Columna LN
La voz de Fabiola, una bomba neutrónica sobre el pseudoprogresismo K


PARA LA NACION
La voz de Fabiola ha terminado de dinamitar lo que quedaba del pseudoprogresismo K. Si cuando estaba peleado con Cristina Kirchner Alberto prometió acabar con el kirchnerismo, su promesa parece haberse materializado con creces en los últimos días. Tal vez deberíamos haberlo captado de un modo literal. El testimonio de Fabiola sobre la violencia de género que padeció mientras fue primera dama –violencia que su exmarido jamás desmiente en los chats que se filtraron– tuvo el efecto de una bomba neutrónica sobre la bandera feminista, que, aunque tiene más de cien años de historia en la Argentina, en los últimos años había sido apropiada por Cristina y sus seguidores.
¿Alguna fuerza política recogerá esa bandera, en lugar de aguijonearla como hacen los libertarios? ¿Los radicales, el centro político? Parece un buen momento para poner las cosas en su lugar y reapropiarse de la defensa de los derechos de las mujeres –una defensa poco creíble hoy en manos del peronismo– y en sintonía con el clima de época del mundo occidental.
La voz de Fabiola –que nadie conocía hasta el momento– dejó mudos y confundidos a los protagonistas de la constelación K. Los dejó mareados, peleados, contradictorios, shockeados. Dijeron barbaridades, luego se desdijeron. Los operadores más avezados, viejos lobos de mar, aprovecharon el affaire para armar dudosas teorías conspirativas que no llegan a tapar el sol con la mano. Fabiola habría llegado a declarar que Fernández le pegaba cachetazos a diario delante de su hijo de dos años y que le habría dado una patada en la panza, mientras estaba embarazada. Ayer, ante el juez Ercolini, explicó que había empezado a consumir alcohol después de un aborto que el propio Fernández le había obligado a practicar.
No solo el peronismo quedó mudo. También las exparejas de Alberto Fernández. Ni Marcela Luchetti, madre de su hijo Tani, ni Vilma Ibarra salieron a defenderlo públicamente frente a acusaciones tan graves. Al menos, no hasta ahora.
La socióloga Dora Barrancos, de 83 años, leyenda viviente del feminismo en la Argentina y exdirectora del Conicet, quedó envuelta en una guerra de guerrilla en las redes. Según el portal de Horacio Verbitsky, El Cohete a la Luna, en un chat con científicos, Barrancos –una vaca sagrada de la academia– habría escrito: “Estoy en condiciones de asegurar fehacientemente que nunca A.F. agredió físicamente a Fabiola. Ella arrastra una compleja situación psíquica, a lo que se unió su adicción alcohólica”.
LA NACION le consultó a Barrancos si esas afirmaciones eran reales, pero ella no respondió. La autora de numerosos libros sobre feminismo y, referente indiscutida (hasta ahora) en el área no solo le dio cursos sobre políticas de género y diversidad al propio presidente Fernández sino que también dictó clases de feminismo para la policía y las Fuerzas Armadas. Barrancos ha sido una suerte de emblema que el kirchnerismo exhibió en viajes y eventos como un símbolo intelectual de las nuevas generaciones de derechos.
Atendiendo a este rol, Fernández se comunicó con su antigua maestra para explicarle “su” verdad, tal como lo había hecho con los más íntimos. Por ejemplo, con Luis D’Elía. En ese diálogo, Barrancos le habría dicho:
“No tenés que explicarme nada. Mi esposo atendió a Fabiola y yo conozco toda la verdad”.
D’Elía no estuvo tan empático: le aconsejó a Fernández que se pegara un tiro en la cabeza (y luego fue denunciado por instigación al suicidio). El esposo de Barrancos es el médico acupuntor Eduardo Moon, quien sería testigo en la batalla legal contra Fabiola. The Crown es La Cenicienta al lado de la novela del peronismo.
Las preguntas que se abren para Barrancos y algunos voceros kirchneristas que le echan la culpa a la víctima son muy concretas.
