, afirma, además, que cambió la identidad y la intensidad del peronismo en los barrios vulnerables. Pero sobre todo cambiaron las creencias y los valores de los más pobres. Hay nuevos modos en la pobreza, que los viejos popes peronistas no vieron venir. Aunque uno increíblemente sí “la está viendo”. Fue el periodista militante K Roberto Navarro.

“¿Ustedes vieron los actos de Milei? –se preguntó, días atrás–. Está lleno de gente humilde. ¡Milei se llevó a los pobres!”, gritó eureka, en plena epifanía. Fue en un editorial de su programa en el que, sin titubear, utilizó la palabra “llevar” para referirse a los pobres confirmando el viejo paradigma del peronismo: los ciudadanos menos favorecidos son de su propiedad. Y más aún: son fácilmente acarreables por migajas e incapacitados para elegir líderes nuevos.

El sueño oculto de Cristina, ya en la viudez y con la epopeya del 54% en las presidenciales de 2011, era ponerles una lápida a los “viejos carcamales” del PJ (así los llamaba ella) y construir, a través del kirchnerismo, una formación política superadora.

“Ustedes (los periodistas), que la critican tanto, algún día le van a tener que agradecer. Cristina va a correr del mapa a esta manga de impresentables”, afirmaba entonces un avezado operador radical K –que algunos sindicaban, incluso, como uno de los testaferros de Néstor Kirchner– en Cristina Fernández, la verdadera historia, la biografía no autorizada de la expresidenta. Pero la historia, caprichosa, fue completamente al revés. Despojada de otros poderes, Cristina se vio obligada a aliarse con los “impresentables” para pelear por lo que le queda: un sello con el que hoy se identifica apenas el 20% de la sociedad, según el consultor Juan Mayol (Opinaia) o, como máximo, el 30, como revelan las mediciones de Facundo Nejamkis, director de Opina Argentina.

Esta semana, Nejamkis presentó números sorprendentes sobre la interna peronista del 17 de noviembre. Ante la pregunta ¿con quién se siente más identificado?, realizada dentro del universo peronista, el 47% se inclinó por Kicillof y el 39%, por Cristina. ¿Y si el ex hijo político de Cristina le ganara la interna? Eso sí que sería matar a la madre, en términos metafóricos. Lo cierto es que, detrás del gobernador bonaerense, se alinean los que están hartos del látigo, el bullying político, el ninguneo y el sometimiento. Como se quejaba esa semana “el Cuervo” Larroque, examigo del alma de Máximo Kirchner y ahora ministro bonaerense: “No puede ser todo por la vía de la imposición”. Estamos asistiendo a un mix de The Crown y House of Cards.

Claro que Kicillof no es, precisamente, lo que podría llamarse un líder novedoso. Quería componer una nueva canción, pero terminó cantando la marcha peronista en el acto del 17 de octubre. Justo él que se formó en una agrupación estudiantil de izquierda (TNT) que detestaba al peronismo. La cara visible de su contienda es nada menos que Ricardo Quintela, que no es precisamente Churchill. Tampoco un líder disruptivo. Gobierna una provincia en llamas, donde 1 de cada 9 riojanos es empleado público, a quienes les paga con chachos. Detrás de Kicillof también se encolumna el tan poderoso como impresentable intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, investigado por presunto abuso sexual. No pareciera una escudería muy marketinera hacia afuera, pero sí podría serlo hacia dentro del PJ, a la hora de animársele a ella.

Lo cierto es que difícilmente se rearme el sistema político tal como lo conocimos. Como afirma el ensayista Giuliano Da Empoli, el exitoso autor de Los ingenieros del caos (libro que explica a los Milei y los Trump de la vida): nada volverá a ser como antes. No significa que lo actual sea bueno: significa que estamos ante un cambio de escenario que parece haber llegado para quedarse. El que no se reinvente corre peligro de muerte. Vale para todos, pero sobre todo para el peronismo.

Laura Di Marco

Seguir leyendo

Trending