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Cristina Pérez anunció que deja el noticiero de Telefe: “Es hora de renacer”

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La periodista se refirió a la designación de Luis Petri, su pareja, como ministro de Defensa de la Nación y habló de su futuro profesional

9 de diciembre de 2023

LA NACION

Tras dos décadas de formar una de las duplas más exitosas de la televisión argentina, Cristina Pérez anunció que dejará de conducir junto a Rodolfo Barili Noticias a las 20 (Telefe). La conductora contó la noticia este sábado en La Trama (LN+), en el marco de una entrevista mientras presentaba su libro “Tiempo de renacer”.

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En el momento en el que le consultaron sobre cómo veía a su pareja, Luis Petri, como ministro de Defensa en la presidencia de Javier Milei, la periodista expresó: “Aquí con la salvedad de que tengo un vínculo personal con Luis, él es una persona obsesiva en formarse en los temas y desde que lo designaron se está formando profundamente en hacerse un plan de trabajo. Él es experto en seguridad, con lo cual no son temas novedosos para él, pero por supuesto acá también tenemos que esperar el plan grande”.

Cristina Perez anuncio que deja el noticiero de Telefe: "Es hora de renacer"

En ese sentido, una de las panelistas la interrumpió y le preguntó: “Perdoname que me meta, pero las colegas mujeres tenemos una duda ¿Cómo vas a llevar tu profesión con un ministro…”. Mientras terminaba de reformular la pregunta, Pérez la interrumpió y, entre risas, lanzó: “Pensé que me ibas a decir que era guapo”. “Que además es muy guapo”, siguió la periodista y terminó: “Con un ministro que va a ser protagonista, no va a ser un funcionario menor”.

Presentación del libro de Cristina Pérez
Presentación del libro de Cristina PérezRS Fotos

“Este proceso lo tengo hecho, porque la cuestión me vino como un dilema cuando lo eligieron como precandidato a vicepresidente, y yo traté de tomarlo como una oportunidad. Entonces para mí va a ser intentar cosas que antes no me hubieran dejado intentar, porque el noticiero, a diferencia de un programa de opinión personal que lleva mi nombre, busca otras distancias. Ahora estamos hablando con el canal de un programa para mí el año que viene”, manifestó.

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En esa línea, Laura Di Marco le preguntó si iba a reperfilar su rol. “Sí, voy a reperfilar”, contestó, con seguridad y la conductora del ciclo celebró la primicia. Ante las preguntas sobre de qué tratará el programa en el que estará, comentó: “Estamos viendo. Por supuesto que también están algunos trabajos especiales que estoy haciendo para el noticiero, así que yo lo vivo como una oportunidad. A parte hace treinta y pico de años que hago noticiero”.

Presentación del libro de Cristina Pérez, "Tiempo de renacer"
Presentación del libro de Cristina Pérez, “Tiempo de renacer”RS Fotos

Buscando una respuesta concreta, Di Marco repreguntó: “Entonces, ¿vas a dejar el noticiero?”. “Hoy sí. Esto es nuevito, pero es así”, aseguró y la comunicadora indagó: “¿El programa es político o no es político?”. “No te puedo decir de qué va a ser porque si no me matan, pero también es tiempo de renacer, como mi libro”, señaló y mostró la tapa de su libro.

El mensaje de Cristina Pérez tras la designación de Luis Petri como ministro de Defensa

El 4 de diciembre, el presidente electo, Javier Milei emitió un comunicado de prensa con el que anunció a Luis Petri como ministro de Defensa de la Nación y su mujer no tardó en felicitarlo en público.

El mensaje de Cristina Pérez hacia Luis Petri por su designación como ministro de Defensa de la nación (Foto: capturaX/@Cris_noticias)
El mensaje de Cristina Pérez hacia Luis Petri por su designación como ministro de Defensa de la nación (Foto: capturaX/@Cris_noticias)

Pérez utilizó su cuenta de X (antes Twitter), para replicar aquel mensaje y escribirle unas sentidas palabras. “Esta vez no hablo como periodista. Quiero felicitar a mi marido @luispetri por su designación como ministro de Defensa en el gobierno del Presidente Milei. Sé que su profunda vocación política, su incansable preparación y su honestidad lo guiarán en el servicio público. Te amo, mi amor”, expresó.

LA NACION

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Entre matones de autos blindados y golpistas pochocleros

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24 de enero de 2024

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Laura Di Marco

PARA LA NACION

A 44 días de haber sido elegido por 14 millones de argentinos, Javier Milei afrontó ayer el primer paro de una CGT que permaneció cuatro años en estado vegetativo –1700 días para ser más exactos–, mientras la inflación del 200% devoraba los ingresos formales y, mucho más vorazmente, los informales. El último paro de estos extraños ejemplares fue el 29 de mayo de 2019, durante el gobierno de Macri. Obvio.