Siguiendo el razonamiento de la socióloga: ¿la supuesta “compleja situación psíquica” de Fabiola la hace merecedora de golpes o, más bien, de un tratamiento? ¿Y qué hay del resto de las mujeres que Fernández grababa, como trofeos, en su despacho? ¿También ellas padecían de una “compleja situación psíquica”?
Yañez aseguró, en la entrevista con Infobae, que las mujeres con las que su marido habría tenido affaires –y fotografiaba desnudas, según su testimonio– le enviaban a su propio teléfono imágenes de esos encuentros, tal vez en un amago de sororidad. ¿O de perversidad?
Otra que no tuvo ni una pizca de sororidad fue la periodista militante Julia Mengolini, cuando no titubeó en ningunear la voz de Fabiola –dijo que “vale poco”–, a contrapelo del mantra feminista “yo te creo”. Mengolini y el inefable grouchomarxismo K.
¿Para qué grababa Fernández a las mujeres con las que supuestamente estaba? ¿Qué pasa por la cabeza de un hombre que le da a su mujer –y a su pequeño hijo para que juegue– un celular con videos eróticos o en obvias situaciones de coqueteo?
El psiquiatra Enrique de Rosa Alabaster, director de la Asociación Argentina de Victimología, asocia las filmaciones con episodios fetichistas, donde las mujeres ocupan el lugar de trofeos de guerra. “Muy típico y común del macho alfa”. Una satisfacción autoerótica, cuya narrativa es: “yo pude estar con Fulana y la hice hacer esto”. Son relaciones de sometimiento, aunque las grabaciones hayan sido voluntarias. Al menos en la filmación que se viralizó con una periodista en la Casa Rosada, él parece estar tomándole examen.
¿Por qué Alberto Fernández dice “no recordar” el diálogo por chat con Fabiola de agosto de 2021 –el período en el que se conoció la foto de Olivos– cuando ella le reprocha por los golpes recibidos durante tres días seguidos? Es más, ¿por qué desaparecieron esos chats del celular incautado al expresidente?
Muchas preguntas para los intelectuales del kirchnerismo, que dejan en claro que una gran formación intelectual no necesariamente otorga sentido común ni discernimiento. Que Barrancos sea defensora del feminismo es una suerte. No podemos ni imaginar qué habría dicho si abonara en las filas del machismo.
¿Estuvo extorsionando Fabiola a Alberto Fernández? Eso no se puede descartar. Ser víctima en cualquier situación, incluso en asuntos de violencia de género, no vuelve heroína a nadie. Creer en un mundo de buenos y malos es entrar en la lógica infantil de los cuentos de hadas.
Quizá sin saberlo, Alberto Fernández eligió la misma estrategia que los defensores de Carlos Monzón hace 36 años, cuando aún ni se hablaba de violencia de género. La serie de Netflix sobre la vida del boxeador muestra cómo su equipo de abogados elige deliberadamente a una mujer como defensora de un femicidio con la idea de generar empatía frente a la platea femenina. Fernández designó a Silvina Carreira guiado por esa idea. “Si puede dar una nota televisiva, no la revictimiza tanto la situación”, arrancó Carreira. La empatía te la debo.
La que no tuvo piedad con su fallida criatura fue Cristina Kirchner. Ella sí que le creyó a Fabiola. Aunque le es imposible despegarse del presidente que ella misma inventó, nunca dudó de los golpes ni de la veracidad de las fotos que “delatan los aspectos más sórdidos y oscuros de la condición humana”. Cristina siempre lo supo.
¿Y qué puede pasar ahora con el peronismo, luego de la implosión de la encarnación K? Para el historiador Loris Zanatta, una vuelta al conservadorismo y a la raíz nacional católica del peronismo clásico.
Cristina lo diría de un modo más coloquial: más perdidos que turco en la neblina. Aunque ahora la frase, dirigida inicialmente hacia los Milei boys, aplica perfectamente a ella y los suyos. Nunca escupas hacia el cielo.ß
Columna LN
Narrativa y misticismo, el triángulo esotérico del Presidente

PARA LA NACION
Santiago Caputo, el mago del Kremlin, el monje, las manos del rey, tiene tatuada en la espalda la psicografía del Hombre Gris dibujada por el vidente argentino Benjamín Solari Parravicini. Una psicografía o predicción que presuntamente advertía, décadas antes de que sucediera, el advenimiento de Javier Milei, el hombre que salvaría a la Argentina.
