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Facundo Manes: el outsider que sueña con patear el hormiguero

Las últimas elecciones bonaerenses revelaron una novedad: el médico radical logró capturar votos de las clases medias y bajas del conurbano

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Horacio Rodríguez Larreta tuvo una semana negra. Está inquieto porque siente que el sueño presidencial, que acuña desde que tenía ocho años, está amenazado. No solo Macri lo acecha con selfies desde el conurbano. Ahora también le preocupa la resurrección de los socios radicales. Lo sacudió la última encuesta reservada de una de las consultoras preferidas del círculo rojo. El sondeo de junio reveló que el jefe porteño sigue siendo el preferido, pero enseguida le pisa los talones Facundo Manes, el segundo político con mejor imagen y un outsider que hasta hace poco más de un año ni siquiera era registrado por el radar de las consultoras.

La disputa por el poder que los socios opositores dirimirán en unas PASO está picante y abierta. Todo puede suceder, si es que esa olla en ebullición que es hoy la Argentina –y, sobre todo, el conurbano– lo permite.

Las últimas elecciones bonaerenses revelaron una novedad: el médico radical logró capturar votos de las clases medias y bajas del conurbano, esos que antes le pertenecían a Sergio Massa y que, en 2019, fueron para Alberto Fernández. Es decir, capturó algo del kirchnerismo blando y desencantado. Justamente desde esa geografía, que concentra el 37% de los votos, Larreta acaba de recibir un bombazo en forma de foto. Macri, Ritondo y María Eugenia Vidal se retrataron timbreando por Tolosa, el barrio donde nació Cristina. No hay ingenuidad en la selfie, indudablemente dedicada a Larreta y Diego Santilli, que, igual que Ritondo, aspira a gobernar una provincia arrasada por la pobreza y la apatía política.

“Estos chicos grandes tienen que dejar de pelear”, los retó Lilita Carrió esta semana en LN+. En privado es más ácida: cree que la crisis económica podría llevarse puestos a todos, incluidos a los propios. La pelea no solo es dentro del macrismo, también están las tribus radicales enfrentadas: la estructura tradicional de la UCR versus Evolución Radical, las huestes de Martín Lousteau y Emiliano Yacobitti, el nuevo Coti Nosiglia. La alianza que Larreta tejió con Lousteau en la ciudad, con la zanahoria de sucederlo, era atractiva con un radicalismo subsumido, pero no tanto con socios recargados.

“Pelearse y lanzar candidaturas a un año y medio de las elecciones es un suicidio”, alerta Carrió, en la intimidad.

Cerca de Manes, disparan: “Larreta siempre quiso usar al radicalismo para su lucha contra Macri. Siempre quiso cooptarlo, pero ahora se siente desafiado. Es el Luder del 83, representa al sistema. Facundo, en cambio, vino a patear el hormiguero. Pro quedó viejo”. El politólgo Andrés Malamud, histórico militante de la Franja Morada, apoya esa tesis y la extiende a Mauricio Macri, que hace un par de semanas se trenzó con Gerardo Morales por Hipólito Yrigoyen, nada menos. Macri siempre creyó que ciertas ideas económicas de sus socios son “populistas”. La diferencia es que, esta vez, lo hizo público. “Está disputando poder, usa la palabra ‘populismo’ como un insulto para bajarle el precio al partido. Mauricio siempre tuvo un desprecio subyacente por el radicalismo”, desafía, picante, Malamud. En esta puja sorda, que parecía académica, Macri suele recomendarles a sus aliados “volver” a Marcelo Torcuato de Alvear, su exponente más liberal. “Es que, para él, todo lo que sea Estado presente es populismo”, le retrucan desde la otra orilla. Dardos incesantes, que dejan flotando un pregunta: ¿podrá la coalición opositora acordar un programa económico común?

Ni Manes ni la UCR parecen tener, por ahora, un programa de gobierno. Lo que sí tienen es un renovado programa de representación social. Brotes verdes radicales. Aunque, como Natalia Denegri, sus dirigentes también querrían un “derecho al olvido” sobre el desmadre económico que signó el final de los dos últimos gobiernos radicales. Los referentes económicos más cercanos al creador de Ineco, el Instituto de Neurología Cognitiva que fue la plataforma de lanzamiento profesional de Manes, son Marina Dal Poggetto y Martín Rapetti, un discípulo intelectual del historiador económico Pablo Gerchunoff. Eduardo Levy Yeyati también está cerca. Y todos muy lejos de Carlos Melconian, a quien Mauricio Macri quisiera ver algún día como ministro de Economía. Macri, en estado puro, está mucho más cerca del pensamiento económico de Milei que de los socios “populistas”.