Un gráfico del economista Fernando Marull detalla la foto cruda de la caída del salario real: desde 2016, los ingresos informales han perdido el 56% de su poder adquisitivo. Hablamos de la orfandad económica de la mitad de los argentinos que trabajan y que no pueden darse el lujo de las paritarias, como sí lo hace la oligarquía sindical.

Es que el abominable mercado viene haciendo el ajuste por su cuenta desde hace rato, un detalle que se le escapa a Pablo Moyano, devenido matón. Ayer, el más violento de los Moyano no tuvo mejor idea que amenazar con tirar al Riachuelo al ministro de Economía de un gobierno que fue votado para arreglar el descalabro que agudizó su propio candidato presidencial. Sergio Massa agregó, en apenas un año de gestión, casi tres millones de nuevos pobres. También Hugo Yasky justificó los 1700 días de silencio de sus compañeros con el desopilante argumento de que, durante el gobierno de Alberto, había paritarias y empleo.

Como dirían los libertarios: no la ven. ¿O será que no la quieren ver? Otro que no la ve o que no la quiere ver es el “golpista pochoclero” Pepe Albistur. O el pope sindical Héctor Daer, que también amenazó con escrachar a los diputados que aprueben la ley ómnibus o el DNU, desde la comodidad de su Audi.

Audi y Daer reproducidos al infinito por las redes sociales, una de las auténticas llaves del cambio. Cuando posteó la foto, Nik, el dibujante de Gaturro, se preguntó: ¿cómo hacen los sindicalistas para andar en autos de 120.000 dólares? Ni en sus sueños más revolucionarios Alfonsín habría podido imaginar lo fácil que puede ser exponer a la Argentina corporativa, a través de imágenes en X, Facebook, TikTok o Instagram.

De hecho, lo que no lograron Alfonsín ni Macri probablemente lo logre el tiempo. El tiempo y una nueva generación de argentinos que percibe a la vieja casta sindical como quien observa una antigualla de la Segunda Guerra Mundial. Dinosaurios pronunciando palabras que no entienden. Matones confiando en un poder extorsivo que se les esfuma. Millonarios a caballo de una revolución tecnológica que les roba, a tajadas, rebanadas de influencia. Lo “viejo” no está en su edad sino en su mentalidad.

Y, sin embargo, los viejos jerarcas mantienen sus privilegios. Durante el gobierno de Macri se trabajó políticamente para que los Moyano de la vida presentaran declaraciones juradas. No lo lograron. ¿La excusa legal? Aunque manejan millones de sus afiliados, no son funcionarios públicos. Pasado en limpio: si se enriquecen y no lo pueden justificar, no es delito. A lo sumo, y como cualquier ciudadano, afrontarán problemas impositivos. Hay varias causas, pero ninguna condena, por lo que todos sospechamos: la mayoría de los líderes sindicales –sobre todo, los que desde hace décadas están sentados en sus poltronas– son proveedores de sus propios sindicatos, a través de empresas gerenciadas por testaferros: a veces, incluso, por sus propias esposas. Hay algunos que hasta son dueños de diarios y canales de televisión.

Asistimos a un mundo nuevo que puja por nacer, mientras que el viejo no termina de morir. Un ejemplo: solía decirse que un presidente necesitaba 100 millones de dólares para llegar a la Casa Rosada y un enorme aparato. La llegada de Milei al poder desmintió esa máxima. Hay “verdades” consagradas de un viejo paradigma que deberían revisarse. De nuevo, no se trata de Milei sino de un cambio más global y profundo, aunque cambio no siempre signifique algo bueno. De hecho, no lo sabemos.

Otro ejemplo: el “golpista pochoclero” fue denunciado dos veces por su provocador video desde una reposera en Cariló. Primero lo hizo el abogado penalista Jorge Monastersky y luego una ciudadana de a pie, que simplemente entró a Comodoro Py y lo denunció por incitación a la violencia. Argumentó que Albistur no es un ciudadano común sino un publicista del peronismo, al que le ha ido muy bien, y que además conoce el poder de fuego de las palabras. La causa tramita en el juzgado de Ercolini.