Al menos así surge de la interpretación del grupo Las Fuerzas del Cielo o el llamado Grupo de los Seis, jóvenes tuiteros que rodean al asesor estrella del Presidente, fanáticos de Parravicini, liderados por Agustín Romo y el Gordo Dan. De hecho, fue Romo quien le regaló a su jefe dos gigantografías que Caputo luce en su despacho: las de El Hombre Gris y Faro de Faro. De ahí el nombre de su fundación, Faro. Romo es un gran batallador en contra de la “ideología woke”.
Misticismo y política cada vez se tejen con más nitidez en la narrativa libertaria, en la que el Presidente está rodeado, más que por un triángulo de hierro, por un triángulo esotérico. Es en este contexto en el que hay que comprender la reciente reunión, en su oficina de la Casa Rosada, entre Santiago Caputo y la sobrina nieta de Parravicini, Marcela Podestá Costa. La invitada fue recibida durante dos horas y homenajeada con una selfie, en la que se recorta, detrás, la gigantografía del Hombre Gris, la misma que el consultor se tatuó en el cuerpo cuando prometió (y acertó) que el libertario saldría primero en las PASO de 2023. La anécdota es relatada en Las Fuerzas del Cielo (Planeta), el próximo libro del periodista Juan Luis González, quien ya antes había publicado la exitosa biografía presidencial El Loco.
En esta cosmovisión, también muy presente en la hermana presidencial, Milei, más que un líder político, sería una suerte de enviado por el “Uno” –así llama el Presidente a Dios– y también blindado por él. Los intelectuales y políticos que se quejan del poco cuidado institucional de LLA deberían observar la escena desde este panóptico libertario: solo desde ese sitio todo se decodifica mejor. Del mismo modo hay que leer la frase de cabecera presidencial, que no es política, sino espiritual: “La victoria en la batalla no depende de la cantidad de soldados sino de las fuerzas que vienen del cielo”. Una cita del Libro de los Macabeos. Un dato revelador: en el debut de la agrupación Las Fuerzas del Cielo, en noviembre pasado, los jóvenes mileístas lucieron el pin de la “cruz orlada”, otro fetiche de la simbología de Parravicini. La misma cruz fue exhibida por Caputo y su tropa en la última apertura de las sesiones ordinarias en el Congreso.
No es la primera vez que Podestá Costa visita la Casa Rosada. Hace un año, también se reunió con los hermanos Milei en la Casa Rosada, a quienes les llevó como obsequio aquella cruz insignia de su tío abuelo, aunque luego se quejó por su uso político. Contradicciones esotéricas.
Los caprichos del destino conectan a Parravicini con la astróloga Ludovica Squirru. El abuelo de Ludovica, Carlos Squirru, era amigo del Nostradamus argentino. Parravicini le llevaba sus revelaciones, canalizadas según Parravicini, por el arcángel San Gabriel.
Adentrarse en el mundo de los hermanos Milei es alumbrar un territorio en el que la política, lo público, lo privado y sobre todo lo místico se funden en un mismo universo. Las fronteras son difusas y confusas. Las lógicas, diferentes de todo lo conocido. Se trata de un territorio plagado de brujos, rabinos esotéricos, revelaciones, apariciones y terapias alternativas, muchas de ellas convalidadas y adoptadas por parte de la sociedad –es importante recalcarlo–, sobre todo por las clases medias urbanas. La ciencia tradicional es otro blanco de esta cultura emergente.
En su reciente biografía sobre Karina Milei (Karina. La Hermana. El Jefe. La Soberana, de Editorial Sudamericana), Victoria De Masi, su autora, relata cómo se suben o se bajan peldaños en La Libertad Avanza. “Karina te escanea y sabe –advierte De Masi–. Si tu energía es baja, es suficiente para que te expulsen del movimiento. Lo importante para ellos es vibrar alto”. Podría traducirse con otra frase de Milei: “Los argentinos de bien”. Otra frase de la cultura espiritual, no de la política tradicional. Lo mismo podría decirse del nombre que les otorga a sus enemigos. A Larreta lo ha bautizado “El Siniestro” y a los “zurdos”, “enfermos del alma”.