Pero ¿qué explica realmente que un partido, que parecía terminado, vuelva a parir candidatos competitivos? Malamud ofrece algunas pistas: “Como no sucedía desde la época de Alfonsín, la UCR está reclutando afuera. No tenía mujeres, ni colores, y ahora está incorporando jóvenes por abajo y celebrities por el costado”. Enmarca así la inclusión de figuras mediáticas como Carolina Losada, Martín Tetaz y el propio Manes: una estrategia que también usó Pro y, mucho antes, el menemismo. Daniel Scioli, por caso, es fruto de esa inyección de bótox imaginada por el riojano. La segunda clave es el éxito electoral de la Franja Morada en las universidades nacionales. “He visto a jóvenes, que no conocieron a Alfonsín, llorar con sus discursos”, cuenta Malamud.

Pero tal vez la razón más crucial es la recuperación de votos en el conurbano que el macrismo había perdido, después de la dura derrota electoral de 2019: de esa manera la oposición logró ganar las últimas elecciones en la provincia, con un peronismo unido. Hay una máxima que siempre se cumple en la política argentina: quien gana la provincia de Buenos Aires domina el país. El que la pierde, en cambio, inicia su vía crucis. Le sucedió a Alfonsín en el 87 y a Menem, una década más tarde.

Precisamente, Manes definió su candidatura presidencial después de la interna de la UCR bonaerense, en marzo de 2021, que ganó su actual aliado Maximiliano Abad. “Ahora somos tres hermanos: Gastón, Maxi y yo”, informa el neurocientífico, que tiene con su hermano Gastón una unión casi simbiótica, similar a la de Milei con su hermana Karina. El abogado Gastón Manes fue el presidente de la última convención nacional partidaria y es de los que creen que la UCR tiene que liderar la coalición opositora porque “es más que Pro”.

Después de aquella interna, en plena pandemia, en la que votaron 130 mil afiliados bonaerenses, los popes partidarios se aferraron a la estrella rockera de las neurociencias como un náufrago a su tabla. Aquella inesperada participación –pensemos que a Gerardo Morales, en la elección para gobernador de 2019, lo votaron 175 mil jujeños– unió a las tribus y a dirigentes que, incluso, se odiaban entre sí. Los triunfos siempre vuelven tierna a la gente.

El politólogo Juan Carlos Torre afirma que el radicalismo es tautológico. Para ser auténticamente radical hay que haber sido radical. Un Manes adolescente exhibe como trofeo una foto con Alfonsín, en Rosario, en el cierre de campaña de 1983. La imagen incluye a su inseparable hermano menor. Goropito y Chinchulín los apodaban, desde chiquitos, en Salto, por una dupla de payasos famosa en el pueblo donde crecieron. A Manes le gusta más que los comparen con los hermanos Kennedy, de quienes tiene una foto en su despacho de Ineco.

Para seguir existiendo, después del fallido gobierno de Fernando De la Rúa, el radicalismo desarrolló estrategias de supervivencia: primero fue la transversalidad con el kirchnerismo. Luego Gualeguaychú, la asamblea en la que la UCR tomó la estratégica decisión de aliarse al macrismo para competir en 2015. Manes diagnostica a la Argentina como “un paciente deprimido”. Lo que nadie sabe es si tendrá cura, antes de que sea demasiado tarde.

Por Laura Di Marco para lanacion.com.ar

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Cristina Pérez anunció que deja el noticiero de Telefe: “Es hora de renacer”

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La periodista se refirió a la designación de Luis Petri, su pareja, como ministro de Defensa de la Nación y habló de su futuro profesional

9 de diciembre de 2023

LA NACION

Tras dos décadas de formar una de las duplas más exitosas de la televisión argentina, Cristina Pérez anunció que dejará de conducir junto a Rodolfo Barili Noticias a las 20 (Telefe). La conductora contó la noticia este sábado en La Trama (LN+), en el marco de una entrevista mientras presentaba su libro “Tiempo de renacer”.