El sonoro silencio de Kicillof ante el aberrante asesinato de Uma, hija de un custodio de Patricia Bullrich, no le impidió protestar en la movilización de la CGT. Fue tranquilo, a pesar de que en los últimos diez días se cometieron diez asesinatos en la provincia que gobierna. Kicillof llegó con increíbles laderos, entre ellos el Cuervo Larroque, que esta semana tuvo una brillante idea: colocar una pileta en una cárcel de Virrey del Pino desde donde los propios presos se grabaron, disfrutándola, con sus teléfonos celulares. Argentina, no la entenderías.

Laura Di Marco

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¿Hay que temerle a Milei? Claroscuros de un presidente atípico

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11 de enero de 202400:17

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Laura Di Marco

PARA LA NACION

“A mí no tienen que evaluarme con un político tradicional”, le decía, pacíficamente, Javier Milei esta semana a una periodista con la que tiene trato diario, en la Casa Rosada. Lo dice en la misma semana en la que estalló desproporcionadamente contra otra periodista, a raíz de una información errónea sobre sus perros, un punto de extrema sensibilidad para él, aunque una minucia en medio del maremoto de urgencias en el está embarcada la Argentina. ¿Quién de los dos es Milei? Ambos, tal vez.

Hacía muchos años que los argentinos no discutíamos temas tan profundos y sensibles como los contenidos en los más mil artículos que, entre la Ley Ómnibus y el DNU, Milei envió a un Congreso poco entrenado para esta gimnasia de alto rendimiento. Una clase política mareada por la derrota, a la que le dieron vuelta de golpe el escenario. Un giro que reconfiguró, incluso, al propio Congreso: topadora Milei eliminó de un plumazo la grieta K-anti K, que dominó al Parlamento durante las últimas dos décadas. Ahora, hasta se los ve a los legisladores trabajando a full, en pleno enero. Primer triunfo de la motosierra: la “casta” se quedó sin vacaciones.

Desde esta semana, el plenario en Diputados está cruzado por gritos, reproches, pero también con debates sobre asuntos medulares, en un abanico que va desde modificaciones en la educación -como la exigencia de un examen al finalizar la secundaria o la habilitación de los padres para que supervisen las notas de sus hijos- hasta la Ley de Pesca. Desde un proyecto de defensa de la competencia -una herramienta orientada a corregir la distorsión de los oligopolios- hasta los privilegios de la industria farmacéutica o de la casta sindical.

“Cada cosa que toca es un tongo”, afirma un dirigente que almorzó recientemente con Milei. Y agrega: “no va a bajar sus banderas esenciales, aunque al programa que le armó Sturzenegger lo va a tamizar con la política. No se va arriesgar a que todo fracase por no ceder en temas secundarios”. Ese es uno de sus problemas: mezclar lo esencial con lo accesorio.

En el grupo más cercano al presidente ronda el fantasma del fracaso de Ley Mucci, un proyecto de democratización sindical desbaratado por el peronismo, en los albores de la primavera democrática. La obsesión de Milei es, claramente, la reforma económica y, en ese plano, afirman quiénes hablan con él, está dispuesto a morir con las botas puestas.

La excentricidad del personaje atrae a la prensa del mundo, tanto o más que, en su momento de gloria, lo hacía Cristina Kirchner. Un equipo francés esta grabando en Buenos Aires un documental sobre el libertario para la TV nacional francesa. “Milei es una telenovela. Huele a drama”, afirma Robin Milner, uno de sus productores. Las primeras imágenes que llegaron a su país del nuevo presidente fue la de un outsider con pelo enrevesado, que conectaba fuerte con la sociedad, blandiendo una motosierra en medio de una multitud. “Eso nos asustó, pero a la vez nos generó mucha curiosidad”, afirma el francés, quien compara a Milei con la ultraderechista Marine Le Pen.

¿Será una comparación acertada o, como dice el propio Milei, habrá que abandonar las categorías clásicas de la política, como las europeas, para analizarlo?

Una postal de esta semana revela la magnitud del cambio. El flamante secretario de Integración Socio Urbana (Sisu), Sebastián Pareja, estrecho ladero libertario, le anunciaba a la tropa de Juan Grabois la caída de sus contratos. Cuando en la era Macri, sus funcionarios quisieron aplicar la motosierra gradualista en territorio piquetero, no pocos terminaron físicamente enfermos. Un tema del que se habla poco.

¿Hay que temerle a Milei?

Si al libertario le agarran ataques de furia por la red X y arremete contra periodistas, Néstor y Cristina financiaban escraches en medios del Estado, con programas corrosivos como 6,7,8; perseguían a medios con la AFIP y no dudaban en usar el aparato cultural, que alimentaban con dinero del Estado -o sea, de todos- para asociar a la prensa crítica con la última dictadura. Al lado de la perversidad orquestada por el matrimonio patagónico contra opositores y medios -uno de sus blancos predilectos-, los desbordes del nuevo presidente parecen, más bien y por ahora (habría que subrayar el “por ahora”), pataletas solitarias de su costado más infantil. Allí donde en Milei hay berrinches contra la “casta” o la prensa, en los Kirchner había una aceitada escuela de cálculo y estrategia.