El historiador italiano Loris Zanatta diría que todos los populismos son, en el fondo, mascaradas de religiones que dividen al mundo entre buenos y malos. Y que cada populismo tiene a sus propios buenos y malos.
Juan Luis González cuenta en El Loco que Milei padeció una profunda crisis personal en la pandemia. Durante aquella peste habían fallecido su terapeuta y uno de sus cinco perros, clonados de Conan. De aquella crisis lo rescató su hermana Karina. Tan mal estuvo que su hermana lo llevó a vivir nuevamente a la casa de sus padres, los mismos a quienes Milei ha reseñado, más de una vez, como los verdugos de una infancia violenta.
Fue en ese lapso, cuenta González, cuando el líder libertario sufrió una revelación, supuestamente de Dios: sería presidente en 2023. Poco antes de la pandemia, suma De Masi en su trabajo de investigación, la misma “revelación” fue hecha a los hermanos por el Brujo Gustavo, un extraño personaje que se acercó en 2018 al entorno mileísta, pero que luego terminó traicionando a Javier. El mismo mensaje le trajo el rabino ortodoxo Axel Wahnish, el guía espiritual que parece haber reemplazado a su terapeuta fallecido durante la pandemia.
Pero atención que Parravicini es el rockstar de Santiago Caputo y la guardia pretoriana digital joven de Milei, no de Javier ni de Karina. Ellos, en todo caso, lo adoptaron y tienen otros referentes. Así lo describen los periodistas Manuel Jove y Maia Jastreblansky en El Monje, la verdadera historia de Santiago Caputo, el guionista de Milei (Planeta), otro texto que el mercado editorial lanzará en abril para la Feria del Libro. Allí, los autores se zambullen en el más enigmático personaje del mundo libertario y de sus seis adláteres: Macarena Alifraco, la más influyente al lado del operador; El Gordo Dan; Agustín Romo; Juan Doe, Tomás Jurado y Lucas Luna (Sagaz, en X). Todos ellos se conocieron en el territorio digital, aunque Ramiro Marra hizo, luego, de nexo. Si La Cámpora se movía entre blogs, Las Fuerzas del Cielo orbita entre los tuits.
Treintañeros casi todos, comparten guiños esotéricos generacionales y una fascinación por los signos y símbolos del Imperio Romano, íconos que circulan, por ejemplo, en juegos online entre los jóvenes de su generación. Por caso, una de las cuentas que se le atribuyen a Santiago Caputo lleva como nick @MileiEmperador. Series como Peaky Blinders, Game of Thrones o la saga de Star Wars forman parte de la estética joven libertaria y, por qué no, de esta nueva forma de hacer política.
Jove cuenta que Lucas Luna le regaló a su jefe un prendedor de la simbología de Star Wars: las manos del Rey. Los jóvenes ya preparan un manual fundacional de la doctrina libertaria, Las Epístolas del Cielo, cuya tapa anda circulando por X. Académicos tradicionales, abstenerse: la cultura popular hollywoodense, unida a un particular misticismo, ha llegado al poder.
Con la democracia liberal en crisis, si alguien pretende comprender a este animal político exótico que es Milei –y sus seguidores– con categorías del siglo XX, fracasará. Para adentrarse en esta nueva lógica, mejor desentrañar al maestro Yoda o a su discípulo Luke Skywalker, un redentor o un elegido de La Fuerza. En este caso, de Las Fuerzas del Cielo. La lucha ya no es –desde hace rato– entre izquierdas y derechas, dirían los libertarios, sino, como en La guerra de las galaxias, entre la luz y la oscuridad.
Por Laura Di Marco
Columna LN
Filosofía carnívora: las paradojas de Trump y Milei

Envalentonado por el triunfo del norteamericano, Milei no dudó en acusar a los inmigrantes de asesinos, a los gays de abusadores de menores y a las feministas de practicar la pedofilia
La primera paradoja de un libertario como Javier Milei es haber tomado de un neomarxista la idea central de su discurso en Davos. ¿Y eso? Así es. Milei desplegó a tope, en Suiza, la idea de “batalla cultural” creada por el italiano Antonio Gramsci. Pero la cosa no quedó ahí. Gramsci también ha sido cultor del concepto de “hegemonía” (contrario a la “vieja” democracia liberal, que promueve la diversidad política, cultural, religiosa y sexual), que también parece gustarle al presidente argentino, como se desprende de uno de sus últimos tuits, en el que prometió salir a buscar, hasta el último rincón del planeta, a los “zurdos hijos de puta”. Gramsci sería un candidatazo de esa imaginaria cacería.
La segunda paradoja es que el líder que, en poco más de año, destapó gran parte de la mugre de un sistema corrupto como el kirchnerismo y combatió el mayor impuesto a la pobreza, como es la inflación, no dude en meterse en una batalla tan oscura como lo es transformar en perversiones los mejores derechos ganados por las democracias occidentales. Porque realmente hay que retroceder muchas décadas para encontrar un discurso tan reaccionario en el plano moral como el que esbozó Milei ayer en la cumbre de Davos. Exposición en la que, paradójicamente, difuminó sus verdaderos éxitos y las reales razones por las que fue votado: el ordenamiento de la macroeconomía, la “doma”, en lenguaje mileísta, de piqueteros y gerentes de la pobreza o las muy buenas expectativas de crecimiento para este año.

Por el contrario, y envalentonado por el triunfo de Trump, Milei no dudó en acusar a los inmigrantes de asesinos, a los gays de abusadores de menores y a las feministas –en su “versión más extrema”, según aclaró– de practicar la pedofilia. Lo sorprendente es que, en la red de su amigo Musk, muchos de sus seguidores negaban que Milei haya dicho lo que, en verdad, dijo. Cada cual recorta al Milei que más le gusta o escucha lo que quiere escuchar.
Hay que retroceder muchas décadas para encontrar un discurso tan reaccionario en el plano moral como el que esbozó Milei ayer en la cumbre de Davos
Es curioso escuchar sus reflexiones sobre el aborto. El Presidente considera que fue “inventado” con la excusa de que el aumento de la población terminaría con el mundo, pero el resultado, concluyó, es que “ahora los nacimientos son cada vez más escasos”. La paradoja es que él mismo eligió no tener hijos porque sufrió siendo hijo, según relató él mismo en varias entrevistas. Es decir, ejerció un derecho, el mismo que parece negarles ahora a las mujeres: el de querer ser madres o no.

En términos de la construcción de una narrativa desapegada de los datos, convengamos en que Milei no tiene nada para envidiarle a Cristina, sobre todo cuando habla de temas que le son completamente ajenos: ecología, derechos de las mujeres, reproductivos, diversidad sexual. Ignora datos sin mosquearse, aunque es extremadamente exitoso con sus palabras, si lo medimos en términos de cuántos le creen.
¿Acaso mujeres y hombres no son perfectamente iguales en un mundo libre?, se preguntó en Davos. Si en lugar de mirar dentro de su propio dogma indagara en los datos, vería los resultados del propio World Economic Forum: en un relevamiento realizado en 156 países llegó a la conclusión de que las mujeres están a 267 años de distancia de la real paridad en términos económicos. Al margen de que la pobreza no solo es de dinero, sino de tiempo.

En la última Encuesta Nacional de Uso del Tiempo se revela que las mujeres emplean más de seis horas de su día en tareas domésticas y de cuidados de otros, contra tres de los varones. Tiempo restado a la construcción de, por ejemplo, una carrera profesional. La inequidad es tan obvia y constatable como afirmar que el agua moja. ¿Será que, en este caso, Milei no la ve?
En Davos, el Presidente se entrevistó con los hombres más poderosos del mundo: James Quincey, de Coca Cola; Elon Musk; Mark Zuckerberg, CEO de Meta; Sam Altman, número uno de Open AI; Sundar Pichai, CEO de Google; Tim Cook, director ejecutivo de Apple, y Marc Benioff, CEO de Salesforce. Todos varones megamillonarios. Por eso resulta, incluso, gracioso cuando afirma que el feminismo busca “privilegios”, cuando, en verdad, ONU Mujeres revela que el 70% de la pobreza en el mundo es femenina. De nuevo, pobreza de tiempo y de dinero.
Un relevamiento realizado por el Foro Económico Mundial en 156 países llegó a la conclusión de que las mujeres están a 267 años de distancia de la real paridad en términos económicos. Al margen de que la pobreza no solo es de dinero, sino de tiempo.
Otra paradoja divertida: los gigantes tecnológicos que Milei ama tienen cupo femenino para el alto liderazgo, dentro de la cúpula de sus propias corporaciones. ¿Se lo habrán contado a Milei?
Desde que asumió como dueño de la Casa Rosada, solo se dejó entrevistar por periodistas argentinos varones que él mismo selecciona, a excepción de estrellas televisivas como Mirtha Legrand o de su actual novia, Yuyito González. Esa exclusión no solo es desigualdad; también es violencia.
Y, sin embargo, la paradoja es que Milei ha colocado a mujeres en lugares de enorme empoderamiento, como a su propia hermana, a quien nombra en masculino: El Jefe. Un ejemplo reciente desnuda el poder de Karina. Cuando hace pocos días el intendente de Tres de Febrero, Diego Valenzuela, se reunió con el líder libertario para anunciarle el pase a sus filas, Milei se entusiasmó: “Me encanta –le dijo– pero antes hay que preguntarle a Kari”.
Pero no solo es Kari. A su lado también brillan las ministras Patricia Bullrich y Sandra Pettovello, además de nuevas figuras libertarias como la propia vicepresidenta, Victoria Villarruel, Juliana Santillán o Emilia Orozco, entre muchas otras. En el mundo de Cristina Kirchner, feminista de la última hora, pocas mujeres brillaron de ese modo. Ella se ocupaba de opacarlas.

En el verano de 2023, dos gemelas argentinas se arrojaron del tercer piso de un edificio en Barcelona a raíz del bullying que sufría una de ellas por su orientación sexual. Por eso es estigmatizante y peligroso anudar homosexualidad con pedofilia en boca de un presidente, en un escenario mundial como Davos, como intentó hacerlo Milei relatando un solo caso de un matrimonio de homosexuales que abusaba de sus hijos adoptivos.
La paradoja es que Milei ha colocado a mujeres en lugares de enorme empoderamiento, como a su propia hermana, a quien nombra en masculino: El Jefe
La realidad es al revés, tal como le recordó en un tuit el “lilito” Maximiliano Ferraro, quien lo invitó a echarles un vistazo a los datos del Ministerio Tutelar de la Ciudad de Buenos Aires: la mayoría de los abusos contra niños y niñas son perpetrados por hombres heterosexuales y dentro de la propia familia. “¿Acaso no saben que la mayoría de los presos son hombres?”, volvió a interrogarse Milei, en Suiza. Tal vez habría que recordarle que algunos de ellos lo están por matar mujeres. En la Argentina, una mujer es asesinada por día por su pareja heterosexual.
Trump, su padrino mundial, también es un cúmulo de paradojas. Una de sus frases predilectas es: “Cuando alguien te reta, lucha. Sé brutal, sé duro”. Y, sin embargo, podría devenir en un líder global pacificador, con su promesa de dejar de financiar guerras por fuera de las fronteras de los Estados Unidos. Mientras, líderes más “humanos”, como Obama o Clinton, las incrementaron.
“¿Por qué odia tanto? Tiene que haber una explicación personal”, reflexionó el reconocido sociólogo francés Olivier Alexandre ante Luisa Corradini, la enviada especial de LA NACION a Davos. Alexandre da en el clavo porque esa razón existe y está en su infancia: Milei padeció a un padre que le dedicaba frases hirientes e insultos como “inútil”, “inservible”, “nunca vas a llegar a nada”. Como suele suceder con todos los líderes, varias de las razones de sus políticas acechan, escondidas, en los hechos de sus biografías.
Por Laura Di Marco
Columna LN
Victoria’s Secret: ¿buscan hacer renunciar a la vice?

Amenos que suceda algún milagro político, la ruptura entre el Presidente y su vice es terminal. La noticia no solo ocupa a los medios locales, sino también a los diarios de los países vecinos. El interés tiene un sentido: la Argentina parece tener un karma con las parejas presidenciales. Una novela que, hasta ahora, siempre terminó en quiebre. La postal más elocuente del divorcio entre ambos es la cena de fin de año, en la Casa Rosada, convocada por el jefe del Estado para cerrar 2024. De aquella foto, Victoria, que permanece muda desde que Milei repuntó en las encuestas, fue excluida.
La estrategia de hostigamiento hacia la figura de Villarruel, primero en boca de informales voceros mileístas o cuentas atribuidas a jerarcas libertarios, pero cada vez más seguido en boca del propio Presidente, es sistemática.
Se trata de una estrategia de esmerilamiento que está dando sus frutos y que, incluso, se puede medir. Según la consultora Synopsis, que dirige Lucas Romero, en septiembre pasado apenas el 8% de los simpatizantes de Milei no sintonizaban con la vice. Un porcentaje que ahora, casi, se triplicó: hoy el 21% de la base de votantes mileístas no comulga con la compañera de fórmula que eligió el líder libertario para ganar las elecciones de 2023. En otras palabras: uno de cada cinco habitantes del mundo libertario ya no se identifica con la vicepresidenta.
Pero ¿qué mensaje político encierra este dato? El mensaje que les baja Milei y que, evidentemente, ha permeado es que Victoria ya no es “de los nuestros”. No es leal. O, lo que sería peor: es traidora porque “es casta”, como la descalificó el propio Milei en una entrevista que ofreció a fin de año.
“Sanguijuela. Vichacruel. Se cuelga del éxito ajeno y se borra en las malas”, afirma Lilia Lemoine, tal vez la más ácida detractora de Victoria y muy cercana a los hermanos Milei. “Que se ocupe de lo suyo”, descalificaba la ministra Patricia Bullrich cuando fue cuestionada por Victoria a raíz de la desaparición de Nahuel Gallo, en un tuit que luego borró. “Está desconectada de la realidad”, disparó el propio Presidente cuando su vice se quejó porque ganaba “chirolas”.
Antes, y en medio del caso Kueider y su expulsión –por la cual el oficialismo perdió a un senador–, le había dedicado un misil fatal. El affaire Kueider encontró a Milei fuera del país. En ese marco, castigó: “Siempre que me voy pasan cosas”. Las consultoras registran que el bullying hacia la vice se cuadruplicó en los últimos dos meses de 2024 si se lo compara con los diez meses anteriores. El resultado es la pérdida de entre 5 y 8 puntos de imagen positiva de la vice hostigada, depende de a qué consultora se consulte. Milei se perfila empoderado para arremeter.
Hay que recordar que la imagen presidencial comenzó a repuntar a fines de octubre, a caballo de los buenos indicadores macroeconómicos. “Dólar bajo e inflación domada. Estabilidad económica. Con la macro ordenada, en la Argentina podés hacer cualquier cosa”, afirma un hombre que fue relevante en la década del noventa y que compara este momento Milei con el momento Menem y su superministro Cavallo. “Mientras el programa funcionaba, teníamos todo el poder”. Así se siente hoy Milei.
Pero, tal vez, el reproche más feroz que se le hace a la vice es el de “traidora”. ¿Traidora por qué? Porque arma para ella, acusan cerca del asesor estrella Santiago Caputo –su archienemigo– y porque nunca se disiparon las sospechas de que tiene charlas secretas con Mauricio Macri, otra de las víctimas de los hermanos Milei. Sospechas –hay que aclarar– sistemáticamente negadas por ambos protagonistas.
La novela, en varios episodios entre el Presidente y su vice, que no tiene nada que envidiarle en términos de clics y popularidad al Wandagate, disparó una pregunta inquietante en los pasillos de la política. ¿Buscan los hermanos Milei arrinconar a Victoria hasta obligarla a renunciar? Para la mayoría de los dirigentes y sommeliers de la política local, la respuesta es sí, aunque ese resultado esté muy lejos hoy de producirse.
“Mi interpretación es que Milei quiere provocar la renuncia de Villarruel y que tanto él como su hermana Karina van a continuar con una campaña de hostigamiento que, de hecho, ya rindió sus frutos: Victoria ha decrecido en su imagen positiva, aunque su imagen negativa sigue siendo baja”, afirma Romero, director de Synopsis. La pregunta que sigue es: ¿por qué tanto encono? La respuesta es, tal vez, más sencilla de lo que parece: cualquier cosa que le pase a Milei, la que hereda el poder es ella. Una vice que, al principio del mandato de Milei, cuando se rumoreaba que no duraría ni seis meses, era el plan A del círculo rojo. Hoy esa posibilidad está totalmente disipada. Sin embargo, esa condición de heredera natural es, probablemente, lo que más perturba a los hermanos más poderosos de la Argentina.
¿Qué puede pasar entonces con Villarruel? ¿Podría robarle una parte de la base libertaria al Presidente? Esa posibilidad no pareciera posible si a Milei le va bien este año en las elecciones de mitad de mandato, como todo indica. En ese escenario, la estrella de Victoria decaería hasta la irrelevancia. En una palabra, ella solo tendría alguna chance en el caso de que el programa económico libertario empezara a fallar.
Si algunos comparan al empoderado Milei con el Menem de los 90, otros parangonan este momento con 2005, cuando los Kirchner enfrentaron a los Duhalde y ganaron la batalla. Ahora serían los Milei versus los Macri. ¿Por qué la comparación? Porque, en aquel momento, la batalla K dio lugar al nacimiento al peronismo no K, que, con diversas combinaciones, logró ganarles elecciones de mitad de mandato a Néstor y Cristina en los años que siguieron. ¿Podría suceder algo similar si Milei y Macri rompen? ¿Podría nacer algo así como el no peronismo no mileísta?
Es en ese ajedrez donde podría entrar a jugar Villarruel, en una hipotética, aunque no descabellada, alianza con los Macri. Ambos esmerilados, ¿ambos futuros aliados? Esas preguntas circulan en la cabeza del joven Caputo, tal vez uno de los operadores más inteligentes de la nueva política.
Ayer Javier Milei ofreció una entrevista donde reafirmó su deseo de jugar electoralmente con Mauricio Macri en todos los distritos. Macri no le cree. Más bien parecería que el Presidente no le está hablando a Mauricio sino a sus votantes y que la oferta real es sumisión o intemperie. ¿Por qué la desconfianza sobre los dichos de Milei? Porque los hechos siempre pesan más que las palabras. Y esta semana el mileísmo desató una operación política feroz contra el gobierno de Macri, sembrando sospechas de complicidad entre la AFIP del macrismo y ciertos empresarios o figuras vinculadas al kirchnerismo. Pasado en limpio, mientras el Presidente dice en público una cosa, sus operadores por debajo hacen todo lo contrario.
Santiago Caputo abrió una fundación para cooptar cuadros propios de cara a estas elecciones. Está convencido de que los votos de Pro ya los tiene y que a los Macri no los necesita. En un escenario optimista, ganando por más del 40% de los votos en las elecciones nacionales, lograría entre 90 y 100 diputados propios, más 20 senadores. Y en uno moderado, pensando en un triunfo de en torno al 35 o 40%, la cosecha sería de entre 80 y 90 diputados y 14 o 15 senadores. Esos son los cálculos de circulan en la Casa Rosada.
Pero –siempre lo hay– el talón de Aquiles sigue siendo la provincia de Buenos Aires y, sobre todo, el conurbano, si Milei y Macri fueran separados. En esa tierra de desamparados, si se presentara como candidata Cristina Kirchner, tiene chances de ganar. Un triunfo peligroso que desbarataría todo un universo de expectativas en torno al oficialismo. Es que aun para los operadores más sagaces siempre hay cisnes negros acechando al poder.
Por Laura Di Marco
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