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El peronismo, ante un derrota histórica: la maquinaria invencible que cayó ante un outsider

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¿Ganó Milei o perdió una estructura que hizo de la trampa su marca y de la mentira su narrativa? El factor de la esperanza “de última hora”

22 de noviembre de 2023

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Laura Di Marco

No ganó la izquierda, ni la derecha. La palabra que más se escucha desde el domingo a la noche es libertad. Quien mejor editorializó este balotaje histórico fue el empresario Marcos Galperín en X. Después de la victoria arrasadora de Javier Milei, el innovador archienemigo del populismo autoritario que tiene atrapada a la Argentina desde hace 77 años, solo escribió una palabra en la red de Elon Musk: ¡Libres!

¿Ganó Milei o perdió una maquinaria que hizo de la trampa su marca, de la mafia su fuente de financiamiento, de la mentira su narrativa, de la manipulación su mantra y de los cepos su Biblia? Alivio, reivindicación. Perdieron los soberbios, los prepotentes, los fulleros, los que humillaron durante dos décadas a quienes pensaban diferente. Fueron derrotados los que se creían los dueños de la verdad. En medio de la asfixia, el aire empezó a circular de un modo diferente.

La derrota del peronismo, antes que el triunfo de Milei, logró el milagro de generar una luz de esperanza en millones de argentinos que jamás habrían elegido al libertario como primera marca, pero que a último momento se inclinaron por él, en una íntima decisión adentro del cuarto oscuro, como un último recurso en busca de la liberación.

Un empresario textil, dueño de una pyme, lo explicaba así en un grupo focal: “no sé qué va a hacer Milei con mi sector, tampoco es que me encante. A mí la apertura indiscriminada de importaciones me mató en la época de Menem. Tal vez personalmente me convendría que sigan éstos, pero no me importa. Es que no los puedo soportar más”. El razonamiento de este empresario pyme, que refleja el de tantos argentinos, explica por qué el voto en blanco quedó tan acotado el 19 de noviembre. La mayoría de quiénes votaron a Juntos por el Cambio en octubre y que, inicialmente, pensaron votar en blanco, cambiaron de opinión sobre la hora y optaron por el libertario.

¿Será Milei el candidato correcto? ¿Lo dejará gobernar el entramado corporativo? ¿Inaugurará una nueva etapa a lo Menem o será solo un paréntesis en medio de otra encarnación peronista? ¿Tendrá el mismo destino que otros outsiders que emergieron en América Latina en los últimos años, como Pedro Castillo en Perú Gabriel Borich en Chile o seguirá, más bien, el derrotero de Bolsonaro y de Trump? ¿Soportará la presión, sin un entorno familiar contenedor como, por caso, tenía Mauricio Macri?

Preguntas sin respuesta aún que atraviesan, ahora mismo, las conversaciones de los argentinos, en un país anonadado por la victoria rotunda de un amateur que logró empalidecer aquel 54 por ciento, de 2011, que Cristina se cansó enrostrarles a sus críticos. El ex standupero, como diría Massa, se alzó con casi el 56 por ciento de los votos, encarnando el repudio a una casta política que se oligarquizó y empobreció al país. ´

Varios datos novedosos. En ese voto transversal del 55, 69 %, una gran parte del 40 por ciento de los más vulnerables le quitó el cuerpo a la madrecita de los pobres en su propio territorio, la provincia de Buenos Aires. Allí, Javier Milei se impuso en 108 de los 135 distritos. En la madre de todas las batallas, solo resistió el conurbano y, sobre todo, La Matanza, el showroom del kirchnerismo. Una parte significativa de los sectores populares no se dejó manipular y, por el contrario, se jugó con una audacia sorprendente.

Otro dato novedoso: Milei no se dedicó tanto a desenmascarar las mentiras de la narrativa kirchnerista, como hizo Juntos por el Cambio desgastándose en la grieta k-antik. Un método que parecía fallido y que le valió críticas en el debate. Milei, un avezado economista, no había logrado quitarle la careta al ministro-candidato y sus desbarajustes. En cambio, ensayó una estrategia nueva. Inauguró una narrativa propia, que cautivó a los jóvenes: ¡Viva la libertad, carajo! Motosierra. Casta. Dolarización. Futuro. Parece que del laberinto populista se sale por arriba.

El domingo 12, durante el debate, parecía que el profesional Massa se lo había devorado al inexperto Milei. Pero, con el correr de los días, la taba se fue dando vuelta. En los focus group, afirma la consultora Mariel Fornoni, la gente se expresaba así: “nos habíamos olvidado de lo soberbio, canchero y patotero que era Massa”. La puja discursiva les refrescó la memoria para mal. La carta massista, supuestamente matadora, del rechazo a un joven Milei en una lejana pasantía en el Banco Central terminó de sepultarlo, pero no al libertario sino al propio Massa.

Las sociedades -y esto lo sabe de sobra Jaime Durán Barba– siempre terminan aliándose con aquel que perciben como el más débil.

El "profesionalismo" de Massa en el debate parece haber jugado en su contra
El “profesionalismo” de Massa en el debate parece haber jugado en su contra
GODOY CAMILA/TÉLAM – GODOY CAMILA/TÉLAM

Lo cierto es que este outsider, que creció al calor de los paneles de la TV y de las redes sociales, logró desafiar a la Iglesia -el Papa instó a no optar por “falsos mesías”-, a la mayoría de los medios de comunicación y sus editorialistas, al mercado (que claramente prefería a un Massa menemizado), el círculo rojo (que le temía), al aparto del PJ (que lo infiltró), a los sindicatos (que le mostraron sus dientes), al establishment cultural (que lo asoció con la dictadura) y, por si fuera poco, a una fenomenal campaña del miedo en la que se invirtió, sin éxito, ni pudor el 1,5 del PBI para demonizarlo. La campaña política más cara de Occidente, como diría María Eugenia Talerico, la ex senadora opositora que denunció a Massa ante la Justicia.

Sin ponerse colorado, el actor y escritor Gonzalo Heredia, emergente de un colectivo de artistas que se manifestó en contra del libertario, se mandó con un tuit sincericida. “¡Qué fraude que no haya habido fraude!”.

Pero nada logró detener la extraordinaria autonomía de una ciudadanía sobre la que, cada vez, es más difícil influir. Y un hecho político inédito en la historia del peronismo: la deserción de los propios. Como diría el sociólogo Juan Carlos Torre, el partido de Perón protagonizó el último domingo un streaptease de una fragilidad escandalosa.

Un clásico historiador del peronismo, Torre explicó la crisis que viene atravesando esta fuerza hegemónica, en una reciente nota con La Nación: “por largos años, el peronismo se caracterizó por esto: los votantes peronistas solo votaban peronismo. Nunca votaban candidatos no peronistas. Ahora, muchos votantes de Milei vienen del peronismo. En 2015, hubo que importar a un hombre del menemismo, Daniel Scioli. En la última ocasión, hubo que importar a un crítico furibundo del kirchnerismo, Alberto Fernández. La última es el nombramiento y el eclipse inmediato de Wado de Pedro, que duró un día. Todo esto, en un partido que siempre se pensó como el partido natural de la Argentina, fue la confesión de una fragilidad inédita”.

Los memoriosos compararon el escrache que sufrió Milei en el Teatro Colón, a menos de 48 horas del balotaje, con el cajón de Herminio Iglesias, en la campaña de 1983. Es que, como decíamos, la gente suele ponerse de lado de quién percibe como víctima y termina castigando al agresor, de allí que usualmente las campañas negativas terminen fracasando.

Julio Bárbaro, testigo viviente de aquel error político, lo suele recordar así: “El día del cierre de campaña de la UCR en la 9 de Julio, íbamos a Chaco en un avión de Bunge y Born(ÍtaloLuder pidió sobrevolar por allí y vimos una marea humana. El silencio total que se instaló en el avión fue atronador”.

El peronismo estaba a las puertas de su primera derrota electoral en la historia democrática. Un fracaso que lo mostró vulnerable. Luego sobrevino una larga crisis, hasta que nació el peronismo renovador. Pero esta vez es muy diferente. La maquinaria todopoderosa cayó frente a un outsider; un hombre solo que hasta hace, apenas, dos años era un entrevistado desopilante y rendidor en los programas de TV.

El pase de facturas por la derrota no tardará en llegar. La interna contenida, igual que los precios pisados de la economía, promete ser turbulenta. Si algo caracteriza al peronismo es que frente a los perdedores no tiene piedad.

Laura Di Marco

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Sandra Pettovello. La soledad de una Ministra parada sobre un nido de víboras

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12 de junio de 2024

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Laura Di Marco

PARA LA NACION

Ocurrió en 1993, durante un frío anochecer de agosto, durante la primera presidencia de Carlos Menem. El menemismo ya estaba atravesado por el lodazal de la corrupción, cuando Gustavo Beliz, entonces su ministro del Interior, decidió renunciar. Al final del día convocó a una sorpresiva conferencia de prensa y, para argumentar el portazo, dejó una frase que haría historia: “Estoy parado sobre un nido de víboras”. Treinta y un años más tarde, en una Argentina completamente diferente, a la ministra Sandra Pettovello aquella frase le calzaría justo.

En su caso las “víboras” no serían solo internas –estas son las más poderosas, sin duda–, sino también externas. Al margen de su idoneidad para la gestión –aún falta conocer muchos datos sobre el escándalo de los alimentos, que tocó el corazón del Gobierno–, es claro que Pettovello tocó intereses poderosos con sus denuncias. Peces gordos de la política, como los hermanos De la Torre, Pablo y Joaquín, que se mantienen extrañamente callados ante las graves denuncias por la opacidad en las contrataciones de personal externo para Capital Humano, a través de la OEI.

De la Torre era la mano derecha de Pettovello, ¿algún superior lo obligó a contratar personal externo a través de este organismo internacional, tal como él mismo desliza entre los íntimos? Es la pregunta del millón. Los hermanos De la Torre manejan resortes claves en el populoso conurbano.

La lista de enemigos externos de la ministra es infinita. Proveedores de alimentos que se hicieron millonarios con manejos turbios, sectores de la jerarquía eclesiástica, piqueteros, organizaciones sociales, empresarios corridos de los negocios. Para la cultura corporativa de la vieja política, Pettovello cometió el peor de los pecados: rompió la omertà al denunciar a un funcionario de su propio riñón.

Nada es gratis. Esta semana trataron de ingresar a su casa para amedrentarla. No fue la única. También ingresaron al palier y le rompieron la cerradura a otra de las abogadas de su equipo, Natalia Rey. A la misteriosa Leila Gianni, mano derecha de Pettovello, la llamaron fingiendo el secuestro de uno de sus cinco hijos. El abogado Ariel Romano, segundo de Gianni, también fue amenazado. Todo junto en la última semana. House of Cards, un poroto.

Esta semana, Milei volvió a defender a su ministra en el foro económico ExpoEfi, en la Rural. “El Ministerio de Capital Humano esta torpedeado por un conjunto de delincuentes, que son los que están moviendo la agenda. Y es claro que, cuando vos corrés a los delincuentes, los delincuentes van a patalear. La pregunta es, entonces: ¿de qué lado están? ¿Del lado de la ministra Pettovello, que se está peleando con todos los chorros, o del lado de los chorros? A veces, la Argentina es un país muy raro”, chicaneó. Queda claro que Pettovello es una mujer molesta para diversos factores de poder.

A la ministra de Capital Humano le salió una defensora creíble y prestigiosa, que no forma parte del Gobierno. Otra mujer, Paula Olivetto, quien junto con Lilita Carrió, cosecha una larga y sólida trayectoria de denuncias contra la matriz mafiosa que contamina transversalmente a la Argentina política. Esta semana ofreció una entrevista radial, rica por sus múltiples sentidos.

“¿Cómo no sentir empatía con Pettovello? –expuso Olivetto–. Es una mujer que está peleando contra un sistema muy corrupto. Eso, independiente de su gestión. Es decir, independientemente de si ella tiene o no la formación necesaria para el cargo que ocupa. Todo aparenta que es mujer muy honesta, muy valiente y que está peleando con los que se hicieron muy ricos en la Argentina jorobando a los pobres. La podredumbre es transversal y no es solo de la política, sino también de la Justicia y de los servicios de inteligencia”.

Sigue la diputada por la Coalición Cívica, una fuerza que, por lo demás, tiene fuertes diferencias con el mundo libertario: “Empatizo con ella porque parte de lo que le están haciendo también me lo hicieron a mí: hostigarte por televisión, amenazarte, inventar cosas, convertirte en un demonio y sentirte muy sola”.

Olivetto vaticinó que Pettovello debe estar “infiltrada por todos lados”. Advirtió que le preocupa la seguridad de los que denuncian. “No puede ser que amenacen a una ministra de la Nación y que todo el mundo esté indiferente”.

La Argentina política tiene una fuerte tradición, en la historia reciente, de dirigentes políticas que denuncian a las mafias, empezando por la propia Carrió. En ese contexto le preguntaron a Olivetto por la cultura machista de la sociedad argentina, incluso por parte de algunos medios de comunicación, que les hacen bullying a las mujeres denunciantes estigmatizándolas como “locas”, “emocionalmente inestables”, “gordas”, “desquiciadas”, “prostitutas”, “histéricas”. No solo les ocurrió a las políticas sino también a las esposas de los sospechosos de corrupción. Hay que preguntarle a Laura Muñoz, testigo clave en el caso Boudou. Su exmarido, Alejandro Vandenbroele, la quiso hacer pasar por “loca” desde el minuto cero, frente a sus denuncias.

Hay machismo y falta de valentía, dice Olivetto. “Si sos mujer y denunciás es más difícil porque tu familia te pregunta: ¿vale la pena? Yo también me pregunto si valió la pena, porque el sistema te gana siempre. Y ahí entran a jugar los servicios de inteligencia, que te hacen operaciones y te convierten en un monstruo”.

Los servicios de inteligencia siempre en el centro de la escena política. ¿Y quién los maneja hoy?

Cuando Nicolás Posse cayó en desgracia, luego de pelearse con Santiago Caputo, el control de la AFI recayó precisamente en el asesor estrella del Presidente. Un consultor que acumula cada vez más poder, con una particularidad: Milei lo ubicó por encima de todos los ministros, aunque sin firma ni responsabilidad.

Caputo ubicó como interventor de la AFI a Sergio Neiffert, un ignoto personaje, sin experiencia en el mundo del espionaje, que le responde directamente y que estaría ligado a él por lazos familiares. Sin embargo, en las líneas más técnicas de la inteligencia, sí están los que saben. En los últimos días se incorporó a la Secretaría de Estrategia Nacional a José Luis Vila, un exalfonsinista ligado al legendario Enrique “Coti” Nosiglia. ¿Hay negocios en el entorno presidencial que Pettovello arruinó? Sería interesante averiguarlo.

Las tensiones entre Pettovello y Caputo van en aumento. Para colmo de males, ahora entró otro jugador en las internas palaciegas: Guillermo Francos. No son pocos los que auguran que también habrá chisporroteos entre el nuevo jefe de Gabinete y el “Peaky Blinders” mileísta, como lo llaman a Caputo. Dos funcionarios relevantes del Gobierno aseguran que Caputo, quien jamás soñó con manejar tanto poder en tan poco tiempo, quiso imponerle funcionarios propios a Pettovello, pero ella los rechazó.

El asesor estrella de Milei no da entrevistas públicas, pero en Casa Rosada trabó vínculo con algunos periodistas acreditados. No los elige al azar. Sus interlocutores predilectos son aquellos que a él le parecen más vulnerables a sus operaciones políticas. No significa que lo sean: es como él los percibe. Los periodistas militantes K, por ejemplo, son sus interlocutores preferidos. Por esos canales, dicen en la Rosada, diseña sus tejemanejes.

Es verdad que Pettovello pensó en dejar el Gobierno porque, como relata Olivetto, no es fácil aguantar semejante presión y la mafia te gana siempre. ¿Ganará también esta vez? Es verdad, también, que Milei salió a bancar infinidad de veces a su amiga, aunque Caputo parece estar por encima en el esquema mental presidencial. La hermana Karina es aliadísima del asesor estrella, aunque en este caso puntual también salió a ponderar a Pettovello. La moneda está en el aire.

Laura Di Marco

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Espinoza, claves de un blindaje escandaloso

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23 de mayo de 2024

PARA LA NACION

El peronismo tiene un enorme talento para blindar a personajes oscuros y, a la vez, señalar que la oscuridad habita en los otros. Es parte de su exitosa narrativa. Como afirma en Juicio al peronismo el exembajador Diego Guelar, que pasó por varias encarnaciones del PJ: “Me fui porque lo único que había quedado era la asociación ilícita”. El caso más paradigmático fue el de Carlos Menem, que tuvo que anclarse en una banca del Senado hasta los 90 años, ante la posibilidad de afrontar nuevamente una prisión domiciliaria.

Esta semana le tocó blindaje justicialista al jefe del peronismo matancero, Fernando Espinoza, acostumbrado, al parecer, a disponer de las personas como si fueran sus esclavos. Y también, cómo no, de los cuerpos de las mujeres, como ha sucedido a lo largo de las últimas cuatro décadas en varios feudos peronistas. Una de las formas que asumió el amago de blindaje fue una foto de esta semana del propio gobernador Axel Kicillof, tan sensible a los temas de género, junto con Espinoza inmediatamente después del procesamiento. Una de las características del populismo es que, más allá de las reglas, están los amigos. Ante todo, defender a los miembros de la propia tribu, aunque sus delitos sean aberrantes.

Aspirante a heredero de la corona peronista, en lucha con su hermano político Máximo –hijo biológico de la reina Cristina–, Kicillof parece mareado en la era Milei. Un día se abraza con Nacho Torres, que hace apenas unos meses era integrante de la derecha cipaya; al otro, con Maximiliano Pullaro y esta semana con un intendente procesado. Busca el apoyo de los intendentes del PJ. Las cosas que uno hace por necesidad. El procesamiento de Espinoza refleja el modus operandi de los señores feudales. No se trata de un caso aislado. Es parte de la cultura de sometimiento de esas formaciones predemocráticas que son los feudos, cuyo motor radica en las extorsiones y el clientelismo. La sexualidad y su control siempre están presentes donde se juega el poder, mucho más entre los autócratas.

El caso de María Soledad en Catamarca, el doble crimen de La Dársena en Santiago del Estero y el más reciente de Cecilia Strzyzowski tuvieron algunos componentes similares al caso por el cual fue procesado Espinoza, aunque en una escala aumentada. La matriz, sin embargo, es la misma. Se trata de mujeres humildes o de una posición inferior a los que controlan los resortes del poder en su territorio, devenidos hostigadores, abusadores o asesinos.

En los últimos tres casos se trató de femicidios con traducción política. En una palabra, aquellos delitos lograron tumbar a los clanes gobernantes del momento.

Con un peronismo en crisis y a la intemperie, ¿tendrá alguna traducción política el procesamiento del amo de La Matanza en la causa que lo investiga, desde hace tres años, por abuso sexual y, a la vez, por haber violado la restricción judicial de acercarse a quien sería su víctima, su exsecretaria privada?

El caso Espinoza atravesó este martes una sesión caliente de la Cámara de Diputados, en la que Silvia Lospennato condenó el feminismo fake de las sororas kirchneristas, aunque no lo llamó así.

Más políticamente correcto, lo consideró un silencio inadmisible y pidió que, al menos, la Legislatura bonaerense, le exigiera una licencia a Espinoza ante el escándalo. Sería lo normal en un país normal. Fue entonces cuando Cecilia Moreau, feminista ella, en lugar de asociarse al reclamo de Lospennato, sacó a relucir el caso de Manuel Mosca, exdirigente de Pro procesado por abuso sexual. Como en una tragicomedia en vivo, las redes comentaban la pelea en el barro entre ambas mujeres. Un famoso tuitero @Bobmacoy, cuyo nick es Doctor House, deducía: “Silvia Lospennato y Cecilia Moreau se están tirando degenerados por la cabeza”. Guerra de guerrillas en X.

La sexualidad y su control, siempre atravesados por la política. Esta semana también les tocó el turno a los libertarios. O, más bien, a las contradicciones libertarias. El secretario de Culto, Francisco Sánchez, otro oscuro personaje de la política, arremetió en Madrid contra derechos liberales consagrados –algunos, desde hace décadas– en las democracias más consolidadas del mundo desarrollado: las que el propio Milei suele poner como ejemplo.

Por increíble que parezca, el funcionario “libertario” propuso, palabras más, palabras menos, volver al oscurantismo de 1492. En un discurso opaco y anacrónico, arremetió contra el divorcio, la interrupción voluntaria del embarazo y el matrimonio gay. ¿Habrá alguna libertad mayor para un ser humano que las decisiones sobre la propia vida? En la Argentina, algunos que se autoperciben liberales son, en el fondo, rotundos conservadores. Más que Alberdi, Torquemada.

Laura Di Marco

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¿Es Milei un populista de derecha?

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La calificación se ha convertido en un insulto y el término populismo -de un signo o de otro- ha perdido su sentido en la Argentina

8 de mayo de 2024

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Laura Di Marco

De tan gelatinoso y vapuleado, el término populismo –de izquierda o de derecha– ha perdido su sentido en la Argentina. Ya no es un sistema político. No es un modo disfuncional de concebir la economía. Tampoco un sistema de creencias culturales. No se trata de un gran debate dentro de la ciencia política, como en verdad sucede. El término populismo se convirtió en un insulto.

Populismo es una palabra en disputa dentro de la academia, pero, además, en la Argentina se usa –igual que la categoría de “neoliberal”– como un arma arrojadiza dentro de la batalla cultural. Como decía, con elegancia, el gran Guillermo O’Donnell: corremos el riesgo de llamar populismo a todo lo que no nos gusta. Y si no le puedo poner populismo, le pongo “neopopulismo”. O neoliberalismo.

La mecha la encendió ahora el economista alemán Philipp Bagus, referente de la escuela austríaca, la incubadora intelectual de Javier Milei, cuando calificó al presidente argentino como un “populista de derecha”, pero no en el sentido que le dan los analistas locales, sino como un atributo positivo.

Un populista de derecha, afirma Bagus, es aquel que defiende los intereses de la población por sobre los de la casta. Y se encargó, además, de explicar muy bien que, al hablar de populismo, está haciendo referencia a un sistema que defiende los intereses de la población en contra del establishment. “Están los intereses de los argentinos de bien y los de la casta”, detalló el alemán, en apoyo al sendero económico elegido por Milei.

Y es ahí donde entramos en el berenjenal del debate. Una primera aproximación: las formas que asume el populismo en América Latina, como bien lo describe el italiano Loris Zanatta, son muy diferentes del modo en que el mismo sistema se despliega en Europa. Como sucede con las comidas, la cultura de un país le adosa condimentos autóctonos, que le otorgan características específicas. Lo que está haciendo Milei en términos económicos sobre la Argentina corporativa modelada por casi 80 años de peronismo no se parece a Trump, ni a Bolsonaro, ni a Giorgia Meloni. Mucho menos a Marine Le Pen.

Cristóbal Rovira es un reconocido politólogo chileno que, en sus trabajos, se pregunta: ¿el populismo es una amenaza o un correctivo para la democracia? El chileno afirma que esa respuesta depende del contexto político. Como se ve, las clasificaciones no son ni tan automáticas ni tan sencillas. Las categorías políticas no pueden diagnosticarse como sucede con el DSM de la psiquiatría porque, como propone Rovira, el contexto y la historia de un país lo condicionan todo.

Chile, por caso, es un país donde jamás prendió el populismo. Lo mismo podríamos decir de Uruguay. Así, quienes en su momento trazaban un paralelismo entre Michelle Bachelet y Cristina Kirchner le erraban feo. Allí donde del otro lado de la Cordillera había una lideresa de centroizquierda –una socialdemócrata– aquí había una reina populista. Dos mundos completamente diferentes.

Rovira explica que democracia es liberalismo y representación: el liberalismo defiende los derechos de las minorías y la representación defiende el poder de la mayoría. Cuando la democracia se oligarquiza, es decir que se pone mucho liberalismo y poca representación, entonces el populismo la democratiza nuevamente. La oligarquización de la democracia es lo que denunciaron Podemos en España y Milei en la Argentina: la casta. Ocurre cuando los políticos de los diferentes partidos impiden el ingreso de nuevos actores y la emergencia de políticas públicas alternativas. Para bien o para mal, Milei no solo introduce una nueva narrativa política, alternativa a la “casta”, sino que populariza conceptos económicos de la escuela austríaca, que no formaban parte del lenguaje de nuestros economistas de cabecera. A eso se refiere Bagus cuando habla positivamente de populismo, en el caso de Milei.

Incluso Zanatta, un pensador de sensibilidad liberal, afirma que “un poco de populismo está bien”. ¿Por qué? Lo explica: “Siempre hay una tensión entre la representación y el liberalismo. Demasiado pueblo es populismo, pero si la soberanía del pueblo no cuenta nada, se transforma en tecnocracia”. La narrativa de Milei apunta a devolverles el poder a “los argentinos de bien”.

Con el kirchnerismo, nosotros conocimos el lado más oscuro del populismo: un autoritarismo con poca representación y casi nulos controles institucionales. Como dice Andrés Malamud de un modo más simple: un poco de populismo rompe los privilegios; el problema es cuando se le va la mano y rompe la democracia.

Por lo que se deja ver en apenas cuatro meses de gobierno, Milei parece, más bien, un liberal en lo económico y un líder con rasgos populistas en el plano político y cultural. ¿De derecha o de izquierda? Tal vez en la Argentina, justamente por su contexto, derecha o izquierda no expliquen demasiado. En cambio, si hablamos de gobiernos peronistas o no peronistas, todos comprendemos bien de qué se trata.

Laura Di Marco

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