Aunque con un final completamente incierto, la excentricidad del personaje logró lo que ninguna fuerza opositora había podido: poner en debate, incluso en sectores populares, ochenta años de populismo en la Argentina y disparar, en el Congreso, uno de los debates democráticos más ricos de los últimos cuarenta años.

Laura Di Marco

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El peronismo, ante un derrota histórica: la maquinaria invencible que cayó ante un outsider

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¿Ganó Milei o perdió una estructura que hizo de la trampa su marca y de la mentira su narrativa? El factor de la esperanza “de última hora”

22 de noviembre de 2023

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Laura Di Marco

No ganó la izquierda, ni la derecha. La palabra que más se escucha desde el domingo a la noche es libertad. Quien mejor editorializó este balotaje histórico fue el empresario Marcos Galperín en X. Después de la victoria arrasadora de Javier Milei, el innovador archienemigo del populismo autoritario que tiene atrapada a la Argentina desde hace 77 años, solo escribió una palabra en la red de Elon Musk: ¡Libres!

¿Ganó Milei o perdió una maquinaria que hizo de la trampa su marca, de la mafia su fuente de financiamiento, de la mentira su narrativa, de la manipulación su mantra y de los cepos su Biblia? Alivio, reivindicación. Perdieron los soberbios, los prepotentes, los fulleros, los que humillaron durante dos décadas a quienes pensaban diferente. Fueron derrotados los que se creían los dueños de la verdad. En medio de la asfixia, el aire empezó a circular de un modo diferente.

La derrota del peronismo, antes que el triunfo de Milei, logró el milagro de generar una luz de esperanza en millones de argentinos que jamás habrían elegido al libertario como primera marca, pero que a último momento se inclinaron por él, en una íntima decisión adentro del cuarto oscuro, como un último recurso en busca de la liberación.

Un empresario textil, dueño de una pyme, lo explicaba así en un grupo focal: “no sé qué va a hacer Milei con mi sector, tampoco es que me encante. A mí la apertura indiscriminada de importaciones me mató en la época de Menem. Tal vez personalmente me convendría que sigan éstos, pero no me importa. Es que no los puedo soportar más”. El razonamiento de este empresario pyme, que refleja el de tantos argentinos, explica por qué el voto en blanco quedó tan acotado el 19 de noviembre. La mayoría de quiénes votaron a Juntos por el Cambio en octubre y que, inicialmente, pensaron votar en blanco, cambiaron de opinión sobre la hora y optaron por el libertario.

¿Será Milei el candidato correcto? ¿Lo dejará gobernar el entramado corporativo? ¿Inaugurará una nueva etapa a lo Menem o será solo un paréntesis en medio de otra encarnación peronista? ¿Tendrá el mismo destino que otros outsiders que emergieron en América Latina en los últimos años, como Pedro Castillo en Perú Gabriel Borich en Chile o seguirá, más bien, el derrotero de Bolsonaro y de Trump? ¿Soportará la presión, sin un entorno familiar contenedor como, por caso, tenía Mauricio Macri?

Preguntas sin respuesta aún que atraviesan, ahora mismo, las conversaciones de los argentinos, en un país anonadado por la victoria rotunda de un amateur que logró empalidecer aquel 54 por ciento, de 2011, que Cristina se cansó enrostrarles a sus críticos. El ex standupero, como diría Massa, se alzó con casi el 56 por ciento de los votos, encarnando el repudio a una casta política que se oligarquizó y empobreció al país. ´

Varios datos novedosos. En ese voto transversal del 55, 69 %, una gran parte del 40 por ciento de los más vulnerables le quitó el cuerpo a la madrecita de los pobres en su propio territorio, la provincia de Buenos Aires. Allí, Javier Milei se impuso en 108 de los 135 distritos. En la madre de todas las batallas, solo resistió el conurbano y, sobre todo, La Matanza, el showroom del kirchnerismo. Una parte significativa de los sectores populares no se dejó manipular y, por el contrario, se jugó con una audacia sorprendente.

Otro dato novedoso: Milei no se dedicó tanto a desenmascarar las mentiras de la narrativa kirchnerista, como hizo Juntos por el Cambio desgastándose en la grieta k-antik. Un método que parecía fallido y que le valió críticas en el debate. Milei, un avezado economista, no había logrado quitarle la careta al ministro-candidato y sus desbarajustes. En cambio, ensayó una estrategia nueva. Inauguró una narrativa propia, que cautivó a los jóvenes: ¡Viva la libertad, carajo! Motosierra. Casta. Dolarización. Futuro. Parece que del laberinto populista se sale por arriba.

El domingo 12, durante el debate, parecía que el profesional Massa se lo había devorado al inexperto Milei. Pero, con el correr de los días, la taba se fue dando vuelta. En los focus group, afirma la consultora Mariel Fornoni, la gente se expresaba así: “nos habíamos olvidado de lo soberbio, canchero y patotero que era Massa”. La puja discursiva les refrescó la memoria para mal. La carta massista, supuestamente matadora, del rechazo a un joven Milei en una lejana pasantía en el Banco Central terminó de sepultarlo, pero no al libertario sino al propio Massa.

Las sociedades -y esto lo sabe de sobra Jaime Durán Barba– siempre terminan aliándose con aquel que perciben como el más débil.

El "profesionalismo" de Massa en el debate parece haber jugado en su contra
El “profesionalismo” de Massa en el debate parece haber jugado en su contra
GODOY CAMILA/TÉLAM – GODOY CAMILA/TÉLAM

Lo cierto es que este outsider, que creció al calor de los paneles de la TV y de las redes sociales, logró desafiar a la Iglesia -el Papa instó a no optar por “falsos mesías”-, a la mayoría de los medios de comunicación y sus editorialistas, al mercado (que claramente prefería a un Massa menemizado), el círculo rojo (que le temía), al aparto del PJ (que lo infiltró), a los sindicatos (que le mostraron sus dientes), al establishment cultural (que lo asoció con la dictadura) y, por si fuera poco, a una fenomenal campaña del miedo en la que se invirtió, sin éxito, ni pudor el 1,5 del PBI para demonizarlo. La campaña política más cara de Occidente, como diría María Eugenia Talerico, la ex senadora opositora que denunció a Massa ante la Justicia.

Sin ponerse colorado, el actor y escritor Gonzalo Heredia, emergente de un colectivo de artistas que se manifestó en contra del libertario, se mandó con un tuit sincericida. “¡Qué fraude que no haya habido fraude!”.

Pero nada logró detener la extraordinaria autonomía de una ciudadanía sobre la que, cada vez, es más difícil influir. Y un hecho político inédito en la historia del peronismo: la deserción de los propios. Como diría el sociólogo Juan Carlos Torre, el partido de Perón protagonizó el último domingo un streaptease de una fragilidad escandalosa.

Un clásico historiador del peronismo, Torre explicó la crisis que viene atravesando esta fuerza hegemónica, en una reciente nota con La Nación: “por largos años, el peronismo se caracterizó por esto: los votantes peronistas solo votaban peronismo. Nunca votaban candidatos no peronistas. Ahora, muchos votantes de Milei vienen del peronismo. En 2015, hubo que importar a un hombre del menemismo, Daniel Scioli. En la última ocasión, hubo que importar a un crítico furibundo del kirchnerismo, Alberto Fernández. La última es el nombramiento y el eclipse inmediato de Wado de Pedro, que duró un día. Todo esto, en un partido que siempre se pensó como el partido natural de la Argentina, fue la confesión de una fragilidad inédita”.

Los memoriosos compararon el escrache que sufrió Milei en el Teatro Colón, a menos de 48 horas del balotaje, con el cajón de Herminio Iglesias, en la campaña de 1983. Es que, como decíamos, la gente suele ponerse de lado de quién percibe como víctima y termina castigando al agresor, de allí que usualmente las campañas negativas terminen fracasando.

Julio Bárbaro, testigo viviente de aquel error político, lo suele recordar así: “El día del cierre de campaña de la UCR en la 9 de Julio, íbamos a Chaco en un avión de Bunge y Born(ÍtaloLuder pidió sobrevolar por allí y vimos una marea humana. El silencio total que se instaló en el avión fue atronador”.

El peronismo estaba a las puertas de su primera derrota electoral en la historia democrática. Un fracaso que lo mostró vulnerable. Luego sobrevino una larga crisis, hasta que nació el peronismo renovador. Pero esta vez es muy diferente. La maquinaria todopoderosa cayó frente a un outsider; un hombre solo que hasta hace, apenas, dos años era un entrevistado desopilante y rendidor en los programas de TV.

El pase de facturas por la derrota no tardará en llegar. La interna contenida, igual que los precios pisados de la economía, promete ser turbulenta. Si algo caracteriza al peronismo es que frente a los perdedores no tiene piedad.

Laura Di Marco

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