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En el momento en el que le consultaron sobre cómo veía a su pareja, Luis Petri, como ministro de Defensa en la presidencia de Javier Milei, la periodista expresó: “Aquí con la salvedad de que tengo un vínculo personal con Luis, él es una persona obsesiva en formarse en los temas y desde que lo designaron se está formando profundamente en hacerse un plan de trabajo. Él es experto en seguridad, con lo cual no son temas novedosos para él, pero por supuesto acá también tenemos que esperar el plan grande”.

Cristina Perez anuncio que deja el noticiero de Telefe: "Es hora de renacer"

En ese sentido, una de las panelistas la interrumpió y le preguntó: “Perdoname que me meta, pero las colegas mujeres tenemos una duda ¿Cómo vas a llevar tu profesión con un ministro…”. Mientras terminaba de reformular la pregunta, Pérez la interrumpió y, entre risas, lanzó: “Pensé que me ibas a decir que era guapo”. “Que además es muy guapo”, siguió la periodista y terminó: “Con un ministro que va a ser protagonista, no va a ser un funcionario menor”.

Presentación del libro de Cristina Pérez
Presentación del libro de Cristina PérezRS Fotos

“Este proceso lo tengo hecho, porque la cuestión me vino como un dilema cuando lo eligieron como precandidato a vicepresidente, y yo traté de tomarlo como una oportunidad. Entonces para mí va a ser intentar cosas que antes no me hubieran dejado intentar, porque el noticiero, a diferencia de un programa de opinión personal que lleva mi nombre, busca otras distancias. Ahora estamos hablando con el canal de un programa para mí el año que viene”, manifestó.

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En esa línea, Laura Di Marco le preguntó si iba a reperfilar su rol. “Sí, voy a reperfilar”, contestó, con seguridad y la conductora del ciclo celebró la primicia. Ante las preguntas sobre de qué tratará el programa en el que estará, comentó: “Estamos viendo. Por supuesto que también están algunos trabajos especiales que estoy haciendo para el noticiero, así que yo lo vivo como una oportunidad. A parte hace treinta y pico de años que hago noticiero”.

Presentación del libro de Cristina Pérez, "Tiempo de renacer"
Presentación del libro de Cristina Pérez, “Tiempo de renacer”RS Fotos

Buscando una respuesta concreta, Di Marco repreguntó: “Entonces, ¿vas a dejar el noticiero?”. “Hoy sí. Esto es nuevito, pero es así”, aseguró y la comunicadora indagó: “¿El programa es político o no es político?”. “No te puedo decir de qué va a ser porque si no me matan, pero también es tiempo de renacer, como mi libro”, señaló y mostró la tapa de su libro.

El mensaje de Cristina Pérez tras la designación de Luis Petri como ministro de Defensa

El 4 de diciembre, el presidente electo, Javier Milei emitió un comunicado de prensa con el que anunció a Luis Petri como ministro de Defensa de la Nación y su mujer no tardó en felicitarlo en público.

El mensaje de Cristina Pérez hacia Luis Petri por su designación como ministro de Defensa de la nación (Foto: capturaX/@Cris_noticias)
El mensaje de Cristina Pérez hacia Luis Petri por su designación como ministro de Defensa de la nación (Foto: capturaX/@Cris_noticias)

Pérez utilizó su cuenta de X (antes Twitter), para replicar aquel mensaje y escribirle unas sentidas palabras. “Esta vez no hablo como periodista. Quiero felicitar a mi marido @luispetri por su designación como ministro de Defensa en el gobierno del Presidente Milei. Sé que su profunda vocación política, su incansable preparación y su honestidad lo guiarán en el servicio público. Te amo, mi amor”, expresó.

LA NACION

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El peronismo, ante un derrota histórica: la maquinaria invencible que cayó ante un outsider

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¿Ganó Milei o perdió una estructura que hizo de la trampa su marca y de la mentira su narrativa? El factor de la esperanza “de última hora”

22 de noviembre de 2023

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Laura Di Marco

No ganó la izquierda, ni la derecha. La palabra que más se escucha desde el domingo a la noche es libertad. Quien mejor editorializó este balotaje histórico fue el empresario Marcos Galperín en X. Después de la victoria arrasadora de Javier Milei, el innovador archienemigo del populismo autoritario que tiene atrapada a la Argentina desde hace 77 años, solo escribió una palabra en la red de Elon Musk: ¡Libres!

¿Ganó Milei o perdió una maquinaria que hizo de la trampa su marca, de la mafia su fuente de financiamiento, de la mentira su narrativa, de la manipulación su mantra y de los cepos su Biblia? Alivio, reivindicación. Perdieron los soberbios, los prepotentes, los fulleros, los que humillaron durante dos décadas a quienes pensaban diferente. Fueron derrotados los que se creían los dueños de la verdad. En medio de la asfixia, el aire empezó a circular de un modo diferente.

La derrota del peronismo, antes que el triunfo de Milei, logró el milagro de generar una luz de esperanza en millones de argentinos que jamás habrían elegido al libertario como primera marca, pero que a último momento se inclinaron por él, en una íntima decisión adentro del cuarto oscuro, como un último recurso en busca de la liberación.

Un empresario textil, dueño de una pyme, lo explicaba así en un grupo focal: “no sé qué va a hacer Milei con mi sector, tampoco es que me encante. A mí la apertura indiscriminada de importaciones me mató en la época de Menem. Tal vez personalmente me convendría que sigan éstos, pero no me importa. Es que no los puedo soportar más”. El razonamiento de este empresario pyme, que refleja el de tantos argentinos, explica por qué el voto en blanco quedó tan acotado el 19 de noviembre. La mayoría de quiénes votaron a Juntos por el Cambio en octubre y que, inicialmente, pensaron votar en blanco, cambiaron de opinión sobre la hora y optaron por el libertario.

¿Será Milei el candidato correcto? ¿Lo dejará gobernar el entramado corporativo? ¿Inaugurará una nueva etapa a lo Menem o será solo un paréntesis en medio de otra encarnación peronista? ¿Tendrá el mismo destino que otros outsiders que emergieron en América Latina en los últimos años, como Pedro Castillo en Perú Gabriel Borich en Chile o seguirá, más bien, el derrotero de Bolsonaro y de Trump? ¿Soportará la presión, sin un entorno familiar contenedor como, por caso, tenía Mauricio Macri?

Preguntas sin respuesta aún que atraviesan, ahora mismo, las conversaciones de los argentinos, en un país anonadado por la victoria rotunda de un amateur que logró empalidecer aquel 54 por ciento, de 2011, que Cristina se cansó enrostrarles a sus críticos. El ex standupero, como diría Massa, se alzó con casi el 56 por ciento de los votos, encarnando el repudio a una casta política que se oligarquizó y empobreció al país. ´

Varios datos novedosos. En ese voto transversal del 55, 69 %, una gran parte del 40 por ciento de los más vulnerables le quitó el cuerpo a la madrecita de los pobres en su propio territorio, la provincia de Buenos Aires. Allí, Javier Milei se impuso en 108 de los 135 distritos. En la madre de todas las batallas, solo resistió el conurbano y, sobre todo, La Matanza, el showroom del kirchnerismo. Una parte significativa de los sectores populares no se dejó manipular y, por el contrario, se jugó con una audacia sorprendente.

Otro dato novedoso: Milei no se dedicó tanto a desenmascarar las mentiras de la narrativa kirchnerista, como hizo Juntos por el Cambio desgastándose en la grieta k-antik. Un método que parecía fallido y que le valió críticas en el debate. Milei, un avezado economista, no había logrado quitarle la careta al ministro-candidato y sus desbarajustes. En cambio, ensayó una estrategia nueva. Inauguró una narrativa propia, que cautivó a los jóvenes: ¡Viva la libertad, carajo! Motosierra. Casta. Dolarización. Futuro. Parece que del laberinto populista se sale por arriba.

El domingo 12, durante el debate, parecía que el profesional Massa se lo había devorado al inexperto Milei. Pero, con el correr de los días, la taba se fue dando vuelta. En los focus group, afirma la consultora Mariel Fornoni, la gente se expresaba así: “nos habíamos olvidado de lo soberbio, canchero y patotero que era Massa”. La puja discursiva les refrescó la memoria para mal. La carta massista, supuestamente matadora, del rechazo a un joven Milei en una lejana pasantía en el Banco Central terminó de sepultarlo, pero no al libertario sino al propio Massa.

Las sociedades -y esto lo sabe de sobra Jaime Durán Barba– siempre terminan aliándose con aquel que perciben como el más débil.

El "profesionalismo" de Massa en el debate parece haber jugado en su contra
El “profesionalismo” de Massa en el debate parece haber jugado en su contra
GODOY CAMILA/TÉLAM – GODOY CAMILA/TÉLAM

Lo cierto es que este outsider, que creció al calor de los paneles de la TV y de las redes sociales, logró desafiar a la Iglesia -el Papa instó a no optar por “falsos mesías”-, a la mayoría de los medios de comunicación y sus editorialistas, al mercado (que claramente prefería a un Massa menemizado), el círculo rojo (que le temía), al aparto del PJ (que lo infiltró), a los sindicatos (que le mostraron sus dientes), al establishment cultural (que lo asoció con la dictadura) y, por si fuera poco, a una fenomenal campaña del miedo en la que se invirtió, sin éxito, ni pudor el 1,5 del PBI para demonizarlo. La campaña política más cara de Occidente, como diría María Eugenia Talerico, la ex senadora opositora que denunció a Massa ante la Justicia.

Sin ponerse colorado, el actor y escritor Gonzalo Heredia, emergente de un colectivo de artistas que se manifestó en contra del libertario, se mandó con un tuit sincericida. “¡Qué fraude que no haya habido fraude!”.

Pero nada logró detener la extraordinaria autonomía de una ciudadanía sobre la que, cada vez, es más difícil influir. Y un hecho político inédito en la historia del peronismo: la deserción de los propios. Como diría el sociólogo Juan Carlos Torre, el partido de Perón protagonizó el último domingo un streaptease de una fragilidad escandalosa.

Un clásico historiador del peronismo, Torre explicó la crisis que viene atravesando esta fuerza hegemónica, en una reciente nota con La Nación: “por largos años, el peronismo se caracterizó por esto: los votantes peronistas solo votaban peronismo. Nunca votaban candidatos no peronistas. Ahora, muchos votantes de Milei vienen del peronismo. En 2015, hubo que importar a un hombre del menemismo, Daniel Scioli. En la última ocasión, hubo que importar a un crítico furibundo del kirchnerismo, Alberto Fernández. La última es el nombramiento y el eclipse inmediato de Wado de Pedro, que duró un día. Todo esto, en un partido que siempre se pensó como el partido natural de la Argentina, fue la confesión de una fragilidad inédita”.

Los memoriosos compararon el escrache que sufrió Milei en el Teatro Colón, a menos de 48 horas del balotaje, con el cajón de Herminio Iglesias, en la campaña de 1983. Es que, como decíamos, la gente suele ponerse de lado de quién percibe como víctima y termina castigando al agresor, de allí que usualmente las campañas negativas terminen fracasando.

Julio Bárbaro, testigo viviente de aquel error político, lo suele recordar así: “El día del cierre de campaña de la UCR en la 9 de Julio, íbamos a Chaco en un avión de Bunge y Born(ÍtaloLuder pidió sobrevolar por allí y vimos una marea humana. El silencio total que se instaló en el avión fue atronador”.

El peronismo estaba a las puertas de su primera derrota electoral en la historia democrática. Un fracaso que lo mostró vulnerable. Luego sobrevino una larga crisis, hasta que nació el peronismo renovador. Pero esta vez es muy diferente. La maquinaria todopoderosa cayó frente a un outsider; un hombre solo que hasta hace, apenas, dos años era un entrevistado desopilante y rendidor en los programas de TV.

El pase de facturas por la derrota no tardará en llegar. La interna contenida, igual que los precios pisados de la economía, promete ser turbulenta. Si algo caracteriza al peronismo es que frente a los perdedores no tiene piedad.

Laura Di Marco

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Massa, los increíbles trucos de un manipulador profesional

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15 de noviembre de 2023

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Laura Di Marco

Por sí o por no, ¿nos sentimos más esclarecidos después del debate del domingo, una instancia que los estrategas consideran crucial antes del balotaje? ¿O solo quedamos más confundidos? La pregunta no es para aquellos que forman parte de los núcleos duros de la grieta, ni para los muy informados, sino para aquel electorado estratégico, volátil, cuyo voto cambia según el contexto. Aquel votante autónomo que, en última instancia, define el resultado de la elección.

Los consultores afirman que, en esa decisión tan íntima y política como es el voto, no impacta tanto lo que pasó hace un año o seis meses sino en los últimos días de campaña: por eso, en las generales, a Sergio Massa lo afectó mucho más la falta de nafta que el Yategate.

¿Y por qué el votante estratégico, el que decide su voto según lo que va pasando, es que el que quedó más indefinido aún de lo que estaba antes debate? El acoso moral es un extraordinario libro de Marie France Hirigoyen, que explica a la perfección lo que pasó el último domingo. Massa nos ofreció una masterclass de comunicación perversa, en la que logró instalar la confusión entre los indecisos, fruto de un viaje frenético entre la mentira y la verdad. Escrito en el siglo V antes de Cristo, el chino Sun Tzu escribió: “el arte de la guerra es el arte del engaño, si adoptamos siempre una apariencia contraria a lo que somos, aumentamos nuestras oportunidades de victoria”.

También autora de Los narcisos han tomado el poder, la psiquiatra francesa detalla, a través de un ensayo repleto de testimonios reales, cómo se puede destruir a alguien solo con palabras y mentiras. Tan perversamente hábil fue Massa, que logró enredar a Milei, incluso, en el terreno donde él es experto y Massa nos hundió: la economía. Frente a un manipulador nivel Massa, Milei quedó expuesto y exhibió su fragilidad personal. Concentrado en no parecer “loco”, se edulcoró tanto que perdió su esencia y devino en un Che Guevara al que le cortaron la barba.

“Elijo a un ingenuo novato por sobre un mentiroso compulsivo serial”, escribía esta semana un usuario de X. El punto es que este votante ya tenía su voto definido desde antes del debate.

Pero, ¿qué es un manipulador? Es alguien que tergiversa los hechos, que miente con maestría, que enreda a su víctima y la empuja a actuar: ¿por sí o por no? La incita a responder o a hacer cosas que naturalmente no haría si no estuviera siendo manipulada. Una técnica muy efectiva que usó Massa es nombrar las intenciones del otro dando a entender que conocía mejor que el oponente lo que piensa. “A vos no te interesa el país, Javier, solo pensás en vos”.

Para Hirigoyen, a este tipo de encantadores de serpientes les importa muy poco qué cosas son verdad y cuáles son mentira: lo único verdadero es lo que dicen en el momento presente. El mismo Massa que, en 2017 -y no en los noventa, “cuando era joven”, como se confundió Milei- proponía arancelar la universidad, ahora pretende prevenir a los “padres y madres” de este “apátrida”, como calificó esta semana al libertario la vocera informal de Massa, Graciela Camaño.

En la comunicación perversa no se nombra nada, pero se insinúa todo. El rumor y la insinuación juegan un papel central. Las cosas se dicen sin decirlas, como cuando Massa le preguntó a Milei por qué no le habían renovado la pasantía en el Banco Central, aunque sin completar la información. Ninguna improvisación. Una técnica para poner en tela de juicio las capacidades de su rival, desestabilizarlo y sembrar la duda frente a una audiencia que aún no sabe bien quién es Milei.

Más que en los “marqueteiros” de Lula, que solo potenciaron las cualidades del candidato, para esta campaña Massa parece haberse inspirado en Sun Tzu, cuando explicaba que, para ganar una guerra, había que dividir al ejército enemigo, aún antes de arrancar la ofensiva. “Corrompa lo mejor del enemigo haciendo que sus oficiales cometan acciones vergonzosas y viles, y no deje de divulgarlas”. Massa, y su amigo Carlos Maslatón, no se privaron de divulgar el supuesto financiamiento del massismo al campo libertario. “Contale, Javier, a la gente cuando venías a mi oficina”, deslizó el ministro sobre un demudado Milei. La finalidad de esta secuencia es ganar una posición dominante y lo logró.

En la última semana de campaña, Massa y el arco oficialista aceleran una empresa de acoso y derribo sobre Milei. ¿Tendrán éxito? Eso nadie lo sabe; en su íntimo proceso, tal vez ni siquiera lo sabe del todo el propio votante confundido. Lo que sí sabemos es que las elecciones se ganan con buenas narrativas y no tanto con hechos.

Por sí o por no, ¿quién ganó el debate del domingo? Seguramente no ganó la política. Ganó la psicopatía política.

Laura Di Marco